El cáncer del chavismo ulceró todas las estructuras e instituciones del Estado dejando a una economía quebrada y a más de 8 millones de venezolanos refugiados en distintos países del mundo.
En 1998, un año antes de que Hugo Chávez asumiera la presidencia (el 2 de febrero de 1999) la economía venezolana durante el mandato de Rafael Correa (1994-1999) registró las siguientes tasas de crecimiento: 1994 un PIB de
-2.3%; 1995, de 4%; 1996 de -0.2%; 1997 PIB de 6.4%; y, 1998, de 0.3 por ciento. Ya con Chávez en el gobierno, en 1999, el PIB cayó 6% y a partir de entonces la economía venezolana entró en una espiral rocambolesca: de subidas pero de profundas caídas, como sucedió en 2018 con un desplome de 19.7% y en plena pandemia llegó a un estrepitoso declive de 30 por ciento.
La histórica joya de la corona venezolana, el petróleo, pasó de ser una boyante industria con producciones de hasta 3.5 millones de barriles diarios a llegar a niveles mínimos. La columna vertebral del chavismo basada en la corrupción y el socialismo comunitario terminaría destruyendo el tejido económico nacionalizando, expropiando o liquidando más de 7 mil empresas.
En 1995, Venezuela figuraba entre los principales países productores de petróleo del mundo y PDVSA era su bandera insigne con más de 44 mil trabajadores. Pero con Chávez comenzó una etapa de politización de la empresa y la más larga historia de corrupción alrededor del petróleo.
Daniela Mendoza, una extrabajadora venezolana de PDVSA, residente en Málaga, me dijo que Trump va a encontrarse una industria petrolera que no es otra cosa más que una cafetera vieja: “Van a tener que meterle mucho dinero. El régimen todo lo desmanteló… Se han robado muchas cosas con total impunidad”.
Esta asesora energética, nacida en la región de Sucre, fue una de las primeras desempleadas de PDVSA con Chávez en 2002 un año que marcaría la historia de la petrolera porque los desvíos de recursos para supuestos programas sociales fueron el inicio de la quiebra de esta gran petrolera.
“Había mucha tensión social. En 2002, sucedió un golpe de Estado que apartó momentáneamente a Chávez del poder, pero los mismos militares lo retornaron al poder y nosotros, los empleados de PDVSA nos declaramos en huelga y estuvimos haciendo mucha presión para que Chávez ya no volviera… Pero volvió”.
Lo que sucedió, prosigue Mendoza en su relato, fue que Chávez volvió a la presidencia con más poder y completamente avalado por los militares: “Entonces nos dejó en la calle, todos los días, en los periódicos salían listas y listas con nombres de cientos de empleados de PDVSA despedidos. Hasta que vi mi nombre: nos echaron sin liquidación; sin caja de ahorros; y sin ninguna garantía, simplemente se lo robaron todo… Al final nos vimos en la calle, primero 18 mil empleados hasta llegar a los 23 mil”.
La destrucción de la petrolera fue inevitable: pasó de ser una empresa técnica y competitiva en la que funcionaba la meritocracia para convertirse en una mole de corrupción en la que Chávez colocó a gente afín y leal a él. “Además hizo muchos negocios en negro con otros países a Cuba llegó a darle 90 mil barriles de petróleos diarios gratis a cambio de contribuir a la represión de los venezolanos”.
Chávez que murió de cáncer, el 5 de marzo de 2013, tuvo la obsesión como presidente de derruir la iniciativa privada y dejar solo algunas empresas privadas pero sometidas a los designios del régimen. “Si no cooperabas prácticamente estabas condenado a la quiebra; y quienes cooperaban a veces no recibían los pagos correspondientes”.
A COLACIÓN
Además, no hay que olvidar que el régimen chavista creó dos listas en las que son colocadas todas las personas no afines, ni simpatizantes del chavismo, con la intención de dejarlas sin empleo: “Si votabas en contra ellos sabían quién lo había hecho y así te ponían en esas listas”.
En la Lista Tascón colocaron a millones de venezolanos que se unieron para pedir un referendo revocatorio de la presidencia de Chávez en 2003. Las personas que estaban en dichas listas no podían trabajar en ningún sitio además de sufrir todo tipo de acosos.
Después surgió otra lista más amplia: la Maisanta, propuesta también por otro legislador chavista: el diputado Ismael García. Las personas colocadas en la Maisanta, no accedían a los créditos bancarios; a muchos se les negaban las matrículas en las escuelas para sus hijos y llegaban a tener problemas para contar con los suministros más básicos además de negárseles el acceso al empleo.
Pero el cáncer de esta locura destructiva no terminó allí: también dinamitó la libertad económica. Chávez comenzó a nacionalizar centros comerciales y a controlar las tiendas de autoservicio y el régimen le decía a la gente, los productos que podía comprar de forma muy limitada.
En 1995, había más de 500 centros comerciales con muchas tiendas de alimentación. Solo algunas sobrevivieron a la expropiación del chavismo que inició una fase de cubanización de su economía. Así es que los venezolanos han sido víctimas del colapso del sistema económico, de perder sus libertades y de vivir bajo un régimen de persecución y miedo que instauró además un sistema criminal. Son casi tres décadas infernales.