En medio de nuevos tambores de guerra arancelaria entre Bruselas y Washington, en el marco del Foro Económico Mundial, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha logrado sostener un encuentro privado con Trump que al parecer ha sido del agrado del estadounidense: de momento, desistirá de imponer los aranceles anunciados (a partir del 1 de febrero) a Dinamarca, Francia, Alemania, Países Bajos, Suecia, Finlandia, Noruega y Reino Unido.
Del diálogo entablado entre, Trump y Rutte, surge la posibilidad de un acuerdo marco con la OTAN para una estrategia de seguridad y defensa no solo de Groenlandia, sino del Ártico. No habrá venta, ni tampoco invasión.
Lo que sí es un hecho es que el presidente norteamericano terminará imponiendo sus condiciones para Groenlandia: por ejemplo, la Alianza deberá pagar por un sistema de defensa de misiles que el Pentágono desarrollará, guiado por Israel, que proporcionará todas las claves para que los estadounidenses cuenten con su propia Cúpula Dorada en su país. Y, para Groenlandia, quieren otra Cúpula Dorada que sería sufragada por la OTAN.
Este proyecto, el Golden Dome, tiene muy entusiasmado al secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, tras observar su eficacia en Israel que desde 2007 cuenta con su propia Cúpula de Hierro y cuyo costo inicial fue de 100 millones de dólares.
De hecho, en su momento, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, llegó a pedir la ayuda de Israel para desarrollar un sistema antimisiles a fin de repeler con mayor eficacia los ataques rusos; sin embargo, recibió una respuesta negativa.
De este encuentro, entre Rutte y Trump, el periódico británico The Guardian, destacó que el mandatario norteamericano salió tan contento, casi triunfalista, porque logró arrebatar a los europeos derechos minerales para Estados Unidos en Groenlandia.
La cadena CNBC destacó como otra victoria que Rutte absorbiese el compromiso de que todos los aliados pagasen por la instalación de la Cúpula Dorada en Groenlandia que la Casa Blanca considera fundamental para su propia zona de influencia. Trump reiteró en entrevista para CNBC que el acuerdo hablado daría a Estados Unidos derechos para siempre.
A COLACIÓN
Sí, también Trump va a lograr que Dinamarca ceda porciones de su soberanía: de acuerdo con el periódico, The New York Times, Trump y Rutte dialogaron acerca de diversas concesiones soberanas a favor de la Unión Americana a fin de que pueda extender nuevas bases militares. La intención es renegociar el acuerdo entre Estados Unidos y Dinamarca que data de 1951.
La base Pituffik tiene 650 militares y es la única que opera el Pentágono en Groenlandia. Dentro de la nueva visión estratégica de la Casa Blanca es insuficiente para repeler una supuesta invasión o ataque por parte de China o Rusia. Así es que la propuesta es que puedan extender nuevas bases. Ya en la Guerra Fría, Washington llegó a tener 17 bases en Groenlandia y, Trump, quiere recuperar está presencia.
“El modelo planteado en Davos estaría inspirado en las dos bases militares de Reino Unido en la isla de Chipre, consideradas territorio soberano británico. Los gobiernos de Copenhague y Nuuk se han mostrado abiertos a que Washington refuerce su presencia militar, algo que sería fácil de lograr según la revisión de 2004 del acuerdo de defensa”, de acuerdo con el periódico norteamericano.
Otro de los puntos que demanda Trump está relacionado con las tierras raras, una de las obsesiones del inquilino de la Casa Blanca y de parte de su equipo: Groenlandia ocupa el octavo sitio con las mayores reservas de tierras raras; aproximadamente, 1.5 millones de toneladas. Al parecer el gobierno danés estaría dispuesto a permitir que Estados Unidos participe de manera libre en la exploración y extracción de estos minerales raros.
De acuerdo con un análisis de Geopolitical Futures es cierto que Groenlandia posee algunos recursos naturales, incluidas las tierras raras, que beneficiarían a quien las controle; pero fundamentalmente ocupa un lugar estratégico y militar que está cobrando una relevancia inusitada.
Durante la Guerra Fría, la OTAN tenía un plan de contingencia por el que, en caso de una invasión soviética, bloquearía el avance de Moscú hacia el oeste mientras mantenía abiertos puertos alemanes y franceses en el Atlántico.
La lógica estratégica era que Estados Unidos usaría estos puertos para reforzar y reabastecer las tropas que ya tenía en Europa. Los refuerzos y especialmente el apoyo logístico fueron la base para ganar un conflicto prolongado con la Unión Soviética, porque en Washington se creía que cuanto más se prolongara un conflicto así, más probable era que Moscú perdiera. En resumen, la estrategia de la OTAN para bloquear un ataque inicial soviético dependía de una base de refuerzos y reabastecimiento.
La única manera de evitar que rusos y chinos, en una hipotética guerra, lleguen a controlar el Mar de Groenlandia (la parte más septentrional del Atlántico Norte) y, por ende, bloquear a Islandia y a Dinamarca es haciendo de Groenlandia una fortaleza de misiles nucleares. Es lo que pretende Trump.