-Casi fue un año de espera.
Tampico, Tamaulipas.-“ Con alegría, estamos muy contentos”, expresó Ricardo Ramos Pérez, administrador de la Catedral de Tampico, luego de que este 6 de febrero se nombrara a monseñor Margarito Salazar Cárdenas, nuevo obispo de la Diócesis de Tampico.
“Estoy muy contento, estamos muy agradecidos con Dios de que ya tenemos obispo, muy contentos, que Dios nos acompañe y podamos contribuir y colaborar con él de la manera más eficaz para que realice su ministerio conduciendo esta porción del pueblo de Dios en Tampico”.
Manifestó que estuvieron un año en espera, pero tenían de guía al administrador apostólico, Monseñor Tamez, que los estuvo acompañando y estuvo como guardián nombrado por el Papa, “Y realizó muy bien su tarea”.
Destacó la importancia de que un obispo este al frente de una diócesis porque es el pastor designado que debe conducir a su pueblo y enseñarlo y santificarlo.
Indicó que fue un periodo de espera que fortaleció la esperanza y la unidad entre los fieles y el nombramiento fue recibido como una noticia alentadora para la vida pastoral de la región.
Hizo hincapié en que la designación del nuevo obispo fortalece la vida diocesana y renueva el ánimo de la feligresía, que se mantiene atenta a los detalles que serán dados a conocer de manera oficial en los próximos días a través de la autoridad eclesiástica.
Además, señaló que este anuncio coincidió de manera significativa con el inicio de la campaña de restauración de la Catedral, lo que consideró un signo providencial que llena de alegría a la comunidad, al conjugar la renovación espiritual con el compromiso de conservar uno de los principales símbolos religiosos de la ciudad.
Hizo hincapié en que la designación del nuevo obispo fortalece la vida diocesana y renueva el ánimo de la feligresía, que se mantiene atenta a los detalles que serán dados a conocer de manera oficial en los próximos días a través de la autoridad eclesiástica.
Además, señaló que este anuncio coincidió de manera significativa con el inicio de la campaña de restauración de la Catedral, lo que consideró un signo providencial que llena de alegría a la comunidad, al conjugar la renovación espiritual con el compromiso de conservar uno de los principales símbolos religiosos de la ciudad.
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