Un mundo sin el candado nuclear

El Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, coloquialmente conocido, como New START, llegó a su fecha límite el pasado 5 de febrero. Se trata de un acuerdo cuya función esencial consiste en regular, supervisar y limitar las capacidades nucleares entre Estados Unidos y Rusia.  Y, léase bien: mantener el equilibrio nuclear entre ambas potencias.

No renovarlo significa quedarse sin base, ni limite, ni convenio, ni inspección mutua y, además, romperse el equilibrio también en ese renglón tan delicado en un momento especialmente álgido en la aldea global.

Prácticamente, a los equipos negociadores de Estados Unidos y Rusia, solo les queda volver a negociar un nuevo tratado para evitar una carrera armamentista nuclear o en medio de la jungla geoestratégica varios países aprovecharán el vacío para rearmar sus capacidades nucleares además de las consabidas potencias.

Aquí en Europa hay inquietud porque suceda una nueva carrera armamentística, sin regulación alguna, por ende, descontrolada; y, además, con Vladimir Putin, no disimulando sus ambiciones territoriales.

Y, si no hay un tratado acordado entre las partes, ¿qué o quién se encargará de disuadir y contener que ambas potencias eviten rearmarse hasta los dientes con más y más ojivas nucleares y desarrollen nuevo armamento atómico?

Para eso han servido los acuerdos implementados, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, en el renglón del armamento nuclear. Estados Unidos desarrolló la tecnología del arma nuclear en 1945, las primeras pruebas las llevó a cabo el 16 de julio de ese año en un desierto cercano a la localidad de Alamogordo en Nuevo México.

Los ataques nucleares, del 6 y 9 de agosto de 1945, contra las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, con las bombas bautizadas como Little Boy  (Hiroshima) y Fat Man (Nagasaki) abrieron una nueva era militar  con el nacimiento de la tecnología atómica. La entonces Unión Soviética se sumó a este hito, el 29 de agosto de 1949, tras realizar su primera prueba de un arma atómica en Semipalatinsk, Kazajistán.

A COLACIÓN

Desde entonces a la fecha, un total de nueve países poseen armas nucleares: por supuesto, Estados Unidos y Rusia, más Francia, China, Reino Unido, Pakistán, India, Israel y Corea del Norte.

De ese ingente arsenal de, miles y miles de bombas nucleares, el 87% estaría concentrado en Estados Unidos y Rusia. Y, para ello, se hicieron decenas de pruebas nucleares.

La ONU documenta que, en los años posteriores a las bombas de Hiroshima y Nagasaki, Estados Unidos llevó a cabo un total de 1 mil 032 pruebas entre 1945 y 1992; mientras que la Unión Soviética, llevó a cabo 715 entre 1949 y 1990; en Europa, fueron Reino Unido y Francia,    los que también realizaron pruebas: el primero, 45 y el segundo, 210. Mientras, en Asia, China llevó a cabo 45 ensayos nucleares e India uno solo.

Desde que se firmó, en septiembre de 1996, el Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares, sucedieron una decena más de pruebas con armamento nuclear; por ejemplo, India ejecutó dos ensayos; Pakistán otros dos; y, Corea del Norte, ha realizado seis ensayos: en 2006, 2009, 2013, 2016 y 2017.

La prueba de 2016 en Corea del Norte fue tan potente que provocó un sismo de 5.3 grados en la escala de Richter tal y como lo reportó Corea del Sur a la prensa internacional y cuya noticia difundió en España, el periódico El País. En su ensayo de 2017, el régimen de Kim Jong-un aseguró que fue probada una poderosa bomba de hidrógeno o termonuclear.

A la fecha, se estima que Corea del Norte, tiene 50 ojivas nucleares; por su parte, Rusia tiene 6 mil 400 ojivas nucleares; le sigue, Estados Unidos con 5 mil 100 a 5 mil 200 ojivas nucleares; y, China, posee 600 ojivas.

Cabe señalar que los arsenales nucleares fueron reduciéndose tras finalizar la Guerra Fría, con el desmantelamiento de la influencia soviética y el desmembramiento de la URSS y la independencia de varias provincias. Muy claves han sido los acuerdos y tratados negociados diplomáticamente entre Estados Unidos y Rusia para la reducción de su material nuclear; limitar su producción e incluso aceptar la supervisión mutua coordinada.  Ahora, ya no queda nada de eso, los candados no existen más… nada podría ser más inquietante.

 

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