Partidos políticos, entre la narrativa y la estrategia

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• Claudia copia la narrativa política de AMLO
• En la oposición no hay líderes ni liderazgos
• En Tamaulipas el PAN depende del cabecismo
• Sin alianzas el PRI tiene el riesgo de perder su registro

Con el movimiento político que Morena inició al cambiar el calendario electoral con el pronto nombramiento de 17 coordinadores estatales para la defensa de la 4T, que se realizará en junio de este año, prácticamente inició ya con su campaña electoral toda vez que dichos coordinadores serían los candidatos a las 17 gubernaturas que estarán en disputa el próximo año.
Bajo el argumento de que no se trata de actos anticipados de campaña, la presidenta Sheinbaum lanzó el mensaje a la oposición para que ‘destapen’ sus cartas fuertes y den a conocer sus debilidades.
Se trata de una estrategia que le funcionó muy bien al ex presidente López Obrador en el 2023 para las elecciones del 2024, cuando nombró coordinadores estatales para la defensa de la 4T, que después serían los candidatos a los gobiernos estatales.
Una farsa más de Morena y una copia más de la estrategia de AMLO adoptada por Claudia Sheinbaum, pero con disfraz de una democracia representativa, sí, pero para ellos, y curiosamente los nombres de Adán Augusto, Rafael Morín Mollinedo, Mario Delgado, Ricardo Monreal y tal vez Luisa María Alcalde y Andy López, ya suenan en el ámbito electoral de Morena como posibles coordinadores por circunscripción, violando las reglas que deben seguirse para estos procesos.
Es pura estrategia política al estilo de Morena, una estrategia que se centra en la consolidación de poder para una sola persona (la presidenta), la que domina el Congreso y la mayoría de los Estados, con una narrativa de equidad partidista, de democracia y de igualdad social para conectar aún más a sus seguidores, y presionar para que la oposición se abra a la sociedad en busca de candidaturas ciudadanas.
Pero la ciudadanización a los partidos de oposición llega tarde, llega sin líderes carismáticos y sin liderazgos fuertes, con una militancia debilitada y dividida por sus propias luchas internas, segmentados y con una mínima conexión con el electorado, lo que les resta fuerza al carecer de reglas claras para una competencia que se antoja será desigual para las elecciones de junio del 2027.
La estrategia política morenista basa su fuerza en acrecentar las debilidades de la oposición, aprovechar las necesidades más apremiantes de la población a través de los programas sociales, utilizar las redes sociales para su beneficio, denostar al periodismo independiente y crítico al gobierno y, sobre todo, fortalecer su narrativa política.
Dicha narrativa suele ser altamente persuasiva, con una facciosa reinterpretación de la realidad y con una peligrosa conexión emocional con la sociedad, al dividirla en buenos y malos, en demócratas y conservadores, en protagonistas de la historia y antagonistas al gobierno.
En el campo político, es decir, durante un proceso electoral, esta narrativa no solo divide a la sociedad, la polariza y la fracciona en dos bandos, confrontándolos como ocurre actualmente, legitimando todas las acciones del gobierno bajo una mística que convoca a la sociedad a la movilización, hacia la causa verdadera para llegar a la justicia y a la verdad…, su verdad y su justicia.
En Tamaulipas esta narrativa transita en un vaivén que desgasta el discurso político de la oposición, en particular del PAN y de sus actores, los que pregonan una narrativa cabecista ya fuera de tiempo y que trata de legitimarse mediante la confrontación con el actual gobierno morenista de Américo Villarreal, quien dice encabezar un proyecto humanista y de transformación, cuyo eje central es la atención a las causas sociales y el fortalecimiento de la seguridad.
El proyecto del PAN se basa en la confrontación y en un presunto proyecto de unidad, en medio de liderazgos fracturados y muy debilitados, en parte por un ex dirigente estatal, Luis ‘Cachorro ‘ Cantú que se aferra al cargo con tal de no perder los privilegios que el cabecismo aún le otorga.
Al PAN ya le cuesta trabajo mantener una narrativa fuerte porque aún depende de la nostalgia hacia un pasado que ya terminó pero que quiere mantener a través de una crítica ríspida hacia el gobierno de Américo Villarreal, quien pese a ello mantiene su proyecto de transformación social en la entidad, alejándose cada vez más del discurso de echar culpas al pasado.
No hay identidad política en el PAN debido a la ausencia de liderazgos y por una demanda añeja de recomponer el camino con nuevos líderes, los que no existen aún porque este partido carece también de un proyecto político definido.
Su trabajo ha sido casi siempre el de criticar a los gobiernos en turno ya fuera el PRI o ya sea Morena, con una crítica carente de visión para mejorar las condiciones sociales y políticas en Tamaulipas, ya que su error ha sido el participar en alianzas solo para el reparto de candidaturas y cargos municipales sin una agenda política fuerte y consistente.
Su reto consiste en alejarse del pasado y construir un proyecto propio y novedoso, capaz de movilizar a un electorado que siempre rechazó, al haberse acercado más a las élites del poder económico que a la sociedad votante, al pueblo pues.
Por su parte, al PRI le cuesta trabajo enrolarse en alguna de esas dos narrativas, y se mantiene a la expectativa de lo que pueda ocurrir al iniciar el proceso electoral en septiembre de este año, aunque al carecer también este partido de una narrativa política propia y eficaz que lo conecte con las causas sociales, su destino inmediato es esperar lo que hagan Morena y el PAN, para no perderse en el terreno de las percepciones y de las emociones que tanto le sirvieron en procesos electorales anteriores.
Pero al PRI se le acaba el tiempo. Para sobrevivir, no desaparecer del mapa político electoral y mantener su registro como partido de cara a las elecciones del 2027 y 2028, deberá regresar a las bases sociales que le dieron identidad, pero cómo hacerlo si está en quiebra económica y ausente de credibilidad por tantos yerros y ambiciones que lo mantienen en el fondo de las simpatías sociales…, al punto de la desaparición.
Este partido requiere de sangre nueva, de la reconstrucción de su estructura interna y territorial para recuperar el terreno perdido y a un electorado que dejó de confiar en sus dirigentes y en sus promesas, por tanto saqueo, tanta mentira y tanta ambición de poder.
Tal vez para los procesos venideros hacer alianzas equitativas y negociadas con el PAN y otros partidos, para sobrevivir, sea no una necesidad política sino una estrategia que le permita recuperar terreno, recuperar simpatizantes y recuperar la confianza que tiene perdida, porque para este partido sobrevivir políticamente es ya una imperiosa necesidad, al menos en Tamaulipas y sus 43 municipios.
¿Podrá lograrlo con solo 18 millones de pesos de presupuesto para este año? ¿Logrará aumentar ese lastimoso 4.7% de votación que obtuvo en las elecciones del 2024? ¿Podrá sobrevivir solo y sin las necesarias alianzas? Eso sólo en el PRI lo saben.
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Hasta mañana
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