Vamos a caer muertos como moscas

Aquí en Europa, no está siendo una temporada estival fácil: la ola de calor y los incendios forestales son la nueva realidad; hace unos días, un incendio forestal desatado cerca del pueblo de Bédar, en el sur de España, dejó a 12 personas calcinadas, 23 desaparecidas y más de un centenar de desalojados.

          El desastre sucedió en una zona además de cortijos y casitas que están diseminadas por varias partes del área forestal y en uno de los pueblos con mayor cantidad de población extranjera; sobre todo británica.

El gobierno regional de Andalucía informó que las víctimas, de las cuales se cree que cuatro eran británicas, murieron intentando escapar de las llamas cerca del pueblo de Bédar.

“No hay palabras para tal dolor y quiero ofrecer nuestras condolencias a las familias de los fallecidos. Esta es una noticia terrible y hoy los corazones del pueblo andaluz están de luto”, declaró Antonio Sanz, consejero de la Presidencia, Interior, Diálogo Social y Simplificación Administrativa de la Junta de Andalucía.

De acuerdo con el consejero, las personas que encontraron calcinadas en sus vehículos intentaron huir a pesar de los consejos que recomendaban confinarse.

          Las condolencias por el desastre las ha expresado el rey Felipe VI quien manifestó su dolor por las víctimas y también ha tenido palabras de aliento y agradecimiento para los bomberos que siguen trabajando en la zona para extinguir el incendio forestal.

          A su vez, la ministra de Defensa, Margarita Robles, confirmó que a la zona del incendio, se trasladaron efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) para coordinarse a fin de extinguir el incendio. Y, ha sido gracias a un cambio en las rachas del viento y la humedad que ayer domingo, fue posible controlar por completo la situación.

Sin embargo, los datos no son halagüeños para España que ya concentra el 40% de toda la superficie quemada de la Unión Europea, en el primer semestre del año y eso que el verano aún no termina.

Ya es una carrera contra el tiempo, lo de mitigar los efectos del cambio climático en la vida de los seres vivos se ha constituido en el principal desafío para la supervivencia futura, no solo de las plantas y de los animales, sino fundamentalmente para la prevalencia de la Civilización.

El intenso calor abrasivo del verano que cada vez es más largo, seco e incendiario, ha hecho saltar todas las alarmas: 2023 fue el año más cálido registrado en los últimos 174 años; pero el año pasado lo superó y éste, podría volver a marcar otro récord.

A COLACIÓN

En obvias circunstancias estos hechos solo exponen el fracaso del Acuerdo de París de 2015 que tiene como objetivo hacer todo lo posible para reducir las emisiones de dióxido de carbono a fin de mitigar el alza en la temperatura.

Y, es que los modelos indican que, si la tendencia actual continúa, el mundo podría enfrentarse a un incremento de la temperatura de entre 2.5  a  2.9 grados centígrados este siglo. El ajuste constante de emisiones de gases contaminantes y la presencia de El Niño, que se intensifica debido a la crisis climática, son factores clave en esta proyección.

Este 2026, será el año del súper niño, y ya lo estamos viviendo con estragos en nuestra salud; en los seres vivos en general y con incendios forestales más agresivos.

          Si ahora es difícil salir a la calle y la gente apura por hacer sus compras antes de las 11 de la mañana, porque el sol después se pone ardiente y perdura por lo menos hasta las 20 horas, no quiero siquiera imaginar cómo sería la vida con una temperatura que suba 2.5 grados. Vamos a caer muertos como moscas…