Aquí en Europa, la salida del verano se mira con bastante preocupación no solo en el renglón del crecimiento económico también por la situación de las reservas energéticas ante la llegada del invierno. Trump está enredado en un conflicto bélico con Irán y no sabe cómo salir de él; y encima está cada día más temeroso de ser víctima de un atentado: el régimen iraní ha jurado vengar la muerte de Alí Jamenei.
En las proyecciones del Fondo Monetario Internacional, el PIB mundial tenía una estimación de 3.3% para este año, sin considerar el escenario de la guerra en Irán. En el contexto actual, serán restadas décimas de crecimiento global en la medida que Estados Unidos prolongue la situación bélica con Irán. El impacto en la geoeconomía dependerá de la duración del shock de oferta en los hidrocarburos y del tiempo que se prolonguen los petroprecios por encima de los 100 dólares.
Una guerra larga corre el riesgo de dejar cicatrices más profundas: interrumpir los flujos de la energía; inquietar a los inversores; profundizar las caídas en las bolsas y elevar la inflación en la mayoría de las economías mientras el crecimiento se ralentiza y aparece el fantasma de la estanflación. La estrategia defensiva y ofensiva iraní, pasa por internacionalizar el conflicto bélico, lanzando misiles económicos al impedir que salga del estrecho de Ormuz el 20% del suministro de petróleo mundial diario. Solo pueden navegar los petroleros que van a China y a India.
Esos misiles son bombas económicas en los bolsillos de todos los productores y consumidores. También, Irán ha dado un paso para regionalizar la guerra atacando a los países del Golfo Pérsico con drones que causan estragos en su reputada actividad turística; y, dañando a la industria energética, para reducir la producción de petróleo.
Los analistas observan el desarrollo del conflicto con cautela. La misma que, en su momento, desató la invasión de las tropas rusas en Ucrania, el 24 de febrero de 2022: ese evento provocó que el precio del petróleo subiese hasta los 123 dólares.
En la guerra de Estados Unidos con Irán, los precios de los hidrocarburos se mantienen oscilantes: unas veces bajan hasta los 92 dólares; vuelven a subir cuando hay más tensión hasta los 119 dólares y luego reducen a los 102 o 103 dólares.
Estos picos de precios se traducen inmediatamente en consecuencias económicas más amplias con mayores costos de transporte; aumento de los gastos de fabricación; incremento en los precios de la electricidad y, en última instancia, una inflación más elevada. Los economistas del FMI advierten que, por cada aumento de 10% en el precio del petróleo, puede subir la inflación 0.4% y contraer el crecimiento en 0.2 por ciento.
Ya hay países vulnerables hacia el shock energético como Reino Unido: desde el gobierno del primer ministro, Andy Burnham, indican que, si la guerra contra Irán sigue prolongándose y con ello la obstrucción de los buques petroleros en el estrecho de Ormuz, la economía británica caerá en recesión con una inflación que, para finales de 2026, podría llegar a 6 por ciento. La destrucción de puestos de trabajo sería inminente.
Por lo pronto, lo que ya anuncian es el racionamiento de hidrocarburos. Misma situación en Alemania: durante todo el gobierno de la entonces canciller Ángela Merkel, el gran enemigo fue la producción de energía mediante las centrales nucleares que inclusive fueron cerradas casi en dominó. Se pasó a depender del gas y del petróleo ruso comprados a precios preferenciales.
Ahora, no tienen el petróleo ni el gas ruso y la dependencia es hacia Medio Oriente; por eso, es uno de los países, más perjudicados y lo será cada día, en la medida que Trump no ponga punto final a la guerra. Mientras, Italia vive la crisis del queroseno en sus aeropuertos… el daño provocado por la guerra de Trump contra Irán es ya mayúsculo.
A COLACIÓN
España como Italia están buscando rápidamente nuevos socios que les vendan gas y petróleo; y, es que hay que preparar las reservas de cara al duro y prolongado invierno europeo.
Ambos países han cerrado convenio con Argelia. Son varios los países que están beneficiándose de la crisis en Ormuz y el Golfo Pérsico y están atendiendo las solicitudes energéticas de los países europeos. Europa tiene una enorme vulnerabilidad energética.
Aquí en España, son varios los medios de comunicación los que destacan que el más reciente viaje del presidente del gobierno, Pedro Sánchez, a Argelia fue lo que desató la ira del rey de Marruecos Mohamed VI. Y, es que Marruecos y Argelia, son países que se detestan mutuamente y ambos compiten por su influencia estratégica no solo en el Sahel también en el resto de África. A Sánchez, preocuparse por el suministro de gas y petróleo de España le ha costado el enorme disgusto migratorio en Ceuta con esa avalancha histórica que Marruecos dejó pasar así sin más. Y, encima un roce diplomático con Italia.