El título de hoy se refiere a lo que se dice en el extranjero, a quienes desde otro país analizan, hablan y no en pocas ocasiones deben acordar sobre lo que interpretan, sucede en nuestro México ¿lindo? Y muy querido.
Me refiero al reportaje publicado recientemente de The New York Times, donde expone temas muy delicados sobre un miembro de la nueva familia real mexicana y su Partido en el poder.
Para ser más claros, del mundo de la delincuencia que no solo afecta los lazos y relaciones consanguíneas, sino al “…centro de un dilema político que podría impactar directamente en el legado del partido presidencial y en la credibilidad de la administración encabezada por la presidente Claudia Sheinbaum”. Escribe el periodista Óscar Eduardo Guzmán en la publicación: Quinto Poder.
Se entiende que la presidente Sheinbaum sale ‘trasquilada’ porque fuerte y quedito ha declarado por todos los rincones nacionales que ‘…no hay investigaciones judiciales… que no hay delitos que perseguir… del hijo del presidente López…’ Aunque dentro y fuera del contexto azteca, se ¿murmure? lo contrario.
Desde el discurso político la mandataria insiste su ¿inquebrantable? clara y contundente postura del actuar de las instituciones públicas de procuración de justicia.
“Que se cumpla la ley… que las instituciones de procuración de justicia hagan su trabajo… no permitamos la injerencia extranjera en decisiones que corresponden únicamente a los mexicanos… actuemos con integridad, honestidad y decencia”, son las declaraciones de Sheinbaum.
En contrario. Los hechos documentados por el NYT revelan que la figura del junior del Tartufo mexicano plantea preguntas incómodas dentro del Partido en el poder en México. Aunque oficialmente no aparecen cargos formales ni acusaciones ante tribunal alguno, ni dentro ni fuera.
A decir verdad, el hijo del expresidente mexicano arrastra una yunta de señalamientos periodísticos y judiciales (sin investigar) por presuntos actos de corrupción, gestión de contratos y reuniones con grupos empresariales de alto perfil, amén de los señalados como terroristas por los vecinos del norte.
Volvieron a encenderse los reflectores mediáticos tras la difusión de imágenes que mostraban al tristemente famoso Andy López cenando en un restaurante de super lujo en compañía de empresarios destacados y un excolaborador muy cercano a su padre, por lo que el periódico estadounidense señaló el encuentro como reactivación de preguntas sobre su afición por viajes, hoteles y establecimientos ostentosos.
Las críticas apuntan a que el hijo de López utilizó el peso político de su papá para encauzar contratos a su círculo íntimo, como el empresario Jorge Amílcar Olán, de quien por cierto ya se dijo estaba en investigación, pero que la misma Ernestina Godoy, fiscal General de la República, desmintió.
Las indagatorias periodísticas locales y extranjeras y archivos filtrados de colaboradores inconformes han expuesto presuntos lazos entre sus allegados y asignaciones gubernamentales, además de menciones indirectas en expedientes de la fiscalía General de la República sobre redes de contrabando de combustible.
Se suma la revocación de la Visa Americana de Andy López y la famosa Carta Pública que Tartufito le envió al presidente Donald Trump donde calificó la decisión estadounidense como ‘un sucio truco burdo y perverso’ para castigar a Morena por no someterse a los intereses de Washington, mientras agencias norteamericanas revisan información sobre el caso.
Sin duda son ¿negritos? en arroz presidencial que no se cuecen en el primer hervor y mucho menos si no existe el mínimo de voluntad política para que se frenen las conductas de la nueva realeza azteca.
Don Jesús Silva-Herzog Márquez, politólogo mexicano, advirtió que la promesa fundacional de regenerar moralmente al país se encuentra bajo un intenso escrutinio cuando los interrogantes alcanzan a personajes que han operado en el corazón mismo de la estructura partidista.