Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Becas . . . y algo más

Escuchar a gente como Marcelo Ebrard afirmar que están becando a cientos de miles de personas para estudiar nos hace reflexionar sobre los sistemas de educación y la forma en que las autoridades están haciendo su trabajo; en el caso de las educativas, propiciando planes de estudio que se cumplan, que haya metas altas y demás. En el caso de los gobiernos populistas, gritando a los cuatro vientos que están becando prácticamente a toda la población.
Tenemos que entender una cosa y no es un comentario que discrimine, sino es más realista que demagogo: no todos nacimos para estudiar. En una nación se requiere de médicos, investigadores, ingenieros, arquitectos, albañiles, barrenderos, plomeros, mozos, secretarias, oficinistas y de todo, es decir, ¿qué haríamos si todos nuestros jóvenes son maestros o doctores? ¿Dónde les ubicaríamos?
Y eso lo no entienden los políticos que pretenden ganar simpatías con un grito a los jóvenes que inician en sus experiencias electorales, o sea, que votan por primera vez, diciéndoles que les van a dar becas. ¿Sirven de algo estas becas?
Cuando hay merecimientos, son maravillosas, pero cuando se entregan a un grupo de holgazanes o vividores, no sirven para nada.
Podemos ver en muchas partes que hay “becarios” que no tienen un 8 siquiera por equivocación, o que, de plano, no saben cómo se visualiza un 9 o 10 en la boleta, porque nunca lo han obtenido.
Un candidato en la entidad está prometiendo becas y dice que cuando fue regidor dio becas a todo un CBTIS, y que cuando fue diputado también entregó cientos de becas. Nosotros preguntaríamos: ¿Sirvió de algo?
Hay jóvenes que tienen la intención de estudiar y el trabajo u otra razón les orilla y los hace dejar su plan inicial, para incorporarse al mercado laboral. Inclusive, algunos de ellos se descubren como excelentes comerciantes y, lejos de estudiar, se dedican a comerciar, haciendo capital que les permite vivir más que cómodamente.
La justificación de que el dinero no necesariamente está en la escuela, sino en la forma en que lo busca y encuentra el que salió de la escuela, o el que de plano, no fue a ella.
Existen triunfadores en todas partes, todos ambientes, todos los niveles socioculturales. No se necesita ser doctor para considerarse un triunfador. En el periodismo hay muchos colegas que, en forma empírica han desarrollado esta apasionada profesión durante décadas, con un gran éxito, y otros que han estudiado y no logran consolidarse. Igualmente, tenemos grandes valores del periodismo local egresados de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, que han hecho una buena carrera, y seguramente serán excelentes comunicadores.
De todo hay, como dice aquel refrán, en la Viña del Señor.
Las becas se han convertido en algunas partes en botín de unos cuantos, que reparten entre sus incondicionales. Ejemplos tenemos muchos, aunque desgraciadamente no siempre se puede descubrir el velo porque vivimos en una comunidad donde las represalias están a la orden del día, tanto hacia quien denuncia como hacia su familia, y eso no es sano. Claro, alguien dirá: “para qué te metes de periodista”. Tiene toda la razón.
Pero de que hay trafiques, los hay, y hoy algunos candidatos ofrecen la beca como un anticipo de la compra del voto.
Seguramente con una beca vamos a mejorar en todo. Hay cosas muy importantes que han dejado a un lado, y se refieren a vivir bien, vivir con salud y teniendo acceso a la educación pero desde jóvenes.
Porque luego resulta, y lo hemos comentado muchas veces, que llegan a las universidades sin haber desarrollado la capacidad de hacer una síntesis o un resumen, una investigación o simplemente una lectura, y piensan que la ortografía es cosa del pasado.
La responsabilidad y valores que nos enseñaban en la primaria y jardín de niños eran básicos para llegar a la secundaria con nuevos impulsos, y con responsabilidad, jugárnosla para sacar buenas calificaciones que se consolidaban en la preparatoria.
Huelga decir cómo llegábamos a la universidad: con disciplina para el estudio y las tareas, sin buscar tantos pretextos por no hacer la tarea, sin tener que matarnos una noche antes en aras de sacar “siquiera” un seis, como algunos lo suplican al maestro, con tal de que no los repruebe.
Los candidatos deben olvidar, de momento, prometer becas.
Lo que deben prometer es meter mano en el sistema educativo y lograr que cada estado maneje sus políticas correspondientes, porque desde el D.F., en un sucio y viejo escritorio, está bien difícil determinar qué le hace falta a los jóvenes tamaulipecos para ser aún más brillantes de lo que son.
No se necesita prometer una beca, se necesita hacer las cosas, como dijo aquel amigo: bien, y a la primera.
Comentarios: [email protected]

Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!