En un día como hoy, hace 59 años, el entonces presidente de la Republica, Miguel Alemán, instauro el 7 de junio como el Día de la Libertad de Expresión, la que sustentada en los artículos 6 y 7 de la Constitución Mexicana, debe garantizar el pleno ejercicio de la libertad de dialogo y de la comunicación, en un país inserto en una democracia representativa y simulativa.
Muchos eventos pasaron por el país desde entonces, en donde los preceptos de ese incipiente derecho, fueron mancillados y pisoteados por quienes decían que lo respetarían; las mismas autoridades.
Desde entonces, la libertad de expresión fue pisoteada cuando los ferrocarrileros salieron a las calles a demandar el respeto a sus derechos. Las mujeres, a quienes se les concedió el derecho a votar dos años después, fueron igualmente ninguneadas, y los derechos de los niños, simplemente nunca fueron respetados.
Los movimientos estudiantiles de 1968 y el de 1971, así como el de 1975 y el de 1995, marcaron la pauta para que ese derecho fuera en realidad, un baluarte de la democracia, aunque a la mexicana.
Por eso es que a 59 años de distancia, esa libertad tan pregonada por nuestros gobiernos, sigue siendo mera simulación, porque mientras por un lado se le exalta como un derecho inalienable de los mexicanos, por el otro se le coarta esa libertad a puño y garrote.
Y es que el derecho a la libertad de pensamiento y de expresión ya cobro este año cinco víctimas mortales entre periodistas que defendían ese derecho al desempeñar su trabajo; dos fueron asesinados en Guerrero, dos más en Durango, y uno en Veracruz, de un total de 105 violaciones documentadas entre organismos defensores de ese derecho.
Aunque no quisiera ofrecer en este espacio una definición muy académica de lo que debemos entender por Libertad de Expresión diré que se trata de un derecho que está inserto en las actas de diferentes organismos internacionales, y es el Estado, como máximo órgano político del país, el que debe garantizar que ese derecho sea respetado de manera plena entre los ciudadanos, además de garantizar la libertad de dialogo y de comunicación entre las personas.
Sin embargo, creo que actualmente la libertad de expresión se ha reducido a un mero concepto, porque pese a que se diga que es un derecho, sigue siendo pisoteado por quienes deben garantizar su autonomía.
Vivimos en un país en donde la simulación predomina por encima de la verdad, en donde la censura se impone a la libre expresión, donde el trabajo libre e independiente de un comunicador, es ninguneado a cada momento por un sistema político creado para respetar su propia libertad de expresión, no la de los demás.
La libertad de expresión es lo que nos mueve hacia caminos más innovadores y llenos de esperanza para lograr un México mejor, caminos que nos lleven hacia la plena libertad de pensamiento, y nos aleje cada vez mas de la atroz simulación oficial, que pretende hacerlos creer que en este país todo es color de rosa, cuando al levantar un poco el velo que oculta la realidad, vemos que nada o muy poco ha cambiado.
Cuando pretendimos hacer uso de este derecho, creímos que en realidad se nos iba a respetar si expresamos nuestras inconformidades o nuestras aspiraciones. Creímos en las personas, creímos en las instituciones, creímos en los políticos y en los funcionarios, creímos en los editores y en los dueños de los medios de comunicación, creímos en nuestros semejantes , creímos… creímos… creímos…, pero fuimos y seguimos siendo engañados por un sistema y un estado de cosas que se niega al cambio pero que quiere que la sociedad y quienes pregonan la libertad de expresión, cambien, pero a su modo y de acuerdo a sus intereses, con lo que esa libertad queda reducida a una mera expresión simbólica de nuestros pensamientos.
Y aunque es verdad que la censura como antes se practicaba de manera directa desde la Secretaría de Gobernación, ya no existe, hay otros métodos menos ortodoxos que nos coartan esa libertad y nos orillan a la autocensura, lo que es peor, ya que va de por medio una motivación personas e interna, que nos obliga a callar y a no expresarnos.
¿Qué será peor?, Que nos callen mediante la censura sorda y sistemática, o callarnos obligados por el sometimiento de una sutil sugerencia. Yo creo que ambos son igual de lastimosos e innecesarios en un país que dice ir rumbo a la democracia y la modernidad, pero cuando se equivoca el rumbo, la censura y la autocensura surgen brutales.
Sin embargo, debo reconocer que hoy, a diferencia de hace 59 años, tenemos más libertad y mayores espacios para expresar nuestras inconformidades, y aunque nuestras autoridades continúan sometiéndonos con inútiles restricciones, creo que hemos avanzado mucho en ese aspecto.
Y para no salir del tema, ayer ninguna autoridad se acordó de este día, que aunque no debe ser motivo de festejo sino de reflexión, debe ser cuando menos tocado en los discursos oficiales. Solo el candidato del PRD, Everardo Quiroz, se acordó de este día, el resto, ni siquiera mereció el comentario.
Hasta mañana