El 10 de junio se cumplieron 75 años de la fundación de Alcohólicos Anónimos y los grupos, los distritos y las conferencias estatales organizaron una serie de festejos con el propósito de recordar la hazaña de Robert Smith (el doctor Bob) y de William Wilson (Bill W) adictos a la bebida cuyo primer encuentro en junio de 1935 marca la fundación de esta agrupación que en México tiene miembros en todas las entidades. En esta capital se celebró una sesión pública de información que se transmitió en vivo por una estación de radio local desde los salones Alianza del 12 Matamoros donde miembros de AA y especialistas de la medicina, la religión y la psiquiatría expusieron sus puntos de vista.
“Alcohólicos Anónimos es una Comunidad de hombre y mujeres, que comparten su mutua experiencia, fortaleza y esperanza para resolver su problema común y ayudar a otros a recuperarse del alcoholismo. El único requisito para ser miembro de AA es el deseo de dejar la bebida. Para ser miembro de AA no se pagan honorarios ni cuotas; nos mantenemos con nuestras propias contribuciones. AA no está afiliada a ninguna secta, religión, partido político, organización o institución alguna; no desea intervenir en controversias; no respalda ni se opone a ninguna causa”.
Consultada la literatura de esa Comunidad, su secreto está en lo que llaman “El plan de 24 horas”. Se concentran en conservarse sobrios sólo durante las 24 horas de hoy y tratan sencillamente de conseguirlo día tras día. Si sienten el deseo vehemente de un trago, no lo consienten ni se resisten; sólo posponen para “mañana” tomarse ese trago en particular. En lo que al alcohol se refiere, los AA intentan conservar su mente honesta y realista; si se sienten tentados a beber, se preguntan si valdría la pena tomarse ese trago en especial que tienen en mente, afrontando todas las consecuencias que han experimentado durante el tiempo que bebieron.
Están conscientes de que tienen la completa libertad para emborracharse si quieren hacerlo, que la elección entre beber y no beber depende enteramente de ellos; pero lo principal es que, sin importar cuánto tiempo hayan estado sin beber, tratan de enfrentarse al hecho de que siempre serán alcohólicos, y que los alcohólicos, hasta donde se sabe, nunca pueden volver a beber de una manera social o normal. Los AA están dispuestos a aceptar la idea de que el alcoholismo es una enfermedad progresiva, incurable y mortal pero, al igual que muchas enfermedades, puede detenerse, siempre y cuando los alcohólicos se enfrenten con honestidad al problema e intenten hacer algo al respecto.
En un artículo firmado por Francisco Gómez Maza, se dice : Los AA entienden que, una vez que una persona ha cruzado la abarrera invisible, pasando de beber con exceso a hacerlo de una manera compulsiva, esa persona seguirá siendo siempre alcohólica y, hasta donde saben, nunca podrá volver a beber de una manera social, “normal”. Una vez que alguien es alcohólico, siempre será alcohólico; ésta es sencillamente una realidad en la que tienen que vivir. Aprendieron también que para los alcohólicos hay pocas alternativas: si continúan bebiendo su problema empeorará y parecerá indudable que estarán en el camino hacia vivir en las ciudades perdidas, ingresar en los hospitales, cárceles u otras instituciones, o hacia una muerte prematura.
La única alternativa para ellos es dejar completamente de beber; o sea, abstenerse inclusive de la más mínima cantidad de alcohol en cualquier forma. En su carrera de alcohólicos hubo ocasiones, nos cuentan, en las que estuvieron convencidos de que todo lo que tenían que hacer para controlar la bebida era detenerse después del segundo trago, del quinto o de cualquier otro; sólo gradualmente llegaron a darse cuenta de que no era el quinto, el décimo o el vigésimo trato lo que hacía que se emborracharan… ¡Era el primero! Ese primer trago era el que les hacía daño, el que ponía en marcha toda la serie de tragos que no podían interrumpir.
El pionero de AA fue Bill W., corredor de bolsa de Nueva York, para quien el alcohol era la cadena que lo mantenía atado al sufrimiento permanente, al borde de la locura y de la muerte. Después de muchos ingresos a hospitales, los doctores lo declararon desahuciado. No podía dejar de beber, pero él era lo que más quería. Y un buen día experimentó una especie de despertar espiritual, de esos fenómenos que el padre de la Sicología, Carlo Jung, llama “Variedades de la experiencia religiosa” (Y Jung no se refiere a las religiones ni a las grandes seudo religiones”.
Súbitamente, Bill dejó la bebida, y se lanzó a intentar ayudar a otros borrachos, con el vehemente deseo de ayudarse a sí mismo. Un día, en Akron, Ohio, tuvo necesidad de hablar con otro alcohólico. Se encontró con el doctor Bob Smith, quien reacio aceptó hablar con Bill 15 minutos. La conversación duró más de cuatro horas. Cuentan que nadie puede comprender a un alcohólico. Sólo otro alcohólico. Cuentan que lo que la medicina no ha logrado nunca lo logra el encuentro, la relación alcohólico – alcohólico, y el doctor Bob salió de aquella charla absolutamente convencido de que podía dejar de beber.
Trascurrieron unos días. Bill estaba hospedado en casa de Bob. Pero éste tenía que viajar a una convención medica. Y en el camino volvió a beber y no paró hasta que regresó a Akron. Y al día siguiente tenía que realizar una cirugía. Tembloroso, acalorado, inquieto, angustiado, el Doctor Bob no podía ni pensar en esa operación. Pero Bill ya lo había preparado todo: le dio a Bob una cerveza para calmar sus nervios. Fue el último trago de Bob, que dedicó su vida y su profesión al servicio de los enfermos alcohólicos. Era un 10 de junio de 1935. Fecha que los AA consideran como el inicio de su Comunidad.
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