Sin duda alguna, Tamaulipas ha experimentado una gran pérdida al dejar de existir físicamente el ingeniero Américo Villarreal Guerra, ex gobernador de nuestra entidad y podemos afirmar que ha sido el precursor del nuevo Tamaulipas del que hoy gozamos.
El ex gobernador Villarreal ha dejado de existir físicamente, sin embargo, miles hemos de recordarle y llevarle vivo en nuestros corazones, porque durante su prolífica existencia supo hacer lo que el ser humano está llamado a realizar con benevolencia: amigos.
El ingeniero tuvo una brillante carrera profesional y política. En el primer rubro, desatacó como experto en aspectos hidráulicos, pero en el político, supo ganar posiciones hasta llegar a ocupar el máximo honor que puede ostentar un hijo de la tierra del Bernal: ser gobernador constitucional de su tierra, su patria chica.
Con Américo inicia en la entidad una nueva etapa de consolidación política y además, deja atrás un poco de eso que caracterizaba a algunos mandatarios: dejó de llevó de llevar a cabo una ostentosa y gar a cabo una ostentosa y gran obran obra para inmortalizarse: enterró su huella y sin quererlo fue más significativa que otras.
En el sexenio de tan ejemplar victorense se construyó el acueducto de la Presa Vicente Guerrero a Victoria, conjurando el viejo y grave problema de la falta de agua en la capital de Tamaulipas.
Recordamos aquellos días en que había que levantarse en la madrugada a “pescar” un poco de agua, a llenar cubetas, ollas y lo que fuera para garantizar el tener un poco para tomar o para las más elementales tareas.
El acueducto significó la diferencia entre tener y no tener, entre vivir y sobrevivir. El ingeniero Américo tuvo la visión y el cariño suficiente para tu tierra, y de esta forma se logró atender el más importante de los problemas.
Hablar de quien nos falta es fácil: todos decimos solamente cosas buenas y recordamos sus virtudes. Américo supo ser gobernante y amigo de todos.
En una ocasión, en la escuela primaria “Lauro Aguirre” se llevó a cabo el homenaje al ex alumno, entonces gobernador de Tamaulipas. La ceremonia fue encabezada por él y su distinguida esposa Oralia, y ahí, un pequeño de primero de primaria dedicó unas palabras, una significativa pieza de oratoria que emocionó al “gober”.
Lo saludó, lo abrazó y algo le dijo que el pequeño nunca olvido esas palabras, a grado tal que en cada ocasión que se encontraban se saludaban como viejos amigos. También, el pequeño educando recibió una carta del gobernador donde agradecía sus palabras. El gesto nunca ha sido olvidado por el joven David, y el sentimiento hacia su amigo Américo nunca cambió.
Detalles de esta naturaleza vivió el hombre a diario: la gente lo quería, lo saludaba en cualquier parte porque él transitaba en cualquier parte, como uno más de nosotros, sin aparatos de seguridad o publicidad especiales.
Sin duda alguna, Américo fue siempre un hombre especial, singular, y durante su prolífica existencia cultivó miles de amigos que hoy nos encontramos tristes por la natural pero irreparable pérdida.
En el ámbito familiar, tuvimos cercanía con algunos de los miembros de su familia y la verdad, a juzgar por los resultados, entendemos que ha sido una familia con raíces especiales, únicas.
Hoy sus hijos lamentan la partida del hombre, el estadista, pero sobre todo, del padre de familia y amigo que seguramente vivió momentos inolvidables con cada uno de sus hijos.
El homenaje del gobierno de Eugenio Hernández Flores no es más que un acto de justicia a uno de los grandes tamaulipecos del siglo veinte, un hombre que sembró la base de lo que hoy vivimos y que conocemos como nuestro Tamaulipas.
Seguramente, los sentimientos encontrados están presentes aún en quienes tuvimos la maravillosa oportunidad de conocerle y entender que lejos del gobernador o ex gobernador encontramos a un ser humano, un hombre, un buen amigo.
A la distancia es difícil vivirlo; situaciones familiares nos ocupan a muchos kilómetros de distancia y lamentamos enormemente no poder acompañar a los miembros de la familia Villarreal Guerra. Hoy, nos hubiera gustado expresar nuestro pesar a cada uno de los que hemos conocido como seres humanos, sus hijos y nietos, sus nueras y yernos.
Julio se significará en la historia del Tamaulipas moderno por la pérdida de un gran hombre, sin embargo, reconocemos su importante aportación al desarrollo, a la política y a la experiencia de conocer que se puede ser político sobresaliente sin perder la gran calidad humana, la honestidad y los dones que el Creador deposita en un individuo llamado a dejar una imborrable huella, en los suyos y los que le rodean.
Descanse en paz, nuestro querido amigo Américo Villarreal Guerra.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!