Somos especiales los seres humanos: en general, y sin decir que todos somos así, damos largas a muchos asuntos de importancia alta, y uno de ellos es, sin duda alguna, el referente a la salud, al menos en nuestro país, donde muchos piensan que somos la nación del “ya merito”, del “ahorita lo hago” y demás.
La idea que se tiene es que somos “chambones”, que dejamos las cosas para una mejor ocasión, y desgraciadamente, algo hay de razón en ello.
Y dicho sea con honestidad: mucho hay de cierto y en todos siempre existe una malamente llamada “mexicanísima” parte que nos lleva a dejar para más tarde el corte de césped en el jardín, la pinta de una puerta, sacar la basura o lavar los trastes, y luego, cuando el fregadero está lleno, ya “nos anda” porque no queremos limpiar tanta basura, propiciada por el “luego” y el “ahorita” de todos los días.
Decía un hombre al que admiramos mucho –Alejandro Enríquez León- que, si ahora significa que las cosas deben hacerse en este momento, entonces, decir “ahorita” no tenía sentido, porque quería decir “antes que ahora”, y ese tiempo no existe en ningún verbo o acción, porque sería, en todo caso, del pasado.
Y para aspectos de salud, mire que solamente cuando nos estamos literalmente muriendo acudimos con los doctores, para ver que nos alivien pronto, rápido y sin insistir mucho en una larga lista de cuidados, cuando eso es lo fundamental en estos menesteres: hacer caso a las indicaciones, provocar una respuesta inmediata pero sobre todo, hacer las cosas a la voz de “ya”, o sea, en el momento, no después, y dejar a un lado la parte mexicana que nos lleva a dejar adelante a la flojera sobre otras cosas.
Y en ese sentido, la Secretaría de Salud en la entidad nos ha insistido enormemente sobre la necesidad de checarnos a tiempo para detectar en forma temprana, o evitar en muchos casos, la aparición de las dos grandes enfermedades del milenio: la diabetes mellitus y la hipertensión arterial. Las dos, mal cuidadas, nos llevan a la muerte. Así de claro.
Mucho dinero se ha destinado en ese sentido, instrumentando un programa bastante interesante e intensivo como lo es el denominado “Chécate, toma el control”, cuyos alcances no se han medido quizá en la proporción debida, ya que muchas veces se habla de “mil y tantas detecciones”, o de “cincuenta mil personas checadas”, cuando la verdadera dimensión está precisamente en que hemos dado a conocer la mayor y más importante de las informaciones en salud: el que la gente sepa si tiene o no diabetes, que entienda que hay que cuidarnos bastante para no tener un diagnóstico de este tipo, pero sobre todo, para hacer conciencia, que es lo más difícil al parecer.
El programa que ya tiene más de tres años ha permitido que muchos de nosotros sepamos a tiempo si hay diabetes en el organismo o no, y en caso afirmativo, se ha logrado que muchos de esos tamaulipecos entren en un control de la enfermedad, y por consecuencia, que se eviten esas complicaciones crónicas que nos llevan a padecimientos terribles, por lo general, asociados con la discapacidad y la forma en que mucha gente acaba con sus recursos, materiales, morales, sociales y familiares.
El programa de referencia ha tenido varias menciones a nivel nacional, y la verdad, le ha ido muy bien, porque se ha destinado mucho recurso humano y material para tal efecto. Pese a que hay gente que no está interesada en mejorar, el gobierno de Tamaulipas ha hecho un gran esfuerzo –muy grande- porque se ha ido una cantidad muy respetable de dinero para comprar insumos –tiras reactivas, lancetas y demás-, así como también se ha dispuesto de mucha gente para orientar a los ciudadanos, tanto diagnosticados como los que están a punto de ser diabéticos por la obesidad que se cargan.
Porque insistimos en que el alcance del programa es precisamente, por un lado, el que la gente tenga la orientación necesaria cuando hay un diagnóstico comprobado, pero los que aún no lo tienen, la idea es que nunca caigan en ello, pues.
Y este tipo de cosas son las que debemos no solamente aplaudir sino apoyar, porque cuando uno no participa o no hace caso, es cómplice de malos manejos de recursos públicos.
Porque mire que no aprovechar lo que el gobierno gasta en nuestra salud es poco lógico y muy natural, así que tenemos que combatir esa apatía y aprovechar al máximo el programa, que tiene un alcance mucho más grande, insistimos, que el que se le ha dado a nivel publicitario.
Es la forma en que los ciudadanos no vamos a tener problemas, es una acción para prevenir más que para curar, es la manera de bien gastar el dinero.
En ese sentido, el reconocimiento es para Juan Guillermo Manzur Arzola, secretario de salud, y también para el ejército de personas que checan, orientan, conducen a los lugares donde se lleva a cabo y demás, porque sin ellos, la decisión del gobierno de procurar una buena salud serviría para nada, y para nada.
Es un reconocimiento a quien trabaja por nosotros, pero que realmente lo hace bien, ahora hay que aprender a responder, aprovechando los recursos.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!