LA JORNADA violenta del pasado viernes, además de haber trastocado la tranquilidad y la actividad cotidiana, habrá de constituirse en un parte aguas en la vida de los ciudadanos que fueron testigos de ese escenario propio de países en guerra.
Los enfrentamientos entre civiles armados y elementos de la Marina Armada de México y del Ejército Mexicano, en diferentes puntos de la población, generaron el natural caos y temor entre los habitantes de los lugares en donde se suscitaron las refriegas a balazos de grueso calibre y con granadas.
El fraccionamiento Victoria, las colonias Mariano Matamoros y Buenavista, y el Centro Histórico de Matamoros fueron, entre otros, los escenarios que utilizaron los bandos en pugna durante el intercambio de fuego.
Como nunca antes, tras nueve horas de actividad bélica, la ciudad fue invadida por grupos de militares fuertemente armados y civiles con pertrechos similares, además del vuelo a baja altura de helicópteros artillados.
Sin embargo, quienes vivieron las horas de mayor terror y estuvieron en grave riesgo de ser alcanzados por las balas y otro tipo de artillería fueron, sin duda, los residentes de la calle Abasolo entre cuatro y cinco.
Es fecha de que los vestigios del intercambio de fuego aún permanecen como mudos testigos de lo que ahí ocurrió, en las fachadas de establecimientos comerciales y residencias particulares.
Un grupo de civiles armados se parapetó en ese lugar e hizo frente a más de un centenar de marinos y soldados, combate que se prolongó por casi tres horas.
La superioridad numérica de la milicia finalmente se impuso y el reducto fue tomado por asalto, y sometidos quienes enfrentaron a la Marina Armada de México y al Ejército Mexicano.
Quienes atendían compromisos sociales o comerciales en los alrededores del campo de batalla hubieron de resguardarse e interrumpir sus respectivas agendas.
El caos se hizo mayor cuando, supuesta o realmente, los militares bloquearon la señal de radiocomunicación entorpeciendo la comunicación a través de teléfonos celulares y radios nextel.
En muchos sectores de la población la señal de internet y televisión por cable también fue obstruida por lo que el temor, incertidumbre y zozobra invadieron a miles de matamorenses.
Los bloqueos de las principales avenidas y las entradas y salidas de la ciudad contribuyeron a generar un caos generalizado al suspenderse el servicio de transporte urbano.
El cierre de los puentes internacionales, la suspensión de clases y la paralización de la actividad comercial en el primer cuadro de la ciudad también fueron efectos colaterales en ese segmento de la guerra del presidente FELIPE CALDERON HINOJOSA en contra de los cárteles de las drogas.
Con todo y los resultados ya de sobra conocidos, fue evidente la capacidad de fuego y desplazamiento de los numerosos convoyes de civiles armados que hicieron frente a las fuerzas federales.
El hecho violento que colocó, de nueva cuenta, a Matamoros ante la opinión pública mundial a través de la red cibernética conlleva al análisis de la grave situación que padece el país.
Voces ciudadanas se preguntan si operativos y resultados como el del pasado viernes realmente contribuyen a desmembrar a un grupo organizado.
También, son más los que cada día critican al gobierno federal por la falta de una verdadera y efectiva estrategia que vaya al fondo del problema y no tan sólo escarceos de medición de fuerzas.
Lo mismo, por el exceso de maquillaje en la información oficial que provoca día a día la pérdida de credibilidad ciudadana al gobierno calderonista.
Resulta inverosímil y una falta de respeto a la inteligencia de los ciudadanos aztecas minimizar las bajas al término de los combates.
Es una verdadera estupidez tan sólo pensar que en un enfrentamiento armado que se prolongó en una jornada violenta de 9 horas, el saldo se circunscriba a 8 personas muertas entre militares y delincuentes.
Tampoco se trata de maximizar los hechos y darle un tinte amarillista, pero debe prevalecer ese derecho de los mexicanos que significa el acceso a la información.
De acuerdo a la versión oficial, tal parece que militares y civiles armados se disparan con balas de goma o bien descargan al aire sus potentes armas de fuego, y que las granadas, en vez de metralla, contienen confeti.
Como desde siempre lo hemos sostenido, la testosterona nunca será más efectiva que las neuronas a la hora de hacer frente a ese tipo de conductas antisociales.
Las 30 mil muertes que ha costado la guerra del presidente CALDERON en cuatro años de su sexenio, según datos oficiales, es una prueba irrefutable de lo antes mencionado.
Y hasta la próxima.
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