PALACIO/Mario A. Díaz Vargas *¿Percepción etílica?

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BIEN sea por una percepción equivocada o bien por un innecesaria política rastrera, lo cierto es que el todavía Secretario de Turismo Estatal, JAVIER VILLARREAL TERAN, insiste en defender lo indefendible.
Pretende, ilusamente, por cierto, dar una imagen de paz y tranquilidad en esta entidad federativa, lo que, obviamente, está muy lejos de tan siquiera parecerlo.
Pero eso no es todo.
VILLARREAL TERAN insiste en seguir ofendiendo la inteligencia de los tamaulipecos con sus declaraciones oficiales, matizadas, muy seguramente, por sus conocidas jornadas etílicas.
Además, sin el menor aprecio hacia la integridad ciudadana, insiste en convocar al turismo nacional y extranjero para que visite la norteña ciudad Mier, considerada como un “pueblo mágico”.
Pretendiendo tapar el sol con un dedo y en un acto exagerado de servilismo hacia el gobernador EUGENIO HERNANDEZ FLORES, no se cansa de pregonar a los cuatro vientos que la también conocida como la “Atenas de Tamaulipas” ofrece seguridad y tranquilidad a sus visitantes.
Resulta verdaderamente inconcebible que en su afán por congraciarse con quien le dio la oportunidad de permanecer en la ubre presupuestal en el presente sexenio, engañe a la sociedad y atente, de manera indirecta, en contra de la integridad física.
Para nadie es desconocida la real situación que vive actualmente la frontera norte tamaulipeca conocida también como “la zona ribereña”.
La disputa de ese territorio entre dos grupos delictivos rivales ha provocado que ciudad Mier esté convertida prácticamente en un “pueblo fantasma”.
Las refriegas de los bandos antagónicos y de éstos en contra de las fuerzas federales provocaron que los habitantes de esa comunidad se desplazaran a poblaciones que ofrecieran al menos un mayor margen de seguridad.
Luego entonces ¿cómo es posible que el encargado de impulsar los destinos tamaulipecos pretenda promover turísticamente esa ciudad fronteriza?
Una mala percepción, producto de las bebidas escocesas, o un humillante rastrerismo para con su jefe político bien pudieran ser las motivaciones de ese servidor público que pretende colarse al siguiente sexenio.
Cabe señalar que la violencia no se circunscribe a esa ínsula tamaulipeca, pues el mismo flagelo azota a ciudades como Camargo, Nueva ciudad Guerrero, Díaz Ordaz y Miguel Alemán.
Basta analizar al informe al respecto de la alcaldesa de Nueva ciudad Guerrero, OLGA JULIANA ELIZONDO GUERRA, quien reconoce que el 30 por ciento de los casi 5 mil habitantes decidieron abandonar sus hogares y fuentes de trabajo, ante la constante e imbatible ola de violencia.
O qué decir del brusco descenso de las exportaciones de ganado a los Estados Unidos, actividad que registra en 2,010 sólo una tercera parte del movimiento efectuado el año pasado.
Además, no es ningún secreto que la industria cinegética en la esquina noreste del país está siendo seriamente afectada por la violencia e impunidad con que operan los individuos fuera de la ley.
Para tener una idea más clara y real de lo que actualmente acontece en Tamaulipas en materia de inseguridad pública, vale la pena recordar que el máximo paseo turístico de la actual administración estatal, el Costa Lora, en Soto la Marina, al menos por el momento, está condenado al fracaso.
¿Quién en su sano juicio se atrevería a disfrutar de un período vacacional en ese destino turístico tamaulipeco infestado de narcotraficantes?
¿Y qué decir de la preocupación de mexicanos residentes en la Unión Americana y las recomendaciones de las autoridades estadounidenses para no transitar por las carreteras de Tamaulipas ante la ola de asaltos y robos en despoblado?
Esa es la triste realidad que se vive en la esquina noreste del país y que pretende minimizar el bombardeo mediático oficial.
Entonces, ¿cuál es la necesidad y necedad del secretario estatal de Turismo, JAVIER VILLARREAL TERAN, de insultar la inteligencia de los ciudadanos cuerudos y atentar contra la integridad física de eventuales turistas al “pueblo mágico”?
Es entendible que su responsabilidad es promover esa actividad en la entidad, pero tampoco es una obligación ejercer su función pública de manera rastrera hacia su jefe político.
Para infortunio del Jefe del Ejecutivo Estatal, su sexenio inició con violencia en Nuevo Laredo y está por fenecer con esa crítica situación en la mayor parte de la geografía tamaulipeca.
Sin embargo, sin que propiamente sea mal de muchos y consuelo de pocos, la violencia en el estado y en el resto del país no es responsabilidad de EUGENIO HERNANDEZ FLORES, sino la pésima estrategia para combatir a la delincuencia organizada del presidente de la república FELIPE CALDERON HINOJOSA.
Luego, ¿para qué tanto brinco estando el suelo tan parejo?
Y hasta la próxima.
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