Sin lugar a dudas, el alcalde Ramón Garza Barrios, está empeñado en tener un buen cierre de su administración, y qué mejor si lo hace con la promoción de la cultura y la equidad de género, por lo que veo bien el que se preocupe por ambos rubros que en México han sido tabú en muchas regiones del país.
Lograr la igualdad de género en cuanto a derechos y obligaciones entre hombres y mujeres, en un país que histórica y tradicionalmente ha sido dominado por hombres tanto en lo político, en lo económico, en lo cultural, en lo social y en lo familiar, no solo se trata de una ardua y difícil tarea, sino de un esfuerzo que merece ser tomado en cuenta.
Cambiar una mentalidad misógina que a través de siglos se ha mantenido vigente y casi inalterable en el país, es ya una necesidad de toda sociedad que trate de entrar a la modernidad, y veo con satisfacción que en esta ciudad se va a la vanguardia en ese tema en Tamaulipas, porque, debo reconocerlo, Ramón Garza impulsó a través del Instituto Municipal de la Mujer, esa posibilidad.
Ana Lidia Treviño Ley, mujer admirable y titular de ese instituto, supo equilibrar a través de su trabajo con mujeres víctimas de la violencia, el derecho con la obligación, y ahora corresponde a quienes empoderó el instituto, es decir, a los hombres y mujeres policías, de poner en práctica esa nueva mentalidad que deben tener al momento de llevar a cabo un arresto o de atender una queja.
Tarea difícil sin duda en una corporación machista y tradicionalmente abusiva del derecho y del poder, pero no imposible si se quiere ir a la par con el desarrollo, y lo más importante, ser impulsor de ese desarrollo.
Por eso es que contar con un instituto de la mujer, tener las herramientas para lograr la equidad de género, contar con la voluntad y la capacidad para lograrlo, es el primer paso de lo que posiblemente en algunos años pueda ser el surgimiento de una nueva sociedad, más justa, más equilibrada, más democrática y menos abusiva.
Pero antes habrán de trabajar nuestros gobiernos en terminar con el abuso corporativo, con la impunidad y con la corrupción que envenenan nuestro ambiente social, porque solo de esa manera nuestras instituciones podrán liberarse de las ataduras que les han impuesto los candados de un sistema político injusto y corrompido.
En lo que respecta a la cultura, me dio gusto haber estado en la inauguración de lo que será el Instituto Municipal de la Cultura, si por cultura entendemos el conjunto de aportaciones y manifestaciones hechas por la sociedad, y allí encaja también la cultura popular, aquel segmento de la gran cultura nacional que tradicionalmente ha sido negada por quienes se creen los hacedores de la cultura en general.
Con ello quiero decir que ese instituto de reciente creación debe estar abierto a toda manifestación cultural, más enfocada a la promoción de la creatividad popular, y hacer a un lado el elitismo que en ocasiones ha caracterizado a quienes dirigen las actividades culturales en la ciudad, porque de una u otra forma, todos, pobres y ricos, hombres y mujeres, con nuestras actitudes hacemos cultura, solo que ‘artísticamente’ no son reconocidas las manifestaciones populares porque no generan ‘plusvalía’.
Si bien es cierto que la cultura se ha expandido a todos los rincones de la ciudad, no es suficiente, porque la cultura no debe ni ser rescatada ni expandida, debe redescubrirse y surgir sola y libre en el mismo lugar en donde está.
El mismo valor cultural tiene un artesano de barrio que un connotado músico de orquesta, lo que los hace diferentes es la plusvalía que genera su aportación a la sociedad. ¿Cuántos admiran y visitan al artesano de ollas de barro centenarias? ¿Cuántos admiran y visitan al músico concertista?
El valor de uso y el valor de cambio que se le ha dado a la cultura en general, es lo que hace la diferencia entre cultura de élite y cultura popular. El valor de uso de la cultura popular o tradicional es ancestral y no genera plusvalía, al menos así se piensa, mientras que el valor de uso de un músico concertista, crea una plusvalía monetaria.
Es por ello que avalo la iniciativa de Ramón Garza en haber creado ese instituto de cultura, ahora la tarea será para quienes dirijan en la próxima administración municipal dicho organismo descentralizado, y sepan diferenciar entre lo que es elitista y lo que debe ser del pueblo.
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Mañana viene a la ciudad el gobernador Eugenio Hernández Flores, en la que será posiblemente la penúltima o última visita a esta ciudad. Vendrá a una visita rápida, para la inauguración aunque sin funcionar todavía, del puente de la avenida Eva Sámano.
También estará presente en la Calzada de los Héroes, en donde el alcalde Ramón Garza mandó colocar las estatuas de varios de los héroes de la independencia y la revolución, obras que tienen trascendencia histórica para la ciudad, aunque la sociedad aún no se reconozca en ese legado, debido a su enorme desinterés por hacer suyos algunos pasajes de la historia que aún desconocen quienes no han tenido la oportunidad de haber estudiado y enterarse del rico legado que nos dejaron muchos hombres y mujeres de hace muchos años.
Espero que además de ello, el gobernador nos traiga buenas noticias relacionadas con la ley de egresos que será manejada el año próximo, y como nos dejará la entidad, sobre todo en materia de inseguridad y de economía, porque no veo muchos avances en ese tema que si buen es prioridad del gobierno federal también es responsabilidad del gobierno estatal.
Hasta mañana
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