Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *El difícil arte de convivir

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Nada fácil resulta el hecho de convivir en paz con los demás. Pensar de una manera implica querer imponer este punto de vista, sin embargo, en una sociedad como la nuestra es prácticamente imposible tener siempre la razón. Aceptar la opinión de los demás y adaptarse tiene su chiste y no cualquiera lo logra de una buena manera.
Podemos citar como ejemplo el pertenecer a un grupo de diputados; el congreso local o el de la Unión son clara muestra de que se requiere de un consenso para convivir, pero no es honesto no participar cuando la opinión generalizada no concuerda con lo que nosotros pensamos.
Imagine el lector: hay tres posturas básicas: la del PAN, PRI y PRD, que filosóficamente son distintas; pensar diferente no es un error, y muestra que tenemos valores personales que aplicamos a nuestra forma de vida. La izquierda y la derecha son distintas, y a veces, en una votación, pueden darse resultados en favor de una u otra ideología. Lo que no se vale es no aceptar la voluntad de la mayoría.
Democracia es precisamente el dar el poder al pueblo, que las mayorías decidan, y nos lastima ver a algún representante popular abandonar una sesión porque se votó contra su forma de pensar.
Y eso lo vivimos todos los días en todos los ambientes.
En algún momento de nuestras vidas nos ha sucedido que tenemos que aguantar la decisión contra nuestra voluntad, pero si quisimos entrar al juego de la decisión mayoritaria, tenemos que entender que no siempre se impone nuestro punto de vista.
Respetar a los demás y su forma de ser y de pensar es una cualidad que no todo mundo tiene y que se debe aceptar por sobre todas las cosas.
Esa es la verdadera libertad de elección.
Y en el caso de Tamaulipas, encontramos con que hay gente que piensa que estamos concluyendo una administración muy positiva, contra algunas voces que consideran lo contrario.
De cualquiera de las dos formas de pensar existe una verdad que cada quien acomoda de acuerdo a su forma de pensar, preparación y lo que ha vivido y ha marcado su existencia para bien o para mal.
No podemos, aunque lo correcto es decir NO DEBEMOS imponer a fuerza nuestra voluntad, amenazando con retirarnos de donde estamos, por el solo hecho de que la gente no acepta nuestra propuesta.
Nadie les obliga, y el caso es aprender de los demás, aunque es menester entender que existen técnicas para persuadir a la gente, lo que muchos llaman “cabildeo”, y que no es más que una forma de tratar de que todos emitan su decisión final -voto- en el mismo sentido que nosotros.
Casi siempre funciona, porque a nadie le gusta quedar mal aunque lo haga muy seguido.
Estas son algunas de las formas básicas para aprender a convivir: entender que no siempre se acepta nuestra opinión, participar activamente y respetar lo que los demás han decidido que se haga, siempre y cuando haya sido una elección justa, honesta y sin manchas que entorpezcan la declaratoria de un diagnóstico positivo.
Desgraciadamente, encontramos en las cámaras representativas de la sociedad algunas personas que no tienen idea de lo que es participar en un proceso democrático, porque ellos emanan de un instituto donde no se presentan cosas claras y las elecciones son dudosas en cuanto a su proceder.
Quienes aspiramos a vivir bien, tranquilos y seguros de haber hecho lo correcto respetamos las decisiones mayoritarias. Recordamos cuando aquel candidato afirmaba tener un número determinado de votos, que eran muchos, pero no quería aceptar que más de ese número había elegido otra opción.
Vivir en democracia significa respetar la decisión y la opinión de otros.
Quien no lleva a cabo esta sana práctica se convierte en fanático y su cerrazón le puede llevar a no tener precisamente cosas positivas para su desarrollo.
Y en cuanto inicien los trabajos en el Congreso del Estado, ya con la nueva legislatura, hemos de ver si se respetan estas cosas, y los representantes de la llamada minoría legislativa aceptan las decisiones que tomen los más de quienes sí asisten a las sesiones.
Porque luego sucede que los que más protestan son los que más faltas tienen, y no van al día de la decisión, pero salen muy buenos para criticar.
Siempre hemos dicho que si no se participa no se tiene derecho a la crítica o descalificación, y para poder emitir un punto de vista que sea respetado por los demás es necesario respetar lo que otros piensan, dicen y opinan.
El voto de cualquiera, en el sentido que sea, es tan importante cuando viene de manos ajenas, desconocidas o propias. Es necesario respetar esa decisión, y defender el derecho a hacerlo.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!