Una de las formas en que se mide la efectividad de lo que las personas llevan a cabo es, sin duda alguna, la sonrisa de enfrente. Cuando alguien tiene la forma de sonreír por haber obtenido algo, es porque quien ha proporcionado un bien o servicio, un gesto o frase, tiene la satisfacción de haber hecho bien las cosas para beneficio de otros. Tal es el caso de una serie de personas que hacen cuanto pueden por lograr que las acciones oficiales tengan repercusión directa en quienes más lo necesitan.
¡Vaya! Una de las áreas que el gobierno de Eugenio Hernández Flores cubrió con excelencia sobrada es, sin duda alguna, la oficina de Compromisos, que luego se convirtió en la de “Relaciones Públicas y Compromisos del C. Gobernador”. Es probable que algunas personas piensen que no es congruente hablar en exceso de alguna persona, pero en este caso, somos de la idea de que hay que criticar y denunciar lo malo, pero también, aplaudir, elogiar y mencionar lo que bien se hace.
El equipo que conforma esta dependencia que llega prácticamente al final de una fructífera labor fue encabezado por una joven entusiasta servidora pública: Rocío Pérez Cantú tuvo el tino de encontrarse con un buen jefe, un excelente mandatario que supo depositar su confianza en quien demostró en cargos anteriores su eficiencia.
Hoy, el resultado no puede ser más que satisfactorio, no para Rocío, sino para el mismo gobernador tamaulipeco, y más aún, para los miles de personas que tuvimos necesidad de acudir a solicitar algún apoyo por encontrarnos en situación de requerirlo y en situación crítica de nuestra economía.
Los grandes logros en esta dependencia se podrían reducir a aspectos económicos, dado que los que llegamos a acudir fuimos por una consulta, un medicamento, estudios clínicos o una intervención quirúrgica. Por una beca académica o por una prótesis que requería alguien sin recursos para adquirirla.
Son literalmente, miles de casos los que se lograron atender. No tenemos el número, pero las muchas veces que llegamos a ese rincón del Palacio de Gobierno, siempre había mucha gente en espera de la solución a su problema. Siempre hubo una buena respuesta, y eso lo puede constatar cualquiera de esas personas que tuvieron la tarjeta, el recurso o el vale a tiempo para cubrir su necesidad más sentida.
Pero el gran mérito de Rocío Pérez Cantú ha sido, también, el tener la inteligencia necesaria para conformar un equipo muy “sui géneris”. En su mayoría, del sexo femenino, supieron imprimir esa parte sentida que la gente busca: el cariño, el “apapacho”, la frase amable de ánimo para sobrellevar los problemas y todas esas cosas que supieron entregarnos gente como Karla, Mirna, Lidia, Lupita y muchas más que, en seis años, tuvieron la delicada función de atender a esos tamaulipecos que llegamos con angustia, con ansiedad y con una necesidad gigantesca. Supieron encontrar una buena solución a nuestros problemas, y eso, simplemente, se tiene que agradecer.
Decíamos que en lo personal tenemos mucho que agradecer a quienes manejaron las áreas de servicio para la ciudadanía, y en especial a Rocío Pérez Cantú, una joven funcionaria con mentalidad de primer mundo, con capacidad ejecutiva probada a grado tal que Eugenio la mantuvo en el cargo no por ser mujer o amiga, sino por esa probada capacidad en beneficio de todos los que llegamos a sus oficinas.
Y mire que hay que ver las coincidencias de la vida: dice la Real Academia Española que Rocío significa “vapor que con la frialdad de la noche se condensa en la atmósfera en muy menudas gotas, las cuales aparecen luego sobre la superficie de la tierra o sobre las plantas”.
En este sentido figurado, entendemos que esa frialdad de la noche es la que vivimos los que tenemos graves problemas, y que nos encontramos con una atención y sensibilidad que se “condensó” y convirtió en muy menudas gotas, gotas llenas de optimismo y apoyo a los necesitados, apoyo a quienes no supieron a donde más ir para ver que su familiar se cure, ante la imposibilidad de pagar un tratamiento costosísimo, producto de la severa crisis que México padece hace ya mucho tiempo.
Esas gotas de optimismo convertidas en una medicina o una mochila de útiles escolares, convertidas en una intervención quirúrgica o una prótesis, en una despensa o un viaje en ambulancia para curarse; convertidas en un ataúd para llevar a cabo una cristiana sepultura o en un ramo de flores para premiar la constancia y el valor de los tamaulipecos. Esas gotas de rocío que caen en tierra fértil no tienen más que recoger el agradecimiento de miles de personas en el estado.
Suponemos que Rocío, a su corta edad debe sentirse muy orgullosa de haber sido el instrumento para servir a tanta gente, y que Eugenio ha de saber premiar y recomendar a quien con profesionalismo y entrega total ha desarrollado un trabajo que no cualquiera puede manejar.
Porque manejar la sensibilidad del ser humano no es nada fácil, y pocas personas tienen esa habilidad, esos dones.
¿Qué decir? Solamente dos palabras: Gracias, amiga.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!