Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Los valores humanos

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El columnista siempre ha sido de la idea que lo más importante que puede tener el ser humano son esos gestos llamados “valores”, que se presentan en cada uno de nosotros y que surgen de la espontaneidad producto de una formación familiar y personal.
Nadie que haya recibido buena educación dejará de mostrar los buenos modales, y sobre todo, aprender a ser agradecido: con Dios, la vida, los demás, pero sobre todo, consigo mismo, que es quizá lo más importante, dado que, si no se refleja en nuestras acciones, nada tiene el valor que debiera.
Y éstos, los valores, surgen con la gente cuando menos se espera. Un caso especial es el hecho de que cuando una persona considera que debe proporcionar su número telefónico a otros, es porque le interesa o hay algunas cosas en común. Quien omite contestar una llamada, definitivamente –es la postura personal- no tiene una buena forma de mostrar sus valores, aptitudes o, como decían los abuelos: carece de una buena y adecuada educación.
No cuesta nada contestar y decir: “estoy ocupado” o “no me llames más”, pero el hecho de marcar y que te mande el celular al buzón significa que la otra persona no tiene más interés en contestar, lo que habla de su poco tino, poco tacto o poca educación, pues.
Insistimos, es una apreciación personal. En una ocasión, David charlaba con el columnista cuando sonó el teléfono… una y otra vez, hasta que dijo: “¿no nos van a dejar platicar en paz?
La respuesta no satisfizo mucho que digamos: “si tienen mi número y marcan, es porque necesitan apoyo, ayuda, consejo o algo, y no puedo dejar de contestar”. Es la filosofía que ha marcado la trayectoria periodística, por muchos, desconocida, por más de tres décadas. Tan importante es una llamada de un familiar como de alguna persona que tiene algo que informar –una fuente- o de cualquier otra persona.
La pregunta obligada es ¿Por qué no contestan? Doña Marcia comentaba hace unos pocos meses que había sufrido un altercado con personas allegadas al candidato, en un evento donde deberían estar todos sus amigos y colaboradores, sin embargo, nunca falta uno de esos que sienten que Dios les ha tocado con la mano y surgen las actitudes prepotentes.
Tan sencilla y directa como es, doña Marcia le espetó: “imagínate, si son así ahora, ¿cómo serán cuando lleguen?
Un colega comentaba que marcaba a ciertas personas y no le contestaban la llamada, sin embargo, cuando surgía la necesidad de publicar algo que ellos pensaban que debería aparecer, inmediatamente se presentaban, contestaban y, bueno, en forma increíble, hasta amables dialogaban.
Pero insistimos: los valores no se aprenden en una campaña o con un nombramiento: esos se traen desde la casa, y miente quien piense que por haber sido designado para tal o cual cargo, quien ostente un nombramiento o algo parecido es más importante que antes.
Una persona sencilla es un gran tesoro, y además, es algo muy difícil de encontrar. No todos saben ser sencillos y menos responder a los que consideran amigos, o al menos, gente conocida.
Pero los valores no se aprenden de un día para otro, decíamos al principio. En los gabinetes de todo gobernante encontramos gente muy valiosa y otra no tanto, pero no se puede afirmar que todos serán buenos o malos sino hasta que entren en funciones.
Eso sucede cada seis años, y durante éstos, la gente demuestra lo que realmente es. Esos que tienen secretarios particulares, secretario del secretario, guardia y demás, son los que consideran que deben tener una oficina como búnker, blindarla y negarse la mayor parte de las veces y, obligado: hacer esperar a la gente, porque consideran que con eso son más importantes.
¡Qué flojera!
Y lo anterior porque hemos tenido a un mandatario que ha sabido acercarse a toda la gente en cualquier circunstancia. No olvidamos aquel día en que llegó el gobernador Eugenio Hernández Flores y saludó en la antesala de su oficina; con un gesto amistoso tomó al columnista del hombro y dijo: “pasa, a tus órdenes”. Esa sencillez no todos la aprendieron, y eso hace más grandes a los que la profesan… y más pequeños a aquellos que con el puesto se sintieron tocados por Zeus. Acabó el sueño. Pasaron los años obligados y ahora serán simples mortales de nuevo.
Esta lección deben aprenderla todos los que aspiran a servir en la administración estatal, las municipales y la federal. El valor del ser humano no estriba en su cargo, sino en su formación de valores, los de casa, los buenos, no los que da un papel firmado por el jefe.
Y hablando de esos valores, han surgido una serie de muestras de afecto y amistad en este martes, las que se deben agradecer: detalles de amigos, colegas, alumnos y ex alumnos, y uno que otro personaje local se agradecen con motivo de un aniversario más.
A todos, muchas gracias.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!