Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Buena Navidad

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Como suele suceder en estos días, los mejores sentimientos y pensamientos de la gente están con cada uno de nosotros: los amigos que encontramos en algún almacén, tienda o avenida, no deja de regalar el abrazo y las felicitaciones, los buenos deseos y todo eso típico de la Navidad. Es una época para compartir y lo sabemos todos, a grado tal que muchas veces sacrificamos hasta los aguinaldos para compartir con los demás lo poco o mucho que tenemos.
Lo que sí es cierto, es que, de cualquier credo religioso, la navidad tiene un significado muy especial y todos, absolutamente todos tenemos injerencia directa, por la fe, por las tradiciones… o por ambas.
Y pese a que este año los convivios se redujeron en forma significativa, quizá por la inseguridad o porque mucha gente ha entrado en crisis y ha preferido dar a sus colaboradores un regalo modesto en lugar de hacer grandes comilonas, hoy la navidad luce distinta para muchos de nosotros.
Fría, seca, como que algo le falta. Y es que el calor humano es fundamental, más, cuando vas por una de nuestras calles y ves a los vecinos platicar o caminar por la acera de enfrente. Hoy, desoladas, nuestras calles muestran aún más el frío invierno que entró el pasado día 21 y comienza a hacer mella en el organismo de algunos que, ya entrados en años, hemos de padecer los dolores en articulaciones u otra parte del cuerpo.
Pero es Navidad, y hay que dar gracias al Ser Supremo, cualquiera que sea nuestra idea de EL.
Y seguramente estaremos también con las últimas compras, los últimos movimientos y los últimos abrazos a los amigos, para ingresar a ese especial mundo familiar que debe rodear a la Navidad; no es como el año nuevo: hoy, como que se antoja estar con la familia, y en la cena del año viejo y año nuevo, entonces podríamos considerar otras opciones, pero esta noche será de la familia y de nuestra fe o devoción, de nuestros sueños e ilusiones.
Muchos nos quedamos en casa, otros, tuvimos oportunidad de salir a otros lugares, pero lo importante es que podamos disfrutar de estas fiestas tan especiales.
Y pretender regalar, como lo hace el famoso gordo de traje rojo, una serie de cosas a los nuestros: regalar esos dones que la vida otorga y nos proporciona para utilizarlos en bien de los demás, para convivir y para ayudar a cuanta persona nos rodea.
Los donde, como decía alguna ocasión un gran escritor, que son los de la amistad, el amor y el perdón, la humildad y la sencillez, el entusiasmo y la alegría, la salud y la risa, entre muchos otros.
Es la hora de elegir entre todos éstos al que más convenga a cada uno de los que están cerca de nuestros afectos y corazón, para que pueda hacer un responsable y eficiente uso del mismo, y pueda compartir entonces esas cosas que nos hacen diferentes cada día cuando les cultivamos, y que cuando les dejamos en el olvido, nos pasan un atento recordatorio para que no olvidemos la misión a la que fuimos llamados a participar cuando llegamos a este mundo.
Quizá uno de los más importantes regalos de esta índole sea el de la amistad, porque de este don –o sentimiento, o valor- parte prácticamente todo lo que podemos hacer en relación con los demás: un buen padre es, antes, un buen amigo, al igual que el hijo, que primero es amigo y luego lo que la vida le otorgó.
Una pareja siempre se empapa del amor que crece cuando la amistad está muy bien cultivada, al igual que los amigos o compañeros de oficina: cuando logramos compenetrar sus mundos y conocer un poco de su intimidad, de su ser más profundo, entonces los consideramos amigos, porque éstos difícilmente le fallan a los demás.
Los amigos son, quizá, el mejor regalo que la vida puede dar a una persona, y tenemos que valorarlos, aquilatarlos y cuidarlos como si fueran una pieza única que, finalmente, lo son, ya que nunca tendremos dos amigos iguales.
Y entre esos dos sentimientos fundamentales como son el amor y la amistad surgen muchos más: la confianza, la honestidad y todos los que comentamos antes y que conforman la etiqueta que hemos de seguir y llevar durante nuestra existencia.
Hoy, hay que desear lo mejor de lo mejor para cada uno de los que nos rodean, pero tratar de que este pensamiento sea durante 365 días cada año, para que entonces, las buenas cosas lleguen a todos los que las merecen, y para los que no las merecieron, que lleguen para que las conozcan, valoren y cultiven en el próximo período.
Nos da mucho gusto compartir la navidad con seres maravillosos, con amigos queridos y con esas personas que están siempre cerca.
Que el gordo de la ilusión llene sus hogares de felicidad, de alegría, y que el amor y las buenas cosas materiales nunca abandonen la casa.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!