Han sido prácticamente 72 horas de asueto. Un tiempo magnífico para fortalecer los vínculos familiares lejos de casa y a la vez, en casa. Los padres y hermanos que pocas veces en el año se pueden abrazar fueron el motivo de una ausencia de tres hermosísimos días.
En este corto tiempo se ha puesto de manifiesto que uno de los grandes tesoros que tiene el ser humano, sin duda alguna, es el poder convivir con los suyos, hacer de estos minutos, días y horas algo insustituible, algo que con nada se puede cambiar.
Y también ha sido una buena oportunidad para poner de manifiesto el avance que ha tenido la entidad por allá, por los rumbos de la zona conocida aún como Cuarto Distrito, donde la vialidad ha cambiado radicalmente y las obras se pueden ver en toda la geografía del territorio.
Pasear por las carreteras tamaulipecas es algo que también se disfruta, con los peligros que pudiera tener, pero que sin lugar a dudas, nos hace sentir muy bien, porque tenemos la oportunidad de conocer mucha gente, en el viaje, durante el trayecto y sobre todo, porque nos ha dado la maravillosa oportunidad de volver a tomar de la mano y abrazar a quienes nos han entregado lo mejor de sí para nuestra formación que, buena o mala, ha sido producto de amorosos momentos que a lo largo de los años forman el carácter de cada uno de nosotros.
Y en los albores del nuevo año vienen muchas cosas a la reflexión personal, principalmente, por lo que hemos dejado a un lado por diversas circunstancias, pero que luego hemos retomado con más entusiasmo, con más cariño, con el amor propio de quien sabe ser agradecido con la vida y con el Creador, cualquiera que sea la idea que tengamos de él.
La familia sigue siendo el motor más importante de nuestra existencia. La familia donde crecemos y la extensión que conforman nuestros herederos, los que seguramente tomarán algunas cosas de nosotros para formar su carácter y establecer un plan de vida propio, que les dejará, sin lugar a dudas, un sinnúmero de alegrías.
En los tiempos del último mes del año se carga en la mente la “morriña” de los lugares y personas que han dejado de estar ahí con nosotros. Vienen muchos nombres y recuerdos a la memoria, lugares y acontecimientos que marcaron el 2010 en nuestra historia personal.
Un año que ha sido difícil para prácticamente todos nosotros, y un año fundamental en el desarrollo del Tamaulipas que nos ha tocado vivir y defender para nuestros hijos.
El cambio de gobierno, la elección y todo el proceso dejan muchos pensamientos y expectativas para miles de personas: los que se van y los que vienen, unos, con la idea de buscar nuevos horizontes, y los más, con la esperanza de formar parte de una administración que tendrá oportunidades para muchas personas.
Los nombramientos que se vienen a partir de la semana próxima serán fundamentales en el desarrollo de nuestra existencia.
Han iniciado ya algunos, como el caso del área de comunicación social y, mención aparte, el nombramiento del nuevo director del Hospital Infantil de Tamaulipas, lo que ha significado un acto en el que el verdadero profesional y amigo Carlos Guillermo Morris Garza tendrá esa delicada y entusiasta responsabilidad.
En lo personal, nos congratulamos de este nombramiento, sabedores de que Morris Garza, independientemente de su calidad profesional es un ser humano con cualidades excepcionales que le hacen ser diferente a muchos, y admirado por nosotros sus amigos.
Participamos y compartimos con quienes están cerca del doctor Carlos Morris esta nueva encomienda, y deseamos que los éxitos profesionales se multipliquen, así como en cada uno de los tamaulipecos que serán considerados para formar parte de la administración que encabezará el ingeniero Egidio Torre Cantú, porque en la medida que este grupo de personajes tenga éxito, en esa misma medida se plasmará el avance y progreso de nuestra entidad, la que con tanto orgullo y amor profesamos y presumimos en cualquier parte del mundo.
Y los personajes que nos han dejado, cuya existencia física ha concluido, no dejarán nunca de formar parte de nuestra forma de ser y de pensar como entidad, como municipio y ciudad y, sobre todo, como una sociedad tan especial como la nuestra.
Aquí, queremos hacer el paréntesis para solidarizarnos con la familia Charur, ante la pérdida irreparable de uno de los hombres que significaron un parteaguas en el progreso de la entidad: don Elías.
Suponemos que todos haremos ese viaje sin retorno, pero es doloroso cuando se llega la hora; no estamos totalmente preparados.
Seguros estamos que Don Elías ha dejado una imborrable huella no solamente en sus hijos y familiares cercanos, sino en muchos de nosotros que tuvimos, aunque fuera una vez, la oportunidad de disfrutar de su amena charla.
Todos nuestros amigos que se han adelantado, descansen en paz.
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