Dice un dicho que no hay plazo que no se cumpla ni alcalde que no se vaya, y en esta ocasión, tal y como ocurre cada tres años, Ramón Garza Barrios se fue para dejarle el cargo a Benjamín Galván Gómez, quien a partir del primer minuto de este sábado será el presidente municipal de uno de los municipios más importantes no solo de Tamaulipas, sino de todo el país, por su enorme capacidad logística para el comercio internacional.
Melancólico y hasta triste se vio a Garza en sus últimos eventos, pero debo reconocer que hasta el final entregó obras de importancia para la ciudad, aunque también debo decir que esa era su obligación.
Poco a poco, conforme pasaba el tiempo para su despedida, sus colaboradores dejaron de seguirlo, se le iban desprendiendo también poco a poco, hasta casi abandonarlo en los últimos eventos, en donde al igual que los medios de comunicación, se abalanzaban hacia el nuevo alcalde, dejando a la deriva a quien deja la comuna.
Por la tarde de ayer ocurrió un hecho inusitado tal vez por su envergadura, y aunque no me consta, alguien cercano al ayuntamiento y sobre todo, al área de finanzas, comento que minutos antes del protocolo de entrega recepción, fijado a la una de la tarde, Garza se molestó con parte de su cabildo que le exigía como bono compensatorio trienal, la nada despreciable cantidad de un millón de pesos para cada uno de los 23 regidores y síndicos, es decir, 23 millones de pesos aparte del aguinaldo y de sus salario.
Escuchamos a través de la puerta de sus hasta ayer oficinas a un Ramón Garza golpeando la mesa de su escritorio y discutiendo con algunos de los regidores que dicen, le exigían tan desorbitante cantidad, tal vez porque le pareció exagerada la suma, pero lo extraño fue que no se los negó sino que negoció la cantidad hasta llegar, según me dijeron, a los 300 mil pesos por cada uno de ellos.
Creo que Garza tenía la facultad de negarles tal estupidez, por su calidad de alcalde y por ser la máxima autoridad, aunque pienso que esos sujetos que se dijeron regidores y que para nada representaron al pueblo sino a sus mezquinos intereses económicos, le sabían algunos ‘secretitos’ a Ramón, por lo que tuvo que aceptar en parte las condiciones de esa mafia conocida como cabildo.
La verdad, esos individuos no tienen vergüenza en haber hecho tal petición, y si se tratara de hacer una evaluación de su desempeño, ellos son los que deberían entregar parte de sus salarios al ayuntamiento, que no es el presidente ni sus funcionarios, sino al pueblo en forma de obras y beneficios.
Ese dinero que recibieron esos sujetos representa algo así como el trabajo de 40 obreros de salario mínimo durante 10 años.
¿Acaso no es una vergüenza tener como regidores a una gavilla de bandidos? ¿Cómo es posible que individuos que nunca se pararon por la presidencia municipal, tengan el descaro de haber solicitado un bono trienal por un supuesto buen desempeño?
Tal vez debería el congreso estatal por mandato del presidente de la República, someter a juicio a esos servidores públicos que más bien son inservibles, y juzgarlos penalmente por robo a la Nación, y también debería implementarse en la siguiente administración un ‘candado’ fiscal y otro penal, para evitar que los próximos regidores hereden las mañas y las artimañas de sus antecesores, y que al final del trienio quieran repetir lo que ya hicieron esos 23 granujas del cabildo que ayer terminó.
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También ayer el ya gobernador de Tamaulipas, Egidio Torre Cantú, dio a conoce los nombramientos más espectaculares que se tenga noticia en el área de seguridad pública, por haber nombrado a generales del ejército ya retirados, como los titulares de esas áreas en los principales municipios de la entidad.
Creo que con esto no solo se pretende militarizar la seguridad pública en Tamaulipas, sino de darle un claro mensaje al crimen organizado, de que ahora sí, la guerra va en serio y no con estrategias de simulación, como lo hizo Eugenio Hernández Flores durante sus seis años de gobierno.
De ser esto que digo cierto, veremos muchos cambios en la estructura preventiva en los 43 municipios de la entidad, debido a que ya casi es un hecho la creación de la policía única, aunque debo decir como ya lo escribí en otros comentarios, que no basta con cambiar de nombre una corporación ni de tener las mejores intenciones en la materia.
Es necesario reformular todo el concepto de seguridad pública, hacer una evaluación de lo que se hizo y lo que se está haciendo, reformular las tareas preventivas y crear en el policía la idea de que se trata de una profesión y no de una chamba más, de un área en donde habrá oportunidades para la superación y no la idea de que serán despedidos con cada cambio de director.
Sin embargo, también es necesario que se fije un perfil ideal del policía, es decir, que cada elemento que ingrese a la corporación, llene los requisitos que exige el Sistema Nacional de Seguridad Pública, y que es tener como grado mínimo de estudios la preparatoria, y darles oportunidad para estudiar una carrera profesional relacionada con la rama.
También es importante decir que las academias de policía, que son obsoletas y no sirven para la preparación de policías, deben estar bien equipadas y con personal capacitado para preparar buenos policías y forjar en ellos el ideal de servicio y no de servirse, amén de tener un buen salario que les permita a ellos y a sus familias vivir con dignidad.
A mi juicio esas son solo parte de lo que tiene que hacerse en el ramo de la prevención, para tener una policía de calidad y entonces ir camino al mando único y no ser lo que hasta ahora es en Tamaulipas; 42 formas diferentes de prevenir el delito, y 43 maneras diferentes de combatirlo con las corruptas policías ministeriales.
Bajo ese contexto, la policía única para mí no será posible mientras no se lleven a cabo cambios radicales en cada una de las 43 corporaciones, y mientras no se limpie desde adentro cada corporación, de los elementos que tienen nexos con el crimen organizado.
Hasta mañana
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