PALACIO/Mario A. Díaz Vargas *¿Desnudan a Eugenio?

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POR supuesto que resulta preocupante para Tamaulipas y los tamaulipecos el exagerado endeudamiento de las finanzas estatales en los últimos seis años.
Los datos filtrados, la semana pasada, por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público son más que elocuentes, lo que hace dudar acerca del manejo honesto de los recursos públicos durante el sexenio anterior.
También, obliga a regular, a través del Poder Legislativo, los millonarios empréstitos gubernamentales con instituciones crediticias so pretexto de inversión en obras de infraestructura urbana, por ejemplo.
Datos oficiales de aquella instancia del gobierno federal precisan que al término de la administración estatal de TOMAS YARRINGTON RUVALCABA, en 2,004, la deuda pública era del orden de 1,343 millones de pesos.
Seis años después, al concluir el mandato constitucional de EUGENIO HERNANDEZ FLORES, la cifra creció de manera desproporcionada ubicándose en 9,134 millones de pesos.
La estadística de la Secretaría de Hacienda puntualiza que durante el sexenio geñista el adeudo disminuyó a 782 millones en 2,006 pero se incrementó, en 2,007, a 1,344 millones de pesos.
En 2,008 la deuda pública estatal se elevó a 1,507 millones y se disparó a 6,637 millones de pesos al cierre de 2,009, penúltimo año de HERNANDEZ FLORES como virrey tamaulipeco.
El colapso financiero -que muchos intentan justificar- se produjo justo en el llamado “año de Hidalgo” en la esquina noreste de la República Mexicana.
El gobierno de la sonrisa bonachona y la corbata de color verde, argumentando la inversión en el “Programa Estatal de Infraestructura”, solicitó nuevos préstamos bancarios por lo que la deuda pública al cierre de ese período sexenal ascendió a 9,134 millones de pesos.
Como es evidente, el pasivo de las arcas tamaulipecas al término de las eras yarringtoniana y geñista es simple y sencillamente desproporcionado.
En el entendido que, desde su investidura como mandatario estatal, YARRINGTON RUVALCABA cobró fama por su voracidad para hincar el diente al presupuesto estatal, además de su política dictatorial.
Las cifras oficiales de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, por lo pronto, ubican a Tamaulipas como una entidad con millonario adeudo aunque, según el mismo informe, por debajo de otros estados, que registran un endeudamiento mayor.
Independientemente del estado financiero de las arcas estatales en otras ínsulas del país, lo cierto es que en Tamaulipas el adeudo creció exageradamente en los últimos seis años.
Justo ahí es donde surge el reclamo popular en el sentido de regular los desmedidos préstamos bancarios por parte del Ejecutivo Estatal.
De no ser así, sigue el riesgo latente de hipotecar la entidad cada vez más, al concluir los mandatos constitucionales.
Datos duros del gobierno federal y la escasa infraestructura urbana en materia de carreteras y hospitales, salvo el inoperante, al 100 por ciento, Parque Bicentenario en la capital cueruda permiten suponer un exagerado manoteo de quien recientemente entregara la banda gubernamental.
Ante el desmedido saqueo de las arcas estatales en los dos últimos sexenios es urgente y necesario que la LXI Legislatura Local tome cartas en el asunto con el objeto de regular la hipoteca tamaulipeca.
En caso contrario, dado el tradicional sometimiento del Legislativo al Poder Ejecutivo, podría vaticinarse un colapso financiero estatal en un par de períodos más de continuar esa tendencia.
Si la planeación en el reparto del pastel presupuestario no es prioridad en el flamante período constitucional que encabeza el ingeniero EGIDIO TORRE CANTU, podría vaticinarse, desde ahora, un endeudamiento mayor al término de su función pública.
Ahora que, si se trata de no hacer castillos en el aire, no sería aventurado adelantar que no habrá regulación legislativa de los millonarios empréstitos por lo que, en consecuencia, a los tamaulipecos no les queda más remedio que confiar en una honesta distribución de los recursos públicos por parte de quien ahora manda en Tamaulipas.
Por lo pronto, el desnudamiento del gobierno federal al ex gobernador EUGENIO HERNANDEZ FLORES podría generar un par de mensajes.
Uno, que el presidente FELIPE CALDERON HINOJOSA se sacó la espina, hablando en términos coloquiales, luego de la acusación del gobernante ojiverde al responsabilizarlo, en primera instancia, del asesinato del entonces candidato a la gubernatura, RODOLFO TORRE CANTU.
Y, dos, que el Jefe del Ejecutivo Federal inicia el fuego político exhibiendo como corruptos a ex gobernadores priístas que se aprestan a integrarse a la campaña presidencial del mandatario mexiquense ENRIQUE PEÑA NIETO.
El enriquecimiento explicable y descarado del matamorense TOMAS YARRINGTON y el victorense EUGENIO HERNANDEZ prácticamente los coloca fuera de cualquier posibilidad de participar en la política mexicana de grandes ligas.
Obviamente, los cumplidos de HUMBERTO MOREIRA forman parte del circo, maroma y teatro que se monta en cada relevo sexenal.
Y hasta la próxima.
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