Maremágnun/Mario Vargas Suárez *La cédula de identidad

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Antes de entrar a la nota central, hago eco de la nota publicada ayer por la periodista Lucía Calderón cuando le comento que el depósito quincenal que se daba a los empleados del Gobierno del Tamaulipas como compensación y a otros como salario, les fue suspendido, con las consecuentes “rabietas”, sobre todo quienes desconocen el trámite. No se desesperen, los pasados gobiernos enseñaron que es posible que en marzo se empiecen a hacer los depósitos, pero solo a los aprobados.
Ahora si. Mucho se ha acusado al mexicano de vivir en un mundo de credencialización y es muy cierto, tan es así que sabemos las consecuencias de no traerlas con nosotros.
No falta quién asegure que la misma vida es una burocracia.
Nos hemos obligado a tener credenciales de todo, porque así lo exige la vida no solo urbana, porque debemos tener credencial para votar, para comprar en cada tienda, en cada negocio, el centro de trabajo, la escuela, el cine, el club deportivo o como practicante de algún deporte, de la senectud –en su caso-, del transporte, del servicio médico, del club de fans, de descuento, de conducir un auto, de vacunas, del partido político, de donación de órganos, del círculo de lectores, de la biblioteca, del cineclub, etc., etc.
A medida de que el ser humano alcanza una mayor edad, entonces la obligación de traer mas credenciales aumenta y muchas veces entre mas sea el número de estas identificaciones individuales, pareciera mas complicado el trámite.
Cuando surgió la Credencial de Elector plastificada, creímos que este documento era exclusivamente para emitir el sufragio en las elecciones locales y federales. Cuan equivocado estuvimos, porque la empezaron a pedir para todo.
Hubo un año que las escuelas exigían la “credencial para votar” de los papás para poder inscribir a los hijos en el grado siguiente.
Uno de los mayores verdugos en la exigencia fueron los bancos que hasta para cambiar un cheque exigían y siguen exigiendo la CREDENCIAL PARA VOTAR, aunque no sea evento electoral.
Pese al sometimiento de que fuimos objeto, la semana pasada se publicó una información a la que pocos le dieron importancia y hubo hasta comunicadores que no solo minimizaron la nota, sino que de plano la ignoraron y se refiere a la Cédula de Identidad de los Menores de 18 años de edad.
Sin embargo es relevante porque también es cierto que en la reciente historia de los gobiernos priístas, se intentó implantar una cédula de identidad, misma que fue rechazada por los partidos de oposición al tricolor, pero la credencial de elector o para votar hizo esa función.
Ahora resulta novedoso que los menores de edad –por ahora voluntariamente- serán quienes tengan ese documento emitido por las autoridades federales y el programa piloto inicia en Tijuana, B. C., el 24 de enero próximo.
Esta primera etapa del proyecto comprenderá todo el estado de de Baja California, Colima, Chiapas, Guanajuato, Jalisco y Nuevo León, y claro que la intención es convertirla en obligatoria.
Para que sea confiable la Credencial de Identidad de los menores tendrá medidas de seguridad similares a las de la credencial del IFE, además de las 10 huellas dactilares, los datos del CURP y el registro del iris de los ojos del titular.
Para que la gente se “anime” se habló de beneficios aunque no se dijo alguno, pero lo que sí dijo Francisco Blake Mora, Secretario de Gobernación es que la iniciativa contará con todo el apoyo del gobierno federal.
Con honestidad espero equivocarme pero no le veo caso a esta iniciativa, es muy posible que con la cartilla de vacunación se tenga como identificación de los menores, ¿Para que gastar más?
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