Desde que se acomodo en la primera silla ha dado mucho de que hablar.
Casi despojada de la camiseta priísta le broto lo rebelde, lo irreverente y ahora le agrega un ingrediente más al pastel.
Su situación es desesperada, por eso decidió tomar cartas en el asunto para que las deudas, los problemas y la mala fama que le heredo su antecesor al ayuntamiento no la lesionen frente a sus gobernados y la opinión pública.
Como mujer de temple que es ella no está dispuesta a permitir que la presionen y ya lanzo una advertencia que deja un buen sabor de boca.
Y cómo no, si allá en Tampico se dice recio y quedito que fue amenazada por el diputado federal priísta, Javier Gil Ortiz, a quien califica de maquiavélico.
Antaño la relación entre ambos era pasable, cómoda, soportable, pero a raíz de que ella ocupo el lugar que le corresponde en la comuna tampiqueña se percibió una metamorfosis que raya en la tiña, en la desconfianza y en el agravio.
Y es que Javier ya no la soporta, por lo que ella pretendió ignorarlo, pero el agua ya se derramo del vaso.
El contacto que mantenían como cuates de lejecitos se convirtió en odio a raíz de que ella decidió demandar al ex alcalde de Tampico, Tamaulipas, Oscar Pérez Inguanzo, por desfalco ante las autoridades estatales, como consecuencia de los graves problemas económicos, laborales y políticos que hoy enfrente la comuna.
Dicen, personas cercanas a la alcaldesa panista de Tampico, Magdalena Peraza Guerra, que Javier la amenazo con congelarla desde la Cámara de Diputados Federal para que no le lleguen los recursos para la obra pública a la que tiene derecho el municipio de Tampico.
Y pone como condición que retire la demanda contra el ex alcalde priísta porteño para que la paz regrese y que se recobre esa relación efímera de la que antes ambos gozaban.
Pero eso le va a salir contraproducente al legislador, en razón de que Magdalena se envalento y ahora prepara otra demanda pero a nivel federal.
Y no es para menos, porque la munícipe panista no confía en el tratamiento que se le pueda dar a una demanda por parte de las autoridades tamaulipecas que son priístas.
Además, no está dispuesta a permitir que un legislador la intimide, la sacuda y que juegue con el legítimo derecho que tienen los habitantes de Tampico de gozar de una buena obra publica que puedan presumir.
Claro, está, que los lazos que unen a Javier y a Oscar son evidentes.
Está, claro, que ambos defienden un interés en común que produce sospecha.
La postura de la maestra se entiende y se valora, porque no es sencillo recibir la alcaldía con las arcas vacías, maltrecha y con abundante mala fama.
Sin recursos siquiera para pagar los sueldos a los trabajadores de la comuna.
Tan pobre al grado de que ya despidió a cientos de empleados que ahora claman justicia.
Por si fuera poco los problemas para la alcaldesa se multiplicaran, porque el aguerrido abogado y ex diputado local perredista, José Ortiz Rosales, ya tomo en sus manos el caso, al igual que lo hizo con el de los trabajadores despedidos de los ayuntamientos de Madero y Altamira, donde el panorama no es tan distinto.
Suman, entre los tres municipios, más de 2 mil empleados despedidos en lo que va de enero, no obstante de que algunos tenían hasta diez años de antigüedad.
Ortiz Rosales se va a convertir para los tres alcaldes de la zona conurbada tamaulipeca una piedrita en el zapato.
Y la maestra lo sabe, por eso irá con todo en contra de Oscar.
Quien resultó más ladino, ambicioso y falso.
Que un billete de quince pesos.
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