Se desploma el poder adquisitivo

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– Viviendo de milagro

– Carne, leche y fruta, artículos de lujo

Benny Cruz Zapata/EnLíneaDIRECTA

Victoria, Tamaulipas.- El kilo de limón cuesta 39 pesos –en oferta-
Juan Martínez de la Colonia Echeverría de esta capital, gana 100 pesos por día como ayudante de albañil…..
Un paquete de papel sanitario cuesta en oferta 82 pesos…
María Teresa Sánchez Torres, de la Colonia Moderna, gana 100 pesos diarios como trabajadora doméstica…
En teoría la canasta básica de la población está conformada por diez grupos de alimentos indispensables en la despensa familiar: Aceite y grasas; artículos de aseo y cuidado personal; artículos de limpieza y accesorios domésticos; azúcar, café y bebidas; carnes de pollo, cerdo y res; frutas y verduras; lácteos y huevo; pan, tortillas y cereales; pescados y mariscos y salchichonería.
Pero de esta totalidad de productos y artículos, el poder adquisitivo de los trabajadores ya no alcanza ni para frijoles:
“El kilo de frijol casi llega a los 30 pesos y si de carne hablamos, el kilo de la más comercial llega a los 100 pesos, para los asalariados, lo que ganamos entre 100 y 150 pesos muy apenas nos alcanza para comer sopa con tortilla, tenemos que andar en la caza de ofertas si queremos que nuestra familia se alimente más o menos”.
Quien tiene la palabra es Pablo Hernández Terán, quien trabaja como ayudante de albañil, quien con el aval de vivir con un sueldo promedio de 800 pesos a la semana, narra que la situación llega a ser desesperante:
“Solo Dios sabe cómo nos la pasamos, porque la familia no sabe que tenemos que andar pidiendo prestado cuando el clima no nos deja trabajar, mis dos hijos como quiera van a la escuela, necesitan alimentarse, en la casa hay que pagar los recibos de agua y de luz, cuando estos llegan de plano tanto mi mujer como yo tenemos que ir a vender lo que podemos al tianguis, de lo contrario no tenemos manera de salir adelante con estos gastos”.
Testimonios como el de Pablo Hernández están a la orden del día, hombres y mujeres por igual resienten más que nunca el disparo de precios, de ello da testimonio Teresa Verdines de la Colonia Emiliano Zapata, quien es entrevistada en el mercado local:
“Una como jefa de familia padece el doble, yo tengo que venir al mercado y a mi bodega, buscando lo más barato, completando con nopales y chochas la alimentación de mis hijos, es la forma que he encontrado de hacerme frente a tanto aumento de precios”.
Comparte que tiene que aplicar el ingenio para salir adelante:
“En el mercado los precios aunque caros, son mucho más bajos que en las tiendas de autoservicio, en donde si un kilo de papa te cuesta 20 pesos, aquí se encuentra a 15, aunque se tenga que lavar, igual el kilo de tomate, que aun cuando trae la tierra de la huerta y está muy maduro, sirve para lo mismo, uno tiene que andar haciendo milagros y aprendiendo que la carne, la lecha y las frutas son artículos de lujo que ya no podemos comprar muchas veces ni en la quincena”.
En su caso, dice que su presupuesto le alcanza cuando mucho para comer carne una vez a la semana:
“Pero si llegan los recibos de luz y agua, no se puede, porque ni modo de vivir a oscuras, así que pura sopa con frijoles, nopales, de fruta cuando mucho nos alcanza para plátanos ya que en el mercado se venden a dos kilos por 10 pesos, aunque están maduros todavía sirven para comer”.
Historia similar tiene Doña Florencia Ramírez de la Colonia Pepenadores, quien afirma que con los 700 pesos que le da su marido cada fin de semana tiene que andar haciendo milagros:
“ A decir verdad uno vive de milagro, solo porque Dios es grande y bien que mal nos sigue llegando una despensa del Gobierno y las becas para los niños, sino corríamos el riesgo de no dar ni dos comidas diarias, y eso que mi esposo es dependiente de una tienda, aunque gana mil pesos, solo me da 700 para la comida y para la escuela de los niños, ya que lo que le queda, el lo va juntando para cuando llega el recibo de la luz”.
Dice que la situación que padecen la ha orillado a buscar ingresos por su cuenta:
“No puedo tener un trabajo fijo, pues mis niños están chiquitos -5 y 7 años de edad-, antes mi marido además de la tienda, los fines de semana se iba con un cuñado a trabajar de albañil, pero como este mes no hubo trabajo, nos la estamos pasando bien difícil, por lo que me puse a trabajar por mi cuenta para ayudarle, así que vendo tortillas de harina con las vecinas y con lo que saco,. ya completo para la escuela de los niños”.
Haciendo malabares con la economía doméstica, Julia Martínez Cruz de la Colonia Benito Juárez, afirma que con tanto aumento en los precios, cada vez se reduce el contenido de su despensa:
“Ya ni pensar en comprar una caja de cereal, con los 68 pesos que cuestan las zucaritas, mejor compro dos hilos de frijol y unas bolsas de sopa, la situación esta tan mal, que hasta para comprar una pieza de pan se le piensa dos veces, pues una como mujer de casa es la responsable de hacer rendir el gasto, que la verdad ya no se puede, pues de un día a otro cambian los precios, según dicen que porque aumenta la gasolina, pero pienso que eso es pretexto, uno ve que desde las tiendas grandes hasta las tienditas de la esquina manejan los costos de los artículos a su conveniencia, así que hasta el aceite de cocina más corriente cuesta más de 20 pesos, ni que decir del de buena marca, su precio llega a ser de 40 pesos”.
Agregó que mientras los aumentos de precios en artículos y productos se vienen en avalancha, los sueldos de la población están para llorar:
“Lo que se gana de sueldos es lo mismo, mientras lo que se necesita para la sobrevivencia diaria aumenta cada día más, lo peor que no se ve que la situación vaya a mejorar, pues ni el gobierno mismo nos da esperanzas