No podemos seguir en nuestro país con la mentalidad de que los cargos de la administración pública, sea cual sea el nivel –municipal, estatal o federal- tienen que ser cuotas de poder. Es una vieja práctica que ha dañado a la nación en forma irreversible.
Recordemos que en los gabinetes, a través de la historia, se ha colocado a cada individuo con una nula capacidad en el área, que han terminado por echar por la borda lo que se logró construir en años o décadas; otros llegan por compadrazgo y no tienen idea de qué hacer, por lo que optan por lo más fácil: gastar dinero en imagen, en sus cosas personales… pero nada en obras o en la cobertura de necesidades de la población.
Estas viejas prácticas siguen vigentes en muchas áreas y lugares, en todo tiempo y sitios donde la administración tiene injerencia.
Peor aún es el hecho de que, cuando un partido –cualquiera que sea- destapa a un candidato o lo “nombra”, como garrapatas se adhieren cientos de personas que son capaces de cualquier cosa: ir de mensajeros, choferes, estar en la oficina recibiendo recados, y para desgracia de México, los menos son los que proyectan un buen plan de gobierno. Eso es natural y nefasto, pero es lo que nos ha tocado vivir.
Existen nuevos políticos que quieren arrancar esos viejos vicios de las estructuras gubernamentales, sin embargo, lo anterior tiene riesgos que pueden resultar altamente significativos y costosos, porque en ocasiones, el que se quiere agarrar con todo del “hueso” no lo dejará solamente porque alguien le ha dicho “con permiso”. Tratará de conservarse sin importar el daño que pueda hacer a la estructura, la dependencia o a los mismos trabajadores.
Pero otro fenómeno que afecta enormemente a la sociedad es el hecho de que alguien piense que debe llegar y echar abajo todo: los programas que hubieron funcionado o no son cosa del pasado y tendrá que hacer nuevas cosas que, aunque no sean mejores, deberán llevar el sello propio. Nada más alejado a la eficiencia gubernamental.
Y existen áreas que son muy difundidas por la opinión pública: salud y educación son las que más se ven en medios, y no porque las otras referentes a productividad y administración no tengan la misma importancia, ya que para que una entidad pueda avanzar, se requiere de un plan que abarque todas las actividades del hombre.
Salud, educación (repetimos ambas), agroindustria, ganadería, acuacultura, industria maquiladora, bienestar social, obras públicas, seguridad y otras son determinantes, aunque, insistimos, las dos primeras gozan de una mayor difusión.
En este sentido, el dirigente de los profesores en Tamaulipas, perteneciente al Sindicato de Nacional de Trabajadores de la Educación –SNTE- Arnulfo Rodríguez Treviño ha exigido a la administración del ingeniero Egidio Torre Cantú la correspondiente cuota de puestos para sus agremiados, argumentando que bien se “fajaron” en la campaña que ha llevado a nuestras autoridades a ocupar los cargos de elección popular que hoy ostentan.
Es menester que los dirigentes magisteriales pongan los pies en la tierra y entiendan que los tiempos de aquellos caciques ya concluyeron, pese a que en su dirigencia nacional tienen a la pupila de Carlos Jongitud, quien dejó una huella poco grata en la vida sindical mexicana.
El sistema educativo tamaulipeco no puede ser rehén de un individuo que no tiene más criterio que el que le dicte la mujer que, solapada por la autoridad federal ha hecho y deshecho en la educación del país, y ha convertido al SNTE y la propia secretaría de Educación en un singular y gran negocio.
Arnulfo no ha entendido que los tiempos han cambiado y Tamaulipas quiere mejorar en muchas cosas que, si bien es cierto que se avanzó según parámetros de medición nacionales, se debe hacer mucho más.
Lejos están los tiempos en que las pruebas ENLACE sean detonante para medir la calidad de la educación que tenemos en la entidad; lejos, también, está ese tiempo en que vuelvan los ciudadanos a confiar en los mentores como antaño, y los dejen de ver como vividores del sistema burocrático.
El gobierno de Tamaulipas está trabajando en forma distinta a lo que los maestros esperaban, porque se pretende que haya una administración eficiente y eficaz, lejos de cacicazgos e imposiciones y no se requiere tener a esos cuantos vividores de las nóminas incrustados en cargos de primero o segundo nivel.
No están ellos para elegir: los maestros, y lo debe entender el “profe” Arnulfo, están para educar, para aplicar los métodos y sistemas de enseñanza con calidad y eficiencia, a fin de lograr que México y Tamaulipas puedan avanzar en la ruta del progreso que todos queremos.
Lejos está el tiempo en que debemos supeditarnos a los caprichos de uno o dos lidercillos, solamente porque piensan que hicieron los méritos suficientes: cargar una maleta o estar de recepcionista durante una campaña no garantiza que estos personajes tengan capacidad para un cargo de vital importancia en el sistema educativo, y lo han demostrado a través de los años.
Zapatero, a tus zapatos, dice aquel refrán, y los profesores deben entender eso: a educar se ha dicho, que para eso estudiaron, y dejen la administración a los que sí saben, y punto.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!