La visita que el gobernador Egidio Torre Cantú realizó la tarde de ayer a Reynosa, fue más desafortunada que la de Nuevo Laredo, luego que un grupo de priistas se abalanzó contra una mujer que quería ser escuchada por el mandatario, quien al ver la trifulca, corrió a su vehículo y se marchó.
En la visita que hizo a Nuevo Laredo, la primera como gobernador fuera de ciudad Victoria, tampoco fue muy afortunada, ya que el exceso de seguridad (dicen que fueron cerca de mil agentes de los tres niveles de gobierno) impidió un real acercamiento con el pueblo, ese que dice le dará lo que necesita porque gracias a él gobierna la entidad.
Sin embargo, creo que si bien las intenciones de Egidio son buenas, porque la seguridad es lo primero en lo que debe pensar antes de hacer una gira, su cuerpo de asesores no organiza muy bien que digamos, estas giras, porque de inicio se nota la enorme falta de experiencia en estas lides.
De continuar con este tipo de problemas en las giras que tiene que llevar a cabo a lo largo y ancho de la entidad, el más perjudicado podría ser el propio mandatario, quien pese a ser el menos responsable de ello, la seguridad o se intensifica más y se cierra hacia el pueblo, o se relaja y se acerca más hacia la sociedad, y creo que debería ser lo segundo puesto que un gobernador se debe al pueblo y es hacia el hacia donde debe voltear siempre.
Si eso es lo que ocurrió en sus dos primeras visitas a la frontera del estado, no me imagino que podrá ocurrir en el resto de su gira de conocimiento y reconocimiento de la geografía política de la entidad.
Pero de todo esto tiene que salir algo positivo, ya que aunque se piense que es algo natural en el inicio de un nuevo gobierno, francamente el aparato de seguridad es excesivo aunque necesario, ya que la inexperiencia trae pegado a ella el temor a lo que pueda ocurrir, y debo pensar que nada ocurrirá.
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La fracción de regidores del PAN, que físicamente son seis pero que en realidad son dos (Enrique Rivas Cuellar y Juan Manuel Ramos Ortega), porque tres son de extracción priista ( Gerardo Madrazo, Félix Canales y Darío Adán de Hoyos, y otro es del PRD (Martha Chavira), convocaron a una pirra conferencia de prensa en la que se quejaron de que el secretario del ayuntamiento, Fernando Miranda, los tiene en la mira para calificar su trabajo, lo que por supuesto les molestó porque esto quiere decir que habrá ‘guerra’ política.
Y es que en esta administración se han dado cuenta que el cuerpo de regidores de la anterior administración, sirvió lo mismo que una piedra en una maceta, es decir, para nada, ya que en el curso de los tres años se la pasaron de huevones, en toda la extensión de la palabra.
Con toda razón los funcionarios de ahora quieren prevenir que se contagien del mismo síndrome, y la mejor manera de lograrlo supervisar el trabajo que harán los regidores y calificarlo, y sería muy bueno que de ello dependa el salario que devengan, para que sientan el rigor de la crisis que millones de mexicanos que ganan el salario mínimo, al momento de sentarse en la mesa y ver que su dinero no alcanza ni para comer bien.
Por eso estoy de acuerdo en que se supervise la función de los regidores, y más aún, que se les califique, porque si ellos califican al resto de los funcionarios, ¿porqué diablos no deben ser calificados?
Así debiera ocurrir en cada uno de los departamentos y áreas municipales, porque sería una buena excusa para el presidente municipal, Benjamín Galván Gómez, para hacer más eficiente la administración municipal, tener un ahorro significativo en el gasto corriente, y hacer más obras con menos recursos y personal.
Aunque debo decir que también debería haber una supervisión de los salarios que gana algunos de los empleados municipales. Me enteré que la mayoría de los empleados ganan dos mil 300 pesos a la quincena. ¡Qué bárbaro! ¿Cómo se puede vivir con un salario semejante?
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En el llamado Centro Histórico las cosas no han cambiado mucho para los comerciantes, ya que por medio de denuncias y quejas, me enteré que los policías mal llamados turísticos, algunos de ellos por supuesto, en vez de atender y tratar bien al turista, se dedican a extorsionarlos cuando salen de algún bar o cantina a tomarse unas copas.
De acuerdo a Higinio Ibarra Murillo, dirigente de los escasos comerciantes de ese sector, esos malos policías de bicicleta observan a los turistas de Estados Unidos cuando ingresan a un bar o restaurante, se fijan si toman alguna bebida y los esperan a la salida para señalarlos de ebrios.
Luego viene la advertencia, o pagan la extorsión o se van a las celdas de la policía municipal por varias horas.
Creo que este tipo de actitudes de ciudad de quinta categoría ya no debería existir, y menos cuando el turismo está por la calle, y si bien no todos los policías actúan de esa manera, por unos cuantos corruptos que se niegan a cambiar la imagen de la corporación.
Si el general Manuel Farfán dice que pondrá en orden a la corporación, pienso que es el momento para hacerlo y poner en cintura a esos polidelincuentes e iniciar ya con el proceso de cambio de la ciudad, en una más progresista y en la que todos participemos para su transformación, aunque parezca el eslogan del nuevo alcalde.
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De muchas quejas me he enterado por la forma en que está siendo utilizado el estacionamiento que hace un par de días inauguró el alcalde Benjamín Galván Gómez, ya que si bien es público, es el público el que menos oportunidad tiene de utilizarlo, porque cuando acude a la presidencia municipal a realizar algún trámite, lo menos que encuentra es un cajón vacío de los 70 con que cuenta ese estacionamiento.
Y es que desde antes de las ocho de la mañana ya está lleno de autos, sí, pero de funcionarios y empleados municipales, por lo que se convirtió ya en un estacionamiento oficial, igual que el de los regidores y demás funcionarios de alto nivel, que utilizan el estacionamiento anexo y al que nadie tiene acceso.
Mientras siga este tipo de acciones y actitudes, relegando el pueblo, no habrá manera de cambiar las cosas, porque es al pueblo al que se debe proteger, mimar, alentar y darle todas las facilidades para que se sienta a gusto en esta ciudad, pero el disgusto ocurre por todos lados y poco se hace para evitarlo.
Hasta mañana
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