Óptica/Gastón Monge *Miedo ambiente y periodismo de miedo

De nueva cuenta, los neolaredenses estamos inmersos en una paradoja. Por un lado el extremo frío que se espera que desde la madrugada de este miércoles ingrese a la región y que paralice algunas actividades, como las educativas y las del comercio ambulante, situación que no deja de preocupar debido a que los más afectados son precisamente los que menos tienen.
Pero por otro lado los ciudadanos sufrimos los embates del estrés, la incertidumbre y la inseguridad que no cesan en esta ciudad, y que a momentos parece que se intensifica con hechos violentos que ocurren y que nadie da fe de ellos.
Con esta paradoja que se vive en la ciudad, recuerdo el libro recién publicado titulado ‘fuego cruzado’, que fue escrito por la periodista independiente y colaboradora de la revista Proceso, Marcela Turati.
Las narrativas y testimonios escritos en las páginas de este extraordinario libro, que será presentado la próxima semana, son una muestra de cómo los mexicanos vivimos desde hace muchos años en medio del fuego cruzado de la delincuencia y la incertidumbre de ser víctimas colaterales, tal y como lo menciona el gobierno federal.
Y si bien el fuego cruzado se da cuando las balas rozan la integridad física de las personas que nada tienen que ver con ello, aquí en Nuevo Laredo, el fuego cruzado se da en un ‘miedo ambiente’ muy particular, resultado de la inseguridad que nos eleva la adrenalina y el estrés hasta enfermarnos de males que solo padecen personas que habitan en zonas de guerra, como en el Medio Oriente, África o algunas partes de Asia.
¿Qué debe hacer la gente común para no sufrir un daño colateral? ¿qué debemos hacer los periodistas para amortiguar sus efectos e informar de manera objetiva a la sociedad? ¿dispondremos de las herramientas necesarias para hacer que este tipo de noticias fluya y penetre sin sacrificar nuestra integridad?
Recuerdo una plática que tuve en octubre del año pasado con Darío Fritz y María idalia Gómez, ambos periodistas independientes, miembros de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), y galardonados con el Premio Planeta 2005 por la edición de su libro ‘Con la Muerte en el Bolsillo’.
Me decían que dadas las condiciones de inseguridad y de violencia que se viven en la provincia, y en particular en la frontera norte, el buen periodista, no el reportero simple, tiene frente a él la oportunidad de escudriñar en el baúl del viejo y del actual periodismo, y analizar lo que sirve y desechar lo que ya no sirve y es obsoleto, para de allí partir hacia la elaboración de nuevas herramientas y de una nueva concepción para hacer periodismo.
Tarea nada fácil por supuesto, pero que es necesaria para revalorar el periodismo y dimensionarlo en una nueva faceta que emerge bajo condiciones de violencia que lo mantienen lacerado y casi sepultado
Hay que rescatarlo y ponerlo en práctica, pero bajo la óptica de que debemos reinventarlo con el uso de nuevas herramientas y nuevas técnicas de hacer periodismo, porque Darío y María están convencidos que nosotros, los periodistas de provincia, somos lo que pondremos en práctica una nueva forma de hacer periodismo, porque las condiciones nos están obligando a ello.
Solo que, desafortunadamente pocos son los periodistas que se dan cuenta de ello o ya no quieren hacer periodismo. Solo cubren la nota diaria que otros les dictan, en vez de descubrir la nota que otros ocultan.
¿Será posible que lo logremos? Tal vez sí lo sea.

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Bajo esa perspectiva, no entiendo cómo es que el gobierno federal haya negado ante la ONU que en el país no existen menores de edad que se hayan integrado a las filas de la delincuencia. Caray, creo que algunos de nuestros funcionarios o están miopes o se niegan a reconocer la realidad, porque es un hecho que miles de jóvenes entre los 12 y los 25 años de edad participan en actos delictivos.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), al igual que la ONU, ya enviaron la alerta a México, de que se debe elevar el nivel educativo y el productivo, para que esos miles de nini’s que salieron de la secundaria o la prepa y que no encontraron trabajo, no se dediquen a vagar en las calles de las ciudades, ya que son presa fácil del delito.
Sin ir tan lejos, tan solo en Nuevo Laredo hay cerca de tres mil jóvenes que luego de terminar la secundaria, renuncian a sus aspiraciones de seguir estudiando. Lo grave es que nadie sabe a qué se dedican.
Pero desafortunadamente los vemos en las esquinas con un radio Nextel durante horas sin hacer nada positivo y esperando que en cualquier momento el destino les cobre la factura y acabe con su futuro. ¿Acaso no se puede hacer nada para evitarlo?

Hasta mañana
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