Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Insulina ¿para todos?

Seguramente el lector se asombrará al leer el título de la presente colaboración, sin embargo, como personas con diabetes pensamos en las alternativas de tratamiento existentes en el mercado y en la sociedad, y no dejamos de reconocer que algunos endocrinólogos han acertado al sugerir el manejo de la insulina desde el principio del diagnóstico como la mejor opción para los pacientes.
Mitos, hay miles: de que nos va a dejar ciegos, de que es la antesala de la muerte, de que nos va a afectar los riñones y muchos más. Todos, como dijimos, son únicamente MITOS. Recordemos que la insulina es una proteína que nuestro páncreas genera a través de las células beta en los islotes de Langerhans, y la envía al hígado para su distribución en el cuerpo; llega a la sangre y nos permite liberar las cantidades de glucosa que hemos ingerido.
Es vital, es importantísima, y somos de la misma idea: cuando se lleva a cabo una terapia combinada con insulina, los resultados son mucho mejores, y a las pruebas nos remitimos.
Seguramente los que sí saben de diabetes confirmarán lo anterior, estamos seguros de ello.
Pero tenemos problemas en la entidad sobre el tema: la insulina, el medicamento que potencialmente utilizarían 14 de cada 100 adultos mayores de 24 años, no está disponible en las farmacias. Pareciera mentira, pero vaya usted a cualquiera de las que conoce: de cadena o pequeñas, y difícilmente encontrará la variedad que los investigadores han desarrollado para los distintos tratamientos.
Pero más peligroso y delicado aún el hecho de que llegue usted a una farmacia y el –o la- dependiente le den cualquier tipo de insulina, como si se tratara de frituras o refrescos: les da igual una insulina N, que una R, o una de acción ultra rápida o la nueva Lantus, que tienen, las cuatro distintas funciones en el organismo, y no podemos aplicarnos cualquiera, según la disponibilidad de los negocios que se manejan no como farmacias, sino como vulgares negocios de transacción comercial, sin buscar el beneficio del paciente.
Un ejemplo: existe una insulina rápida –Humalog- en tres presentaciones: concentrada, es decir, al 100 por ciento, y en mezclas que van de un 25-75 o un 70-30. Los valores corresponden a una insulina ultra rápida con otra de acción intermedia. Obvio decir que las concentraciones distintas tienen resultados distintos en el organismo, y eso lo entiende cualquiera que tenga tres neuronas buenas, claro, menos los farmacéuticos que por el hecho de vender le ofrecen a usted cualquiera que tengan disponible, sin importar si se necesita así o no.
Peligroso, muy peligroso, y en ese sentido debiera existir una legislación que castigue la irresponsabilidad de los que trabajan de dependientes de farmacia, así como también la obligación de contar con medicamento suficiente.
El pasado lunes tuvimos necesidad de recorrer hasta 9 farmacias en busca de un tipo de insulina ultra rápida, y parece mentira que nadie la maneje.
Insistimos, si un 14 por ciento de la población adulta es susceptible de su uso, sería –como desgraciadamente lo es- ilógico y tonto no tener disponibilidad en el mercado.
Pero los caprichos no paran ahí: como pocos la manejan, es natural que su coste es elevadísimo.
El sector salud maneja ciertos tipos de insulina que podríamos calificar de genérica, y cuyo resultado, según pacientes, no tiene el mismo efecto, quizá porque quienes se encargan de velar por la seguridad de los mexicanos y su integridad en cuanto a la toma de medicamentos no cumplen con su función, o como dijera un conocido médico: por la manera en que se manejan, sin los cuidados que requiere un medicamento tan delicado.
El caso es que usted va a una institución y no obtiene con el medicamento el mismo resultado, y entonces hay que buscar su compra en forma privada, lo que nos afecta en los presupuestos familiares en forma por demás sustancial.
El columnista recuerda mucho la ocasión en que el prestigiado endocrinólogo Daniel Llanas se diagnosticó. Dijo que “ahora que soy diabético, entiendo muchas posturas de mis pacientes”.
En base al comentario de Daniel, pensamos si acaso tuviera que contar México con un secretario de Salud con diabetes para entender a más del 10 por ciento de la población, y saber lo que es la angustia de no tener medicamento en tiempo y forma, o de no contar con lo adecuado.
Pareciera que tenemos que padecer las carencias de otros para entenderlas, y en materia de salud, algo sucede por el estilo.
Legisladores y autoridades deben trabajar juntos en este tema, y garantizar que el derecho a la salud se cumpla a cabalidad. Acabar con las prácticas monopólicas de algunos laboratorios y cadenas de farmacias, y obligar a que exista en todas las farmacias el surtido necesario de insulinas.
Pero también, recordar que no todos tenemos espíritu de mártir: existen formas para aplicar la insulina, menos dolorosas, a base de cartuchos pequeños –de 3 ml.- y que son más escasos aún.
Todos tenemos derecho a tratarnos bien, y la autoridad en la materia, nos podría echar una manita para obligar al pulpo farmacéutico y laboratorios a garantizarnos un abasto seguro, completo y eficaz. No pedimos mucho, solo garantía para la salud, que se pierde muchas veces por una mala decisión de una sola persona.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!