El tema da para muchas cuartillas, sin duda alguna: la obesidad y sobrepeso se convierten en una charla cotidiana por la incidencia tan enorme que se está presentando no en Victoria o México, sino en el mundo entero.
Según los últimos estudios publicados en la revista médica The Lancet, hay una pandemia de obesidad en el mundo, porque se sigue adoptando mayoritariamente el modo de vida occidental. Somos supuestamente en occidente los más preparados, más modernos y muchas cosas que llevan el prefijo “más”, sin embargo, tenemos los mayores problemas de salud, incluyendo enfermedades provocadas por la obesidad y sobrepeso tales como diabetes e hipertensión, males cardiovasculares y no contamos las psicológicas, que afectan a un porcentaje importante de los “gorditos”: salir a la calle y ser objeto de burlas y comparaciones burdas no lo soporta cualquiera, pues.
Refiere esta publicación que más del 10 por ciento de la población mundial es obesa, es decir, el doble que en 1980. Afirma que en 2008 más de 500 millones de personas en el mundo eran clínicamente obesas, o sea, tenían un índice de masa corporal superior a 30 y ante eso no hay vista que valga. Había 297 millones de mujeres contra 205 de hombres obesos, es decir, el 9.8 por ciento de los hombres y el 13.8 por ciento de las mujeres del planeta eran obesos, cuando en 1980 eran 4.8 y 7.9 por ciento. Se ha duplicado peligrosamente la cifra, en detrimento de la salud de todos.
De los países aparentemente desarrollados –primer mundo-, Estados Unidos es el que más obesos tiene, lo cual sabíamos y vemos siempre que hay oportunidad de visualizar una imagen de población americana. El “american style” nos inunda: las hamburguesas, pizzas y tortas, bien acompañadas de una inactividad total son las causas de este grave, muy grave problema.
La información proveniente de la prensa europea dice textualmente, entre otras cosas: “El profesor Majid Ezzati, de la Escuela de Salud Pública del Imperial College de Londres, explicó en un comentario que los resultados “demuestran que el sobrepeso y la obesidad, la hipertensión y el colesterol alto ya no son solo problemas occidentales o problemas de las naciones ricas”.
La presencia de estos problemas de salud “se ha trasladado hacia países de ingresos bajos y medios, convirtiéndolos en problemas globales”, manifestó el profesor Ezzati, director del estudio. “
La pregunta que todos nos hacemos: ¿qué tenemos que hacer, entonces, para evitar estos graves problemas de salud?
¿Las autoridades hacen algo al respecto? En este sentido, hay que ser justos y objetivos: nadie puede culpar, por ejemplo, a la Secretaría de Salud de estar gordo o ser diagnosticado con diabetes mellitus o hipertensión, de tener SIDA o cáncer: el asunto es personal: si no ponemos la parte que nos toca, los primeros afectados somos nosotros, y a las autoridades no les quedará otra que invertir en curación de enfermedades que probablemente pudimos evitar a tiempo, con medidas al alcance de todos.
Porque la prevención no es costosa, no es difícil, pero sí se requiere de voluntad. Ninguna autoridad puede obligarnos a usted o a nosotros a comer tal o cual producto o a realizar la rutina de actividad física necesaria.
Pueden recomendar, sugerir, promover, pero hasta ahí llega su labor: el médico propone tratamientos, y el apego a ellos depende del paciente exclusivamente, y eso lo tenemos que manejar en forma muy precisa. “No se culpe a los demás de mis errores”, se podría decir.
Gretchen Stevens, de la Organización Mundial de la Salud, señaló que ya se conocía que los cambios en la dieta y en la actividad física han contribuido al aumento mundial de la obesidad, pero comentó que “sigue sin estar claro cuáles serían las políticas que ayudarían a reducir con mayor eficacia la obesidad”.
En este sentido, insistimos en que hay preocupación mundial de autoridades sanitarias: los obesos cada vez ocupan más espacio en los censos y en las camas de hospital, en los consultorios y en los cementerios, y eso a nadie nos gusta, e inclusive, nos aferramos a no tocar estos temas. Cuando tenemos unos “kilitos de más”, justificamos por las posadas, los tamales de la Candelaria o cualquier circunstancia, pero no tomamos el papel que debemos.
México es una nación que tiene serios problemas en el tema: obesos mexicanos hay millones, y los presupuestos de salud no alcanzarán a cubrir sus complicaciones. No seamos egoístas y permitamos que autoridades sanitarias del país puedan enfrentar todos sus compromisos y no gastar el dinero en las complicaciones de los gorditos.
Las políticas funcionan en la medida que la gente se concientiza. Probablemente falte más difusión a estos programas, pero de que existen, nadie puede dudarlo porque se le tacharía de mentir.
Ojalá también se pueda legislar para establecer como obligatoria la educación para la salud, desde el nivel primario. Esa sería la mejor de las acciones conjuntas entre diputados, autoridades de educación y salud, en bien de todos nosotros, ¿no lo cree usted?
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!