Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Un buen compromiso

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Los medios de transporte en el país son diversos: los hay para todo mundo y en toda dirección y distancia, y eso lo sabemos muy bien. Tenemos aún el servicio del ferrocarril o los autobuses foráneos, así como también los vuelos a todas partes, que por lo general no se emplean en la dimensión que debiera, porque a fuerza de ser sinceros, la situación económica del país no permite que muchos tengamos acceso a este servicio, pero es menester aclarar que no necesariamente se piensa que es un servicio caro.
No se debe confundir el que algo sea caro con el que no podamos pagarlo, y eso debemos entenderlo muy bien.
Suponemos que a muchos nos gustaría realizar un viaje en un Crucero, quizá por el Caribe o el Golfo, el Atlántico o algunas islas paradisíacas que tanto se pueden ver en folletos. Los cruceros son costosos, pero hay quien puede pagarlos. Los que no, los conocemos por otros medios impresos.
El caso es que cuando abordamos un avión a veces no tenemos idea del coste que implica el llegar, tomar el pase de abordar y subir para estar en una hora y minutos en la ciudad de México, capital de nuestra hermosa nación.
Se dice muy rápido, pero hay que pensar que muchas empresas consideradas como económicamente grandes han venido y quebrado, por distintas razones que hemos comentado en este espacio.
Los “monstruos” de Aeroméxico y Mexicana vinieron, platicaron con autoridades gubernamentales, consiguieron subsidios y acuerdos que les permitieron garantizar el pago de determinado número de lugares, es decir, una parte importante la pagaba la autoridad, y luego, cuando había que promover entre la ciudadanía, dejaban todo. Se marcharon como las sirvientas malas: por la puerta de atrás, tirando al usuario, al mercado potencial.
Siempre vinieron con la idea de que el gobierno les mantendría las frecuencias por la importancia que tienen. Cuán equivocados estuvieron, y qué poca visión comercial, porque nunca supieron promoverse bien.
Volar de México a Victoria y viceversa es caro, muy caro. Los costes son elevados porque hay que pagar derechos aeroportuarios, combustibles, insumos, al personal que vuela las unidades y el mantenimiento de las naves. En ese sentido, tuvimos la fortuna hace un tiempecillo de constatar físicamente el trabajo que se lleva a cabo en la flota de la compañía Aeromar, en la ciudad de México, y que vuela con aviones pequeños a nuestra ciudad, pero para beneplácito de quienes hemos tenido necesidad de emplear el servicio, tiene ya más de 20 años de cumplir con los victorenses, porque el servicio no ha sido interrumpido.
También hay que considerar que los vuelos no van llenos siempre: nos ha tocado viajar en un vuelo donde vamos 3 o 4 personas, y pensamos: ¿es costeable para la compañía? Claro que cuando el vuelo va lleno, se compensan los números un poco, aunque existen otras formas; el hecho de tener una ruta exitosa y una no tanto permite a las empresas comprometidas con los dos públicos, y en ese sentido, hemos de reconocer el compromiso de la línea de los ATR –aviones del tipo que utilizan- y que mantienen un estándar de calidad que nos garantiza llegar seguros a casa.
En aquel entonces, Amy Lindberg, Presidente de Aeromar nos ofreció una serie de datos que constatan lo que hemos escrito en varias ocasiones, y que de una u otra manera nos explican el por qué la línea sigue prestando sus servicios a nuestro estado.
Siempre han buscado ofrecer un buen servicio, pero la verdad sea dicha, la aviación cuesta mucho dinero, y las empresas llamadas “low cost” que operan en México no son precisamente un dechado de atención y formalidad: una y mil veces dejan “tirados” a sus viajeros en los aeropuertos y, cuando llegan a un límite de pérdidas o los dueños se aburrieron de jugar a los avioncitos, entonces quiebran y desaparecen, sin más problema que haber tenido una experiencia más.
La línea que nos ofrece el servicio ha tenido una serie de altibajos en más de dos décadas y todos lo sabemos, sin embargo, es importante destacar que siendo empresa con capital privado al 100 por ciento, desde 1987 se ha constituido como una empresa seria.
Son 21 destinos en México y San Antonio los que maneja actualmente, pero la verdad, el que más nos preocupa es la frecuencia Victoria – México y de regreso, porque es la que los tamaulipecos ocupamos para atender mil motivos allá en la capital del país.
Imagine el lector: más de 100 vuelos diarios con un 93 por ciento de eficiencia en puntualidad, así como otros factores, en definitiva nos hacen pensar que valdría la pena apoyar empresas de esta naturaleza.
Suponemos que si los vuelos todos los días estuvieran llenos, habría posibilidades de bajar su coste, pero en tanto el país siga también incrementando precio de servicios y bienes, en tanto sigan presionando a las empresas y cobrándoles más, no podremos tener servicios baratos.
Mucho de lo que pagamos se va en impuestos, y hay que ser francos: tenemos un buen servicio aéreo al D. F. y ha estado ahí, por más de 20 años, con crisis o sin ella, con pasajeros o sin ellos, y eso, sinceramente, merece un aplauso.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!