QUIERASE o no, es una realidad que la violencia que se vive actualmente en el país va tomando otras dimensiones, al grado de poner en duda la fortaleza del gobierno del presidente FELIPE CALDERON HINOJOSA.
Sendas declaraciones de altos funcionarios estadounidenses han dejado entrever la preocupación por la escalada de violencia que se ha recrudecido en los últimos meses en un amplio territorio de la República Mexicana.
Aunque después trató de corregir su dicho inicial, el subsecretario de la Defensa de los Estados Unidos, JOSEPH WESTPHAL, puso el dedo en la llaga al afirmar que el “crimen organizado potencialmente podría tomar el control del gobierno mexicano”.
La natural revirada del secretario de Gobernación, FRANCISCO BLAKE MORA, obligó al alto funcionario del ejército norteamericano a calificar como “aseveraciones inexactas” las palabras vertidas en torno a lo que, también en un principio, calificó como “narco-insurgencia”.
Apenas se calmaban las aguas revueltas por la candente declaración del militar yanqui y la respuesta del ministro del interior azteca cuando, de nueva cuenta, el grave flagelo que azota a México fue tema en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos.
En efecto, JANET NAPOLITANO, Secretaria de Seguridad Interna, durante su comparecencia ante el comité de seguridad de la Cámara Baja, manifestó la preocupación del gobierno del presidente BARACK OBAMA ante un eventual aprovechamiento de las redes operativas criminales en México por parte de los terroristas de Al Qaeda.
NAPOLITANO considera que actualmente existe un riesgo mayor de terrorismo que el fatídico 11 de septiembre de 2,001, según reconoció durante su comparecencia ante el comité de seguridad interna de la Cámara de Representantes.
Los más de 30 mil muertos que ha costado la guerra del presidente CALDERON HINOJOSA en contra de los cárteles de la droga también fue un tema adherente abordado por la alta funcionaria del gobierno yanqui.
Lo anterior, aunado a la reciente visita oficial de HILARY CLINTON a nuestro país y su postura en torno a la violencia mexicana, podría interpretarse como que algo se trae entre manos el gobierno más poderoso del planeta.
Aunque alejado de la realidad, al menos por el momento, cada vez es más tema recurrente una eventual intervención armada de los Estados Unidos en el territorio nacional bajo el pretexto de combatir a lo que ya comienzan a denominar como “narco-insurgencia”.
La suspicacia azteca se alimenta, además, de la gradual militarización de las corporaciones policiales con su esquema de Mando Unico.
También, en la firme declaración del Jefe del Ejecutivo Federal en el sentido de que moverá mar y tierra para impedir que el PRI regrese a Los Pinos.
Coincidencias, habladurías, balandronadas o exceso de suspicacia pudieran ser calificativos para rumores en ese sentido.
Sin embargo, no deja de ser una verdad de a kilo que el gobierno estadounidense aborda con más frecuencia el tema de la violencia extrema e inseguridad en su vecino país de la frontera sur.
Asimismo, de lo que no queda duda alguna es que el gobierno yanqui teme, o al menos no está dispuesto a permitir, que la guerra mexicana en contra del narco rebase sus fronteras.
Es más que evidente, además, que no les interesa en lo más mínimo los más de 30 mil asesinatos que ha costado la actividad bélica en tan sólo cuatro años del actual sexenio.
Que los combates se registren fuera de su territorio, sus jóvenes drogadictos no enfrenten carencias de estupefacientes y que los millonarios dividendos sigan formando parte de su economía es lo que realmente al Tío Sam le interesa.
Eso de calificar de socios y amigos a los mexicanos es meramente una postura más falsa que un billete de tres dólares.
Tal es la triste pero a la vez diáfana relación entre México y los Estados Unidos de Norteamérica.
Es decir, que el coloso del norte aporta las armas y fortalece esa industria mientras que su vecino tercermundista del sur, la violencia extrema en sus calles y las muertes que necesariamente cobra esa ilícita actividad.
Así de simple y sencilla es esa otra realidad en ese contexto.
Pero, para las agencias y dependencias federales allende el Bravo la situación es todavía más crítica.
Resulta que el director del Departamento de Inteligencia de los Estados Unidos, JAMES CLAPPER, anunció que ante los violentos hechos en México, el gobierno de su país decidió elevar al máximo rango de prioridad la amenaza del narcotráfico ante el riesgo de un contagio a lo largo de su frontera.
Lo que los altos representantes del gobierno yanqui no mencionan ante sus diputados ni éstos cuestionan a aquéllos, es en el sentido de qué está haciendo el gobierno de OBAMA para combatir el narcotráfico.
Al menos en teoría, tal parece que en el territorio estadounidense no existen los grandes capos como en el resto de Latinoamérica y que las toneladas de droga se distribuyen por sí solas.
Tampoco, que se sepa, el gobierno yanqui ha implementado alguna acción tendiente a reducir el consumo de enervantes entre su juventud.
Lo dicho, el norte aporta las armas y el sur los muertitos.
Y hasta la próxima.
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