Finalmente, el gobierno federal perdió el miedo al duopolio televisivo nacional y decidió meter en cintura a quienes, amparados por la prepotencia y falta de ética se cobijaron en la prensa para engañar a millones de mexicanos. La Cofepris –Comisión Federal Para la Protección de Riesgos Sanitarios” decidió dar de baja a los llamados productos “milagro”, que no son más que una sacadera de dinero a la gente ignorante o necesitada quizá de un auténtico milagro, en aras de encontrar la cura a diversos males, entre los que se cuenta la diabetes, hipertensión, cáncer, gota, insomnio, impotencia y, por supuesto, el SIDA y otras afecciones más.
Argumenta la dependencia que hay un vacío legal para regular los llamados “productos milagro” en el sentido del manejo de la publicidad. Llama poderosamente la atención que los directivos de Televisa y TV Azteca se jactan de ser personas honorables, decentes, con una moral por las nubes, y aun así permiten que sus empresas tomen el pelo a la gente. Nadie puede evitar ver esos mal llamados “infomerciales”, que debieran llamarse “fraudemerciales”, porque salen testimonios de artistas, pagados por las televisoras, que aseguran que plantas como malungai y otras curan todo.
Ahora resulta que los millones de doctores que hay en México son un poco tontos, porque se la pasan estudiando más de una década las artes de la medicina, ignorando que una simple plantita cura prácticamente todo, y encima de esto, nos hace ver jóvenes, porque reduce arrugas, nos convierte en seres agradables y no conforme con eso, nos proporciona la potencia sexual que los años se encargan de disminuir gradualmente.
Tontos ellos que estudiaron sin saber que por 300 o 600 pesitos la gente se iba a curar de todo.
Pero grave también es el hecho de que se dedican horas enteras en la “caja idiota” para enajenar a la población con aparatos que, en diez días dejan a quien tiene cuerpo de elefante en un auténtico Atlas, o para lograr que una enfermedad que ha dejado ciegos, mutilados y afectados a millones en el mundo, se cure con un frasquito de cápsulas que tienen ciertas “yerbitas”.
¿Quién es más culpable? Las autoridades que se dejan engañar, los empresarios de la televisión que permiten esos anuncios, las fábricas de productos milagrosos o los que caemos en sus apestosas y enormes garras. Todos tenemos parte de culpa, pero los “decentes” empresarios insisten en que no hay nada malo, y todavía, la autoridad dice que hay vacíos legales.
La Ley de Salud en el país marca muchos lineamientos a seguir, y uno de ellos prohíbe el fraude, los anuncios fraudulentos, las mentiras y el chantaje, lo cual, en todos estos rubros y más, se presenta a partir de las 23 o 24 horas en las televisoras que manejan el tiempo de los mexicanos, y el presupuesto de las dependencias, so pena de atacarlos en sus espacios “informativos” por no hacer convenios de colaboración.
Millones se llevan, pero quieren más: insaciables, ambiciosos y otras cosas más que no se pueden publicar.
Entre los productos está el Chardón de Marié, Prostaliv, Prostamax, Pliz, hongo michacano, Malunggay, Pso exacto, Skinny shot, Puassace, Charakani, Purifhigado y Cold heat extreme.
Aquí lo que cabe es que dejen de comercializarse, y que se cumpla al pie de la letra la ley de salud, y que los que anuncian privilegios o milagros y no son apegados a la legalidad, que se les prohíba salir al aire y se les sancione duramente. Cárcel, dinero y muchas otras cosas más, como clausura definitiva.
Tiene que entender el gobierno federal que con estos productos se juega con la salud de los mexicanos; de por sí, el que no haya un cuadro básico suficiente es una grave anomalía, hay que imaginar lo que pasa con estos productos.
Resulta que productos como el Malunggay tienen efectos negativos en el organismo. Muchos más tienen consecuencias que a veces no se pueden subsanar.
Es aquí cuando pensamos ¿Dónde están los diputados? En lugar de andar poniendo pancartas denunciando supuestas anomalías, deberían constituirse en verdaderos representantes nuestros, hacer lo que deben, y tomar el papel que la historia les concede.
En estos casos, los culpables son los dueños de televisoras, ambiciosos que solo ven el negocio de los comerciales, los laboratorios fraudulentos, los que comercializan y las autoridades que permiten estas cosas. Tan grave es esto como permitir que se cometan ilícitos a la luz del día.
Hace falta mucha energía en la autoridad, pero también el compromiso de los legisladores y gente involucrada. Bien por Salud, que aunque tarde, está actuando, pero mejor aún si los dueños de televisoras pierden un poco el amor al dinero y se suman a su acción responsable, como marca el código de ética de la comunicación de masas.
Esos, los que cobran por los anuncias, debieran darles, al menos, cadena perpetua, por el daño que ocasionan a los demás.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!