Tal parece que algunas políticas municipales no cambiarán y seguirán siendo un freno para el desarrollo de la entidad, aunque también un enorme motivo de enojo por parte de la ciudadanía.
Se sabe que el ayuntamiento tiene problemas de liquidez debido a las enormes deudas que se han contraído. Esto de los créditos se presenta cada tres años en los municipios y cada seis en el estado, y es parte de la forma de hacerse de recursos para ejecutar obras de toda índole.
Culpar a los que estaban antes no es la solución. Todos los alcaldes y gobernadores han tenido que solicitar dinero prestado, más, cuando vivimos en el país un recorte muy importante disfrazado de lentitud burocrática por parte del gobierno federal, que en un afán totalmente a la vista de todos hace lo posible porque los gobiernos emanados de un instituto político ajeno al suyo tengan que limitarse en cuestión de obras.
Esto es lo que conocemos como golpes bajos en la política, y para muestra clara está la labor que hacen dos damas a través de sus dependencias: Lucía Irene Alzaga Madaria y Rosa María Uribe Mora, quienes en pleno uso de sus facultades políticas, administrativas y partidistas disponen del dinero del país para promover a un Partido Acción Nacional más que devaluado en el país y sobre todo en Tamaulipas, gracias a esos personajes tan especiales que han provocado la caída electoral en los últimos comicios.
Pero el caso es que los agentes de tránsito no se quejan mucho de los bajos salarios, y el lector pensará que son los mejor pagados de la administración. Falso. Los señores tienen comisión por infracciones que imponen a la mala a los automovilistas.
Tenemos que ser claros y enfatizar que la función de la policía municipal y tránsito municipal debe ser preventiva y no represiva como sucede. Los agentes deben asumir su papel de autoridades y hacer valer la ley, pero de ahí a que estén en constante y permanente cacería de automovilistas, dista mucho de lo que es su labor adecuada y aceptada por la ciudadanía.
Vaya usted al parque Bicentenario por el Boulevard, y encontrará a cuatro o cinco patrullas con sus “pistolitas” para pillar a los que manejan a más de 50 kilómetros por hora. Una mañana de “trabajo”, parados, con sus refrescos y comida en la patrulla, les deja un buen número de infracciones y por ende, comisiones que complementan sus ingresos.
Sin embargo, el victorense va por la calle Hidalgo o Francisco I. Madero, por las escuelas primarias del primer cuadro, y los agentes brillan por su ausencia, propiciando un caos vial.
En la calle Hidalgo cualquiera podemos parar el vehículo en doble fila, porque nunca pasa nada; de la misma manera, prendemos las luces intermitentes y estacionamos en forma ilegal, en las esquinas o donde nos plazca, y los elementos de Tránsito Local no acudirán, porque están muy “ocupados” en los libramientos y salidas carreteras, levantando infracciones como si fueran volantes publicitarios.
Es el pan de todos los días.
Vaya a la presidencia y estaciónese entre las calles 17 y 18 Hidalgo, y en forma inmediata llega la grúa o la infracción. Si usted labora ahí, no habrá problema, porque ya tienen identificados los autos de los empleados, o sea, hay estacionamientos selectivos así como infracciones selectivas.
Nunca levantarán multas a esos carrotes que vemos en las calles: solamente a los que osamos andar en un libamiento para hacer algún trámite.
Y ahí, encontrará a los poco simpáticos y muy obesos agentes de tránsito que levantarán la infracción mostrando su “pistolita” donde pueda indicar, inclusive 51 kilómetros por hora –porque ha sucedido mil veces- y según ellos, aplicando el reglamento.
Nos preguntamos: ¿dónde están los jefes? La autoridad municipal, ¿sabrá de estos atropellos a la ciudadanía?
Es probable que los subalternos del alcalde Miguel González Salum estén ocultando la información al jefe de la comuna, porque defendemos la idea de que tenemos un excelente alcalde, un elemento honesto, bien intencionado, político y eficiente, pero de ahí a meter las manos por algunos de sus colaboradores… es bastante difícil.
Y es aquí donde los regidores, en lugar de estar peleando aumentos de sueldo y necedades políticas debieran vigilar el cumplimiento de la ley de Tránsito, pero en la periferia no, sino en la zona donde hay más concentración vehicular, donde se forma el caos vial a diario, sin que éstos, los agentes suelan siquiera aparecer por equivocación.
No se vale que echen a perder un proyecto de autoridad municipal por la ambición de coleccionar infracciones para el cobro de comisiones respectivas.
Es hora de que se haga algo en favor de la ciudadanía: hacer valer la ley, pero con una justicia que aplique para todos y sea ejecutable donde más se necesita, no donde nadie los ve y aprovechan para convertirse en modernos asaltantes con uniforme.
Victoria merece otra cosa, y todos lo sabemos.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!