PALACIO/Mario A. Díaz Vargas *¿Por qué en suburban?

SIN duda alguna el asesinato de un agente federal norteamericano y otro más que resultara herido en un atentado ocurrido en el estado de San Luis Potosí traerá consecuencias relacionadas con el intervencionismo extranjero en nuestro país.
El incidente, como ya es del dominio público, tuvo lugar en el tramo potosino de la carretera federal 57 y es achacado a la delincuencia organizada, según la afirmación categórica del gobernador de esa entidad, FERNANDO TORANZO.
En consecuencia, lo menos que seguramente el gobierno estadounidense llevará a cabo es la injerencia directa en las investigaciones que llevan a cabo las autoridades ministeriales mexicanas.
Cabe recordar que, como norma invariable, la fuerza del estado yanqui se vuelca en los casos de agresión a sus agentes asignados a las distintas agencias que tienen que ver con la seguridad interna y nacional.
En la época contemporánea, los hechos ocurridos en los estados de Jalisco y Tamaulipas son claros ejemplos que ilustran lo antes descrito.
No resulta aventurado predecir que la embestida del gobierno yanqui se dejará sentir con toda su fuerza para lograr el esclarecimiento y, sobre todo, el arresto de los responsables.
La postura enérgica y condenatoria de los sangrientos acontecimientos por parte de la Secretaria de Seguridad Interna de los Estados Unidos de Norteamérica, JANET NAPOLITANO, resulta lógicamente preocupante.
Tal parece que en el último tercio del régimen del presidente FELIPE CALDERON HINOJOSA, el combate al crimen organizado se ha salido más de control, al grado que ahora el gobierno mexicano tiene una papa caliente con la agresión a los agentes federales extranjeros.
Desde una óptica negativa pero basada en el histórico belicismo e intervencionismo del país más poderoso del planeta, no sería irreal al menos imaginar la invasión de tropas norteamericanas so pretexto de combatir lo que ya denominan “narco-insurgencia”, ante la incapacidad del gobierno azteca.
De ahí que resultarán hartamente interesantes el discurso y postura del gobierno mexicano durante la visita presidencial programada, para pasado mañana, en ciudad Reynosa, con motivo de la celebración del Día del Ejército.
CALDERON HINOJOSA, si no hay cambios de agenda de última hora, presidirá ese acto cívico en las instalaciones de la Octava Zona Militar con sede en aquella petrolera pero la vez conflictiva comunidad fronteriza norteña.
Decisión que, por cierto, ha despertado comentarios encontrados al cuestionarse el porqué del punto de reunión en el norte tamaulipeco y no en la IV Región Militar con cabecera en Monterrey, Nuevo León.
Comparativamente, la entidad regia registra mayor actividad bélica como consecuencia del enfrentamiento de bandas delictivas rivales, a pesar de los últimos acontecimientos en el estado cuerudo.
Por lo que, de acuerdo a la vox pópuli, la presencia del Jefe del Ejecutivo Federal debiera ser en esa latitud, por aquello de lo poco o mucho que pudiera inyectar de certidumbre a los ciudadanos neoleoneses.
Ahora que, si se trata de una medida preventiva surgida del Estado Mayor Presidencial para proteger la integridad física del mandatario nacional con todo y el signo de debilidad que pudiera representar, eso es simple y sencillamente una visión distinta.
Por otro lado, también es cuestionable el porqué los poli-federales estadounidenses se desplazaban por carretera desde la ciudad de México a la Sultana del Norte y no por la vía aérea, que sería lo más lógico y razonable dada la distancia entre la capital del país y la capital regia.
Cuestión de analizar que el gobierno norteamericano, en repetidas ocasiones y a través de sus oficinas consulares, ha exhortado a sus ciudadanos a no visitar algunas ciudades mexicanas y evitar el tránsito carretero.
Si bien es cierto que en México existe el libre tránsito y los agentes federales yanquis estaban autorizados para trabajar en territorio nacional, también es cierto que sabían a ciencia cierta los riesgos de utilizar esa vía de comunicación para sus traslados.
Resulta inexplicable que hayan decidido hacer uso de una camioneta tipo suburban de reciente modelo, a sabiendas de que son vehículos muy codiciados por los sicarios de los cárteles de la droga para refaccionarse, como consecuencia de la pérdida de automotores en batalla.
Asimismo, es una incógnita por qué los agresores no remataron a sus víctimas en el lugar de los hechos, dejándolos solamente mal heridos, aunque, finalmente, la gravedad de las lesiones cobró la vida a uno de ellos.
Independientemente de las respuestas a tales cuestionamientos, de lo que no queda ninguna duda es que el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica no descansará hasta no tener tras las rejas de su prisión a los responsables del atentado a sus agentes federales.
Y hasta la próxima.
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