Benny Cruz Zapata/EnLíneaDIRECTA
Victoria, Tamaulipas.- En la lucha que a nivel institucional se ha declarado contra la obesidad y el sobrepeso se ha detectado resistencia por parte los niños al consumo de productos nutritivos como son yogurt, jícama, pepino y similares, por ello, la lucha contra la obesidad no debe ser flor de un día, sino una toma de conciencia de padres de familia, instituciones educativas y quienes padecen este trastorno de salud que se ramifica sin respetar sexo, edad ni condición social; en ello coinciden directivos escolares y asociaciones civiles que trabajan en este sentido.
Juanito Martínez, alumno de quinto año de primaria, tiene la seguridad de lo mucho que lo aman sus padres, disfrutando el hecho de ser hijo único comparte que el “come lo que quiere y lo que se le antoja”, incluso que diariamente le dan entre 20 y 30 pesos para gastar y que hay días en que esta cantidad no le alcanza para el chicharrón con queso, crema y chile que tanto compran a la salida de la escuela:
“Como me pongo de malas, antes de llegar a la casa pasamos y compramos el pollo y pizza que también me gustan mucho, la cual alcanza también para mi mamá y para guardarle un pedazo a mi papá; esto es hasta tres veces por semana, ya que a mi mamá solo le dan dos horas en su trabajo para comer conmigo, el resto de la tarde me la paso viendo televisión, si me aburro por a la computadora y ya más tarde me pongo a jugar con mi Xbox, pues la muchacha que me cuida por las tardes no quiere que le dé lata”.
Juanito no es un niño anónimo, es parte de un universo infantil que tan solo en Tamaulipas de acuerdo a la última estadística realizada por la Secretaría de Salud, ha determinado que el 37% de los niños en edad escolar enfrentan problemas de sobrepeso y obesidad; teniendo estelas de enfermedades y daños emocionales a edades tan tempranas como los siete años.
De lo anterior hace un esbozo el presidente de la Asociación Civil “Vive con Diabetes”, Carlos Santamaría Ochoa:
“Realmente el panorama no podía ser más dramático, los padres estamos dañando la salud de quienes se supone más amamos, que son nuestros hijos, a quienes por acción u omisión hemos dejado a la deriva en lo que a la cultura de la alimentación sana se refiere y ya estamos pagando las consecuencias, pues a muy temprana edad los reportes de salud de los niños reportan colesterol y diagnósticos de diabetes, lo que en si encierra un sinnúmero de saldos; ya que un niño obeso es candidato seguro para enfermedades de este tipo, así como para perder la autoestima y en muchas ocasiones hasta la alegría de vivir”.
Es de conocimiento público que los niños con obesidad pueden sufrir de hipertensión, colesterol elevado y resistencia a la insulina desde la infancia o pubertad y continúan con el riesgo en la etapa adulta. En varones, aumenta el riesgo de ateroesclerosis, infartos al miocardio, accidentes vasculares cerebrales, diabetes así como cáncer de colon. Las mujeres en cambio, son proclives de padecer artritis degenerativa, aumento de la presión arterial en el embarazo y predisposición de fracturas de cadera.
De acuerdo a información difundida por Especialistas del Instituto Nacional de Pediatría calculan que niños con sobrepeso de 25% adicional al normal tienen mayor probabilidad de presentar alteraciones hormonales. En la mujer, puede generar infertilidad, ovarios poliquísticos y alteraciones del ritmo menstrual.
Para Santamaría Ochoa este panorama se ve en el día a día, siendo los padres los principales protagonistas del problema, pues incluso hay resistencia a tomar con la seriedad que la gravedad del problema amerita:
-Vemos que lo más fácil es delegar culpas, que si la Secretaría de Salud, que si las cooperativas escolares, que si los maestros…en fin por encontrar responsables no falta, pasando por alto que mientras no asumamos que es en casa por donde se debe de empezar a trabajar, extendiendo esfuerzos con maestros, autoridades y hasta con medios de comunicación, no tendremos los resultados que esperamos cuando vemos que nuestros hijos de pronto llegan a tener sobrepeso y en un abrir y cerrar de ojos, llegan a la obesidad.
Para el Presidente de “Vive con Diabetes”, la familia es la fuente de lo que se está viviendo:
“Cuando se le pregunta a un niño por el menú de la comida, fácilmente nos dice “Hoy es martes toca pizza, hoy el miércoles los combos están en especial…” pues de alguna manera hay tantos padres ausentes optan por la comida rápida y en ello se están llevando la salud de sus hijos, quienes hacen de la ingesta de este tipo de alimentos algo cotidiano, siendo el exceso el que es dañino para la salud”.
En este mismo sentido, ante la alarma desatada por los estragos que la obesidad y el sobrepeso están causando en la población escolar; los planteles educativos hacen esfuerzos de comercializar en las cooperativas escolares alimentos nutritivos, desafortunadamente estos no tienen ningún atractivo para los niños:
“Desde casa los niños traen muy arraigado una cultura alimenticia que desde la escuela es difícil de cambiar, lo vemos cuando las galletas de avena se quedan intactas, igual que los vasos de yogurt con frutas, no sucede lo mismo con las frituras y los dulces que son de los productos más demandados y los cuales ponemos a la venta solo como una golosina para los pequeños”.
Al compartir lo anterior la profesora María Guadalupe Ruíz Hernández, Directora de la Escuela Primaria Lauro Aguirre de esta capital, institución que es ejemplo educativo, siendo uno, si no es que el único plantel educativo que en la capital del estado no permite venta de fritangas y similares en su exterior:
“Por esfuerzos no quedamos, conscientes de la situación, hay alarma con este tipo de problemas, en nuestra escuela también se ha empezado a trabajar de manera directa, el año pasado por ejemplo organizamos un Concurso de comida familiar, en donde se va tomo en cuenta el uso de alimentos nutritivos, buscando involucrar a los padres de familia, que son la base para enfrentar la situación”.
Con el aval que le dan más de 30 años al servicio de la educación, la profesora Ruíz Hernández, manifiesta su preocupación:
“La situación es realmente preocupante por eso a nivel escuela estamos ya contribuyendo a diseñar estrategias que contribuyan a fomentar en los niños una alimentación sana, incluso las maestras están participando, poniendo el ejemplo y mejorando sus hábitos alimenticios; disminuyendo al mínimo el consumo de refresco y evitando hasta donde es posible el consumo de alimentos chatarra”.
Al respecto apunta que desde la cooperativa se realiza el suministro de productos alimenticios alternativos a los menores:
“Aunque desafortunadamente se debe admitir que no hay cultura de comer sano, desde casa, pues lo ideal es que los niños trajeran consigo lonche nutritivo, pero es un hecho que muchos de nuestros alumnos consumen como primer alimento lo que hay en la cooperativa, y esto está muy lejos de ser lo ideal, no porque no se vendan alimentos nutritivos, sino porque estos no son atractivos para ellos”.
Haciendo un exhorto a los padres de familia en general para que contribuyan a un cambio de cultura alimenticia, la maestra María Guadalupe Ruíz Hernández, menciona que sin esto, no se podrá dar ganar la batalla a la obesidad y el sobrepeso:
“El compromiso es por partida triple: maestros, padres de familia y alumnos”.


