MUCHO se ha hablado de la necesidad de explotar al máximo el destino turístico que representa la playa Bagdad sin que, al menos hasta ahora, se haya avanzado de manera considerable en el tema.
Que si el tobogán, que si la plataforma de estacionamiento, que si las palapas, que si el cambio de la estatua de Cristóbal Colón y, más recientemente, el boulevard costero son acciones que no han logrado detonar ese polo de desarrollo turístico.
La administración municipal de ERICK SILVA SANTOS pretendía edificar una barandilla de policía en el balneario como una manera de generar seguridad a los visitantes, según el argumento del pasado trienio.
En aquel entonces se anunció con bombo y platillo que las futuras instalaciones y el boulevard costero coadyuvarían a generar inversiones por parte de empresarios conocedores de esa actividad.
Recursos provenientes del Subsidio para Seguridad Pública Municipal (SUBSEMUN) serían invertidos en ese programa de trabajo local.
Sin embargo, para buena fortuna de Matamoros y los matamorenses, una visión distinta ha corregido el entuerto, logrando, además, que los muchos millones de pesos tengan un destino más productivo y mejor aprovechado.
En efecto, el alcalde ALFONSO SANCHEZ GARZA ha decidido no construir el edificio carcelario en la playa Bagdad por inoperante y, en cambio, dar vida a uno más moderno y que brinde mayor seguridad a los agentes de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal.
La lógica y el sentido común se impusieron en ese plan de trabajo, tomando en cuenta los días de afluencia masiva a la playa como beneficio y el costo que implicaría el mantenimiento y personal asignado a 37 kilómetros de la ciudad.
Tan simple como reconocer que mientras no exista la seguridad de la tenencia de la tierra, agua potable y el elemental servicio de electricidad, ninguna otra obra de infraestructura podrá detonar el máximo paseo de diversión en la esquina noreste tamaulipeca.
El cambio de rumbo, de acuerdo al nuevo plan de trabajo en el rubro de seguridad pública, permitirá al municipio un ahorro sustancial por concepto de renta para dependencias públicas.
También, mejorará las condiciones de trabajo y de seguridad para los policías uniformados y el personal administrativo de la Barandilla municipal.
Las instalaciones actuales serían remodeladas y acondicionadas para la operación de oficinas públicas que actualmente funcionan en edificios privados.
Cabe señalar que desde el anuncio mismo de un edificio carcelario en la playa Bagdad, salvo los boletines y aplaudidores oficiales, el proyecto generó comentarios encontrados.
La publicidad mediática, incluso, daba como un hecho que tal obra de infraestructura urbana sería el detonante para la llegada de inversionistas nacionales y extranjeros para convertir la playa Bagdad en una Isla del Padre.
Nada más alejado de la realidad, por supuesto, aunque, eso sí, enfocado como una de las obras cumbres del pasado trienio.
Basta analizar el conflicto legal que enfrenta el área en donde la pasada administración pretendía construir el edificio carcelario, superficie que es reclamada por dos ciudadanos con título de posesión.
Es decir, mientras no se legalice y se defina la tenencia de la tierra, difícilmente empresarios del ramo se atreverían a invertir en hoteles o instalaciones turísticas.
Por cierto, durante el trienio de BALTAZAR HINOJOSA OCHOA el tema fue abordado con interés, llegándose a la conclusión que, además del problema de la tenencia de la tierra, se requería de una subestación eléctrica en el balneario, o bien comprar la energía en el lado americano.
Lo costoso de la inversión y el mínimo tiempo que significan tres años de administración pública sin un plan municipal de desarrollo fueron los factores que dejaron el tema para mejor ocasión.
En el período constitucional actual, el Jefe de la Comuna ha gestionado en la capital del país mayores recursos que permitirán aterrizar lo que será el nuevo edificio de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal y el ahorro sustancial de recursos públicos por concepto de pago de renta.
Vale la pena precisar que tampoco se trata de desaprovechar los recursos naturales de la región. Sin embargo, es menester entender y reconocer que convertir el balneario en un verdadero polo de desarrollo turístico requiere, necesariamente, de una cirugía mayor.
De ahí la necesidad de regular la planificación citadina, sobre todo en obras que requieren de millonaria inversión y que, además, los asuntos de tipo legal son de primer orden.
La tradicional pero a la vez mala estrategia de gobierno impide la conformación de un plan rector que planifique a corto, mediano y largo plazo el crecimiento y modernidad urbanos.
Cierto es que cada gobernante imprime su propio estilo para ejercer la función pública, pero también es cierto que el beneficio colectivo sería mayor con una conjunción de esfuerzos y criterios en temas torales.
Y hasta la próxima.
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