Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *¿Cuál carestía?

La ceremonia del Día de la Bandera fue el marco idóneo para que el gobernador de Tamaulipas Egidio Torre Cantú se pronunciara sobre sus sentimientos hacia los tamaulipecos. Cuando dice que todos están “jalando fuerte”, el mandatario explica mucho de lo que vivimos a diario en cada uno de los 43 municipios de la entidad.
Siempre que hay una ceremonia de esta naturaleza se logra uno empapar de un sentimiento patrio muy singular: el ver la enorme bandera, la escolta y banda de guerra del Ejército mexicano nos transporta a otros puntos emocionales dentro de los sentimientos que se tienen hacia una nación, tan castigada últimamente por diversos motivos, pero tan grande como cada uno de los motivos que tenemos más de 100 millones de mexicanos.
Entran en juego muchos sentimientos patrios hacia el país que nos da el nombre y hacia el estado donde nos desenvolvemos, donde trabajamos o donde buscamos seguir dentro del contexto productivo en aras de colaborar a la grandeza de la tierra norteña y para que los nuestros tengan una forma decorosa de vivir. Somos nosotros, los tamaulipecos, los que hemos de agradecer a la vida el privilegio de haber nacido aquí, en la tierra del Bernal y donde un sinnúmero de historias se entretejen a diario, y en las que se involucra a las personas y las instituciones de toda índole, que conforman ese gran rompecabezas que contiene todas nuestras raíces.
El evento se presta, sin duda alguna, y acrecienta el patriotismo que cada uno de nosotros llevamos dentro, mismo que propicia el fuerte coraje que tenemos para salir adelante, a pesar de situaciones tan adversas como sucede con la enorme discriminación laboral de que somos objeto la mayoría, porque ¡vaya que hay una sentida y marcada discriminación dirigida a muchos de nosotros!
Los factores que la propician son los referentes al tiempo de vida principalmente: cuando tenemos una edad determinada que nos permite encontrar la experiencia de los años, somos prácticamente inútiles a la patria que nos da nombre y nacionalidad: los de más de cuarenta no servimos más y nos relegan, dejando a nuestras familias en un estado de inhumana, injusta y discriminatoria indefensión.
Pareciera que para poder trabajar se necesitara únicamente una buena relación y no una adecuada capacidad intelectual o profesional. Pareciera, pues, que solo los amigos llegarán a tener un buen empleo, y quienes no “gocemos” de estos privilegios estamos condenados a padecer una época de hambruna que se reflejará en los nuestros. No va por ahí, no en un lugar como nuestro México.
Curiosamente, en oriente, a más edad uno se convierte en más respetable y es objeto de trabajos dignos de acuerdo a lo que hemos tejido a través de los años.
En México, sucede prácticamente lo contario, y para muestra vemos un grupo de inútiles delegados federarles en la entidad, que sirven para dos cosas, con cero capacidad pero una justificada y declarada filiación albiazul como único requisito a cumplir.
Y sucede en las entidades y los niveles municipal, estatal y federal: los amigos y recomendados laborarán dignamente; para los demás… ¿para ellos? Probablemente queden algunos puestos de menor escala, porque, finalmente, no tenemos por qué entender sus necesidades.
Y luego, cuando tenemos la oportunidad de asistir a una ceremonia del Día de la Bandera, nos nace de nuevo el espíritu nacionalista y queremos avanzar en esa carrera dirigida al progreso que todos anhelamos alcanzar.
Cada uno de los elementos que conforman la ceremonia tiene un “algo” especial que nos hace sentir mucho más mexicanos; pareciera que dependemos de un himno, una marcial escolta o un soberbio lábaro patrio que ondea con el viento y nos recuerda los orígenes de todo mexicano, a través de esos lienzos verde, blanco y rojo, que, enmarcando águila nacional nos recuerdan en todo momento nuestra forma mexicana de vivir.
Y en medio de ese mexicanísimo ambiente, nuestro gobernador Egidio Torre Cantú abanderó a los niños y jóvenes que, seguramente, defenderán con sus propias “armas” a México: las armas de la educación, la formación y capacitación, porque seguramente serán ellos los mexicanos que dirijan al México de las próximas décadas, y en ellos, simplemente, hay que sembrar la semilla del patriotismo que muchos hemos perdido, aunque otros luchamos porque siga viva en nosotros y los que nos rodean.
Dijo Egidio: “Honramos a la bandera porque representa todo lo que hemos ganado como pueblo a lo largo de nuestra historia y también porque simboliza lo mejor de nosotros, ya que con ella en la mano o en nuestros corazones, podemos levantar la cara y decir con orgullo que somos un pueblo soberano e independiente, amante de la libertad y en lucha permanente por la igualdad y la justicia social”.
Nada más justo que el presente mensaje, en situación peculiar, cuando más necesita México de sus hijos y su esfuerzo. Queremos ser parte de este proyecto, no queremos discriminación, pues.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!