Hugo Reyna/EnLíneaDIRECTA
Reynosa, Tamaulipas.- Por encima de las tribulaciones cotidianas y los temores que inspiran los tiempos difíciles que todos padecemos, siempre hay tiempo y espacio para dedicar en familia y convivir, así como aprender.
Casi sin difusión alguna en la mayoría de los medios informativos, el gobierno municipal desde hace unas semanas implementó el programa “Domingos de Danzón” en donde se imparten clases y clínicas para enseñar a parejas a bailar como lo hicieron en sus tiempos los abuelos.
Sin embargo, hay una característica que llama la atención, la mayoría de los alumnos interesados en aprender el danzón popular, gracias al cine de la época de oro que lo ensalzó en películas con los “monstruos sagrados”, las nuevas generaciones de adeptos son jóvenes.
Las clases se imparten de 5 a 8 de la noche en la explanada de la Plaza “Niños Héroes”, los aprendices van llegando desde una hora antes, quizás venga de casa de haber comido, convivido, de pasear, pero como es domingo familiar están todos juntos, los menores se sientan cerca de la pista de baile para presenciar a sus hermanos, padres, abuelos o tíos.
Mientras se preparan la Banda Musical “Acuario” de Jaime Carranza Morales, empiezan con la afinación de instrumentos y algunos ensayos antes de actuar, poco a poco se llena la plaza de gentes de todas las edades, con algo que los identifica: sus ganas de divertirse y aprender a bailar danzón.
Aquí retornan a un nicho especial las reglas de urbanidad y convivencia armónica, mientras que en forma cotidiana- obligados por las circunstancias- todos son recelosos, desconfiados y alertas a cualquier contacto con extraños. Aquí sucede lo contrario, el espacio y momento es de todos, se saludan con cordialidad e intercambian comentarios, aun cuando algunos se van conociendo por primera y los que son asiduos a las clases se tratan con cierta deferencia y amistad.
Más aun, entremezclados con los alumnos, hay algunos regidores del Cabildo, que también practican los pasos que se enseñan, ellos también ocupan su tiempo libre para estar cerca de sus representados, que los conozcan y tengan la certeza de que son iguales a ellos.
La música acompaña las clases y como si entraran todos en una suerte de hipnosis colectiva, todos se relajan, absortos en las explicaciones del maestro de baile, siguen sus instrucciones y se dejan llevar por el ritmo del danzón que interpretan los músicos.
Empieza a oscurecer, el animo no decae, pero llega la hora de concluir y se despiden todos, poco a poco se dan desperdigando entre la plaza, los olores de los puestos de tacos alrededor invitan a cenar, pero muchos ceden la tentación y se marchan rumbo a casa a terminar el domingo en familia.
Aquí las preocupaciones cotidianas no son tema ni quitan el animo, es tiempo de nutrir el alma humana y el baile, concretamente el danzón con su cadencia y ritmo alegre, son el pretexto para soñar y recrear la libertad que nada ni nadie les ha quitado jamás.