Cuando José María Leal Gutiérrez, maestro en ciencias, llegó a la rectoría de la Universidad Autónoma de Tamaulipas hubo de enfrentar aspectos positivos y no tanto de nuestra alma mater; se propuso hacer de ésta una institución de excelencia y en la que los tamaulipecos confiáramos la educación de nuestros hijos.
Lejos quedaría aquel adagio –poco real, poco mentira- de que los egresados de la UAT no eran bien vistos en algunas latitudes. Se puso a trabajar con sus más cercanos colaboradores, y los que probablemente son pieza angular en el aparato administrativo de la universidad: los directores de unidades académicas y escuelas y facultades.
Les hizo ver cuáles eran las expectativas a cubrir y en el primer período se logró un muy importante avance al respecto. Así, escuelas de Victoria como Derecho, Veterinaria, Trabajo Social, Agronomía, Comercio y Ciencias de la Educación tuvieron que cambiar muchas cosas en pos de la excelencia que “Chema” ha buscado por años y que estamos a punto de lograr.
Hoy, uno de los más claros ejemplos lo tiene la Unidad Académica de Derecho y Ciencias Sociales que dirige el maestro Carlos Hinojosa Cantú, ya que sus carreras están certificadas, sus maestrías también, ante CONACyT, y los estudios que ahí se imparten son de excelencia. Todo es perfectible y lo sabemos.
En otras facultades se han erradicado también las cosas que estorbaban al progreso, y que tenían que ver con procedimientos y gente. Lejos, muy lejos quedaron los tiempos en que los “porros” eran dueños de la UAT y la delincuencia estaba a tope porque hasta armados paseaban por las facultades. Esos tiempos han cambiado y Leal Gutiérrez ha propiciado una mejora continua.
Hay todavía aspectos por mejorar y con la llegada de don Enrique Etienne Pérez del Río han eficientado aún más los procedimientos administrativos. Hoy, los profesores tienen que demostrar su capacidad, y algunos tendrán que emigrar.
No se acepta en la nueva universidad catedráticos que cuentan con horario de tiempo completo y además trabajan en dos instituciones oficiales, educativas y médicas, y en las tres instancias cuentan con horario de 40 horas.
Al menos, al día de hoy, el día sigue teniendo 24 horas, y no se puede tener tres trabajos de 8 horas y dormir, tener vida familiar y demás, a menos que se sea familiar de alguien que tenga poder para cubrir estas anómalas situaciones, o que permita que los familiares estén cubriendo horarios de clase y administrativos sin merecerlo.
El rector José María Leal ha sido muy claro en sus instrucciones: la UAT debe ser una de las mejores del país, y para ello, hay que trabajar muy fuerte, y quien así lo desee, que se ponga la camiseta y la sude, pero quien considere que son aún tiempos en que los caciques de grupos políticos insisten en hacer prevalecer sus privilegios, están muy equivocados y en la actual administración tendrán que solicitar su renuncia, porque de lo contrario, puede llegar su baja inmediata.
Son tiempos en que hay que respetar el trabajo de los universitarios, administrativos y docentes, en los que se debe poner a trabajar todo el mundo y reconocer la calidad de quienes se han entregado por lustros a sus actividades académicas, docentes e investigadoras, y quienes, en voz de los jóvenes estudiantes, son los mejores maestros. A esos no hay que hostigarlos porque no necesitan presión.
A falta de suficientes estímulos, hay que reconocer su labor, pero respetar sus horarios, actividades, cátedra y todo lo que ha hecho que seamos una muy buena universidad.
Los que piensan que seguirán lidereando grupos poco eficientes y mucho de grillos, deberán entender que el rector Leal, como dicen los españoles, ha emprendido la cruzada “A por ellos”, que en el español de los habitantes de la península ibérica quiere decir algo así como: “vamos contra ellos, a acabarlos, a erradicarlos… a vencerlos!!!”
La UAT está cambiando para bien, y quienes piensen que no habrá cambios sustanciales, que vayan preparando sus renuncias, pues.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!