PALACIO/Mario A. Díaz Vargas *¿Egidio KO a Eugenio?

EL auto de formal prisión dictado en contra de MARIO SANTIAGO RUIZ PACHUCA representa, en automático, un severo golpe político para el exgobernador EUGENIO HERNANDEZ FLORES.
Con todo y que la probable responsabilidad que se le imputa no tiene su origen en el gobierno estatal, el asunto tiene tintes relacionados con el poder gubernamental.
Como es del dominio público, el Juez Penal SANTIAGO ESPINOZA CAMACHO determinó, en base a las pruebas presentadas por el Ministerio Público, que el excoordinador de Comunicación Social y exjefe de Asesores en el sexenio geñista es probable responsable de los delitos de secuestro, tortura, asociación delictuosa e ilícitos cometidos en funciones judiciales y administrativas.
Al vencerse el término constitucional, ampliado a 144 horas por sus abogados defensores, la tarde de antier, RUIZ PACHUCA recibió como un balde de agua fría el resolutivo de su juzgador.
Evidencias recabadas del disco duro de una computadora, además de pruebas testimoniales que obran en autos, fueron decisivas para declarar la formal prisión al otrora poderoso funcionario estatal.
La defensa del procesado decidió solicitar el auxilio de la justicia federal mediante un juicio de amparo en contra de la decisión del juez penal en primera instancia.
Mientras tanto, quien en todo momento confió en una pronta liberación, por considerar endeble la acusación y en la fortaleza de su defensa, continuará bajo custodia en el Centro de Ejecución de Sentencias conocido como el penal de Tamatán, allá en la capital del estado.
La soberbia y poses de gran poderío poco a poco desaparecen del semblante de RUIZ PACHUCA quien, por supuesto, nunca imaginó vivir el difícil trance jurídico que lo mantiene encarcelado.
Confiado en su fortaleza política y económica, el nuevo millonario surgido de la última tamalada gubernamental nunca dio importancia a las denuncias interpuestas en su contra.
Como la vida es equiparable a una rueda de la fortuna, quienes en el sexenio de la corrupción y de la corbata verde que encabezó EUGENIO HERNANDEZ FLORES tuvieron que lidiar en contra de todo un aparato gubernamental, ahora se encuentran en posición diametralmente opuesta.
Desde otra óptica, al margen de términos jurídicos y probable responsabilidad, lo cierto es que el encarcelamiento del potosino representa, sin duda, un duro golpe político para HERNANDEZ FLORES y sus ansias e ínfulas de poder.
Hipotéticamente, se trata de una hábil maniobra del gobernador EGIDIO TORRE CANTU para “bajarle los humos” al ojiverde, quien se siente en los cuernos de la luna ante lo que considera una buena relación con el mandatario mexiquense ENRIQUE PEÑA NIETO.
En ese contexto, EUGENIO no respetaría al nuevo jefe político tamaulipeco y trataría de manipular los hilos políticos que corresponden única y exclusivamente al gobernante en turno.
Cierto es que entre sus activos, además del inmisericorde saqueo de las arcas estatales, quien puso de moda la corbata en color verde mantiene el privilegio de haber reducido casi a nada al panismo en Tamaulipas.
Lo cual, obviamente, es totalmente cierto, aunque no representa ningún mérito partidista electorero el hecho de disponer de recursos millonarios para comprar candidatos opositores a modo y dar una imagen de confianza ciudadana a su liderazgo.
Para tal efecto, contó con la complicidad en la materia del “ingeniero electoral” RICARDO GAMUNDI ROSAS y de MARIO RUIZ PACHUCA manipulando la información en los medios masivos de comunicación.
El dispendio de recursos públicos para demostrar su control político, con el único objetivo de lograr la mirada de la cúpula priísta, es a lo que ahora le apuesta quien dejó en ruinas y endeudadas las finanzas cuerudas.
No pudo ser mejor la coyuntura que encontró el nuevo guía político en la entidad, pues aprovechando un asunto jurídico particular ha colocado en su verdadero lugar a su antecesor.
Cierto es que tarde o temprano, muy posiblemente más temprano que tarde, MARIO SANTIAGO RUIZ PACHUCA logre su ansiada libertad. Sin embargo, como dice el dicho y dice bien, “palo dado ni Dios lo quita”.
Por lo pronto, ha de cambiar los restaurantes de postín por las lúgubres instalaciones carcelarias.
Ni hablar.
Y hasta la próxima.
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