Nada hay más desagradable que llegue algún colaborador menor de cualquier funcionario, servidor público o figura y se tome atribuciones que no le corresponden, y además, que dicte órdenes sin ton ni son, con una total incongruencia y falta de lógica.
Se da en todos lados, lo sabemos muy bien. Los individuos somos especiales y de eso se agarran algunos que piensan que son buenos o que sus decisiones son infalibles. Nada más ajeno a la realidad y lo sabemos muy bien.
Suele llegar uno de esos “buenos para nada” y decir: “por órdenes directas del señor gobernador… por instrucciones del señor presidente municipal… por órdenes del señor Rector…. Por instrucciones del señor director…” y así sucesivamente.
Echan la culpa al jefe, sabedores que nadie va a ir, por ejemplo, con el ingeniero Egidio Torre a preguntarle: “Señor ¿es cierto que usted ordenó tal o cual cosa? Porque sería algo así como dudar de él mismo y sus colaboradores. A fuerza de ser sinceros, dudar de los colaboradores de cualquier servidor público es común dado que por lo general muchos de ellos se toman atribuciones que no les corresponden y ordenan a diestra y siniestra, sin darse cuenta que muchas veces comprometen la palabra de su jefe o ponen en un predicamento a los conocidos del mismo, haciendo que exista una duda entre ambos y a veces, una dificultad.
Y todo porque dijeron cosas que nunca les ordenaron, y las pusieron en voz del jefe.
¿A dónde va el comentario? Precisamente a tratar de justificar por un lado, el hecho de que los servidores de todos niveles son humanos, pero no siempre ordenan lo que se dice que hacen. De esta manera, los subalternos comprometen seriamente la reputación de su jefe, y lejos de quitarle problemas, flaco favor le hacen porque lo enemistan con quienes tienen una relación, muchas veces desconocida, entre su jefe y la persona a la que están “ordenando” de parte del mismo jefe.
Es importante que exista una buena comunicación entre servidores, funcionarios o gobernantes y los que conformamos la sociedad en general, o como dice alguien: “entre los mortales de la calle”, que somos los que padecemos la enfermedad de poder de secretarios particulares, asesores y demás individuos que cobran como cercanos al que manda, pero pareciera que lo hacen por perjudicarlo, dado que se les da muy frecuentemente esta práctica deleznable.
Nos ha sucedido a todos y es muy desagradable recibir estas noticias; en todo ámbito sucede que llega el susodicho y dice que, por orden del “de arriba” hay que hacer tal o cual cosa.
Es la importancia la que permite que un servidor de cualquier ámbito y nivel tenga buenos colaboradores y confíe en ellos, y que éstos, a su vez, no jueguen con las palabras de quien manda, para no afectarlo.
Deben entender que un colaborador cercano, por ser cercano y amigo tiene mucho compromiso, y es cuando debe responder en forma por demás adecuada.
No comprometer al que manda es la primera premisa que hay que considerar, y proteger a quien nos ha dado trabajo por una parte, y su amistad, por otra, ya que si no cuidamos la conjunción de ambos conceptos, estaremos dañando al que suponemos amigo.
Nosotros deseamos fervientemente que esos subalternos –achichincles, dicen algunos- no sigan causando daños de este tipo, y se familiaricen perfectamente con la mística de servicio de su jefe, lo que redundará en una buena atención que dejará la mejor imagen del servidor, del amigo, del funcionario, pues.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!