Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Los efectos de la crisis

0

Santiago de Compostela es una ciudad especial: tiene sus encantos y quienes hemos tenido la maravillosa oportunidad de conocerle lo sabemos, sin embargo, hoy sufre los estratos de una recesión mundial que inició hace varios meses y que afecta en el viejo continente a España, Francia, y Grecia, principalmente, aunque nadie está ajeno a esta crisis.
Con el cálido sabor otoñal, ofrece una gama de tonalidades celestiales únicas que van desde el azul intenso hasta el amarillo rojizo, casi confundido con los arbotantes que emiten una luz que llega a alterar el funcionamiento de la pupila: fuerte, muy fuerte.
Es común hoy en día encontrar gente sentada en las aceras con sendos letreros pidiendo caridad; “ayudadme, no tengo dinero y tengo dos hijos” y otros por el estilo, procurando llegar al corazón de miles de turistas que a diario abarrotan la plaza del Obradoiro, A Quintana y O Toural, que guardan celosas aquellas construcciones que engalanan el llamado “centro histórico”; templos y viejas casonas se yerguen orgullosas ante la avalancha de barreras que anuncian una remodelación de las calles de piedra. Hay obra… pero hay crisis.
Los comercios ofertan sus productos con rebajas sensacionales, porque las ventas han caído. Este fenómeno lo vivimos también en Victoria y otras ciudades tamaulipecas, golpeadas por la crisis y una recesión que comenzó en Estados Unidos y, como la pandemia aquella de la Influenza AH1N1, se apropió de muchas naciones, inclusive, algunas que pensaron que nunca vivirían la crisis del Tercer Mundo a que estamos acostumbrados en América Latina. Europa vive una recesión intensa y procura subsistir.
Las medidas no han sido populares que digamos: el gobierno gallego ha anunciado alza en impuestos, y España en general está buscando a través de esta impopular estrategia hacerse de recursos: se ha aprobado el cobro de impuesto para las instancias oficiales que ofrecen servicio de WiFi gratuito, es decir, quienes pensaron en sus gobernados tendrán que pagar por ello.
En El Obradoiro, frente a la imponente catedral de Santiago, donde yacen los restos del apóstol, los peregrinos se reúnen para hacer la fotografía del recuerdo; hoy son menos que antaño, pero siguen llegando de diversos puntos del mundo: Venezuela, Australia, Francia, Holanda y muchas provincias españolas: a pie y en bicicleta, de todas edades y ambos sexos. Santiago vive del turismo y cuidan este recurso hoy inalcanzable para muchos de los ciudadanos del mundo por el coste tan elevado que implica vivir y convivir.
Sin embargo, las oficinas de turismo siguen insistiendo en apostar por este recurso, dado que significa un buen ingreso, tal y como sucede en nuestro estado: las actividades para atraer paseantes se siguen incrementando.
Un poco ajenos a estos acontecimientos mundiales, los estudiantes celebran este fin de semana el tradicional “botellón” de inicio de cursos; la universidad inició actividades académicas justo el día en que nosotros celebramos nuestra independencia. Cabe destacar que el llamado botellón es algo así como una borrachera multitudinaria en calles y parques, que inicia alrededor de las 10 u 11 de la noche y concluye al alba, cuando el astro rey asoma para enviar a los borrachos y desvelados a casa, a eso de las 5 o 6 de la mañana.
Esta actividad ha sido condenada por miles y se ha tratado de legislar al respecto sin mucho éxito, aunque sí con algunas medidas de control por parte de la autoridad que hace esfuerzos muy grandes para evitar desmanes provocados por el abuso del alcohol, como sucede en cualquier parte del mundo.
Santiago sigue siendo aquella ciudad maravillosa, mágica, única, que nos ha enamorado con sus construcciones y su vida multifacética, pero ya no es la misma: hoy muchos añoran los días en que había forma de pasear por ella… el turismo quiere regresar, aunque la recesión europea le ha pegado con todo, afectando la economía de la sociedad hispana.
Comentarios: [email protected]
Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!