ANECDOTARIO/JAVIER ROSALES ORTIZ *“YO ME ACUERDO DE……”.

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Cuando Victoria hace dos años lucía un palpitante corazón que todavía no había sido atravesado por los proyectiles y que hoy sangra por la herida.
Cuando los habitantes de esta ciudad se desplazaban por sus avenidas sin que la palabra “peligro” resonara en sus oídos minuto tras minuto.
Cuando en la de Hidalgo y otras conocidas calles de esta capital los propietarios de cientos de negocios se levantaban temprano, optimistas y dispuestos ha abrir las puertas para ofrecer sus artículos y atraer a los clientes del día para llevar a su hogar el sustento producto de una labor honesta sin sufrir extorsiones.
Cuando los padres de familia se desplazaban en su coche sin precaución para entregar a sus hijos en las escuelas con una sonrisa y con la seguridad de que los recogerían sanos y a salvo a la hora de salida.
Cuando aun se podía gozar lo que significa disfrutar con la familia de una película en los cines locales a la hora que sea sin los sobresaltos que detona la actual situación de inseguridad.
Cuando junto con los cuates se degustaba una cervecita en cualquier bar sin la necesidad de pelar bien los ojos para evitar que las ráfagas lesionen.
Cuando aun se podía dejar el auto en el estacionamiento de cualquier centro comercial con la seguridad de que al recogerlo estaría en su lugar y sin los famosos daños colaterales a los que ya nos vamos acostumbrando los habitantes de esta otrora ciudad bella y pacifica.
Cuando se tenía acceso a comprar los productos en los comercios para preparar los alimentos del día y no la despensa de la semana para evitar el peligro se salir a la calle como ahora sucede.
Cuando el cielo de Ciudad Victoria lucía limpio, despejado y sin helicópteros que más que seguridad inspiran a la desconfianza porque hacen que huela a violencia.
Cuando se disfrutaba a la vista del verde de las copas de los árboles y no de las tanquetas y color olivo del uniforme de los soldados que hacen rondines por nuestra capital.
Cuando se extrañan las tradicionales comidas campestres que se compartían con la familia en lugares cercanos a la capital de Tamaulipas y que ahora quedaron solo en recuerdo porque ya no se puede salir ni a la esquina.
Cuando nuestros bolsillos lucían aun repletos de billetes porque el uso del aparato celular no era tan imprescindible, como lo es ahora porque es necesario verificar cada minuto que nuestros familiares lleguen bien a su trabajo y a sus hogares.
Cuando el recibir una llamada telefónica después de las doce no provocaba sobresaltos y que ahora, en cambio, es indicativo de malas noticias.
Cuando no era necesario cerrar las persianas de la ventana que da a la calle como ahora sucede para evitar que los extraños metan la nariz y a veces su humanidad en nuestros hogares.
Cuando no estábamos secuestrados en nuestra propia casa y que se podía abrir la puerta a cualquiera sin desconfianza.
Cuando en la banca de las plazas locales se sentaba uno a saborear con los cuates una paleta y a contemplar las urracas y los pichones que no se espantaban con el potente sonido de los proyectiles.
Cuando se hacia del ejercicio físico una cultura para purificar el cuerpo en los deportivos locales, los que hoy se aprecian desiertos, sin vida.
En fin, Francisco Javier Garza de Coss, usted informó que este domingo va a lanzar la estrategia denominada “Yo me acuerdo de…..” en los ocho distritos de Tamaulipas con miras a las elecciones federales del 2012.
Y que va a utilizar folletos en los que se hará una valoración de los logros de los gobiernos del PRI y del PAN en materia de pobreza.
Ojala, señor dirigente estatal, que no se le olvide incluir lo relativo a la inseguridad y que tome en cuenta todos estos puntos que aunque parecen insignificantes es lo que muchos tamaulipecos extrañamos ahora.
De lo contrario estaría usted muy cerca de convertirse en otro autista.
Con respeto a quienes sufren este padecimiento
Pero que desde su lugar, no provocan daño.

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