Se refiere el título de la colaboración a aquella frase tan mexicana que se empleaba –y aún se escucha- en cantinas y bares o en fiestas privadas, y que tiene que ver con la última copa de la jornada, que a veces es la diferencia entre estar vivo o no estarlo, entre vivir como cualquiera o dentro del mundo de la discapacidad que, si bien es cierto que tiene muchas facilidades hoy en día, nunca será igual, porque perder un miembro o la movilidad de ciertas partes del organismo no tiene precio, simplemente, así de claro.
Ferrol es una pequeña localidad gallega que tiene su vida social, económica y política, con sus aspectos positivos y negativos como todo sitio del mundo. La problemática social tiene muchas aristas, una de ellas es, y todos lo sabemos, el consumo desmedido de bebidas alcohólicas que cada vez se torna mucho más difícil, porque hoy son nuestros chicos los que asumen posturas protagónicas y toman más que nosotros cuando niños, y mucho menos que nuestros padres y abuelos.
Francis Scott Fitzgerald decía: “cuando estoy sobrio, no puedo soportar a la gente; cuando estoy borracho, son los demás los que no me soportan”.
En ese sentido, y considerando la frase anterior, vemos que el alcoholismo se extiende y se multiplica en comunidades de menor rango de edad. Galicia tiene una media de alcohólicos que acuden a sus centros de 32 años, cuando hace unas décadas era de más de 45.
La crisis es un buen pretexto para muchos: dicen que la falta de empleo –paro, le dicen aquí- provoca que muchos se tiren a la bebida para no sentirse tan mal, y que se ha incrementado considerablemente a grado tal que se tiene el registro aproximado de que el 53 por ciento de los adultos en España consume habitualmente alcohol.
José Ruzo, presidente de la Asociación de exalcohólicos de Ferros pone el dedo en la llaga y comenta que el 81 por ciento de muchachos de 14 a 18 años ha probado alcohol y el 45 por ciento de éstos ha consumido o consume tabaco. Escalofriantes cifras, porque todos sabemos –y no podemos negarlo- que tanto el alcohol como el tabaco son armas mortales voluntarias, es decir, que a sabiendas del daño que hacen, las empleamos.
En la encuesta que hizo e-Darling en Galicia, a una población de 20 mil usuarios, cada año en Ferrol se registran 62 nuevos casos de ingreso a grupos como los de Alcohólicos Anónimos que tenemos en México, es decir, que pretenden tratarse de alcoholismo.
Dice Ruzo que “cando decides tratarte, ya llevas muchos años, y cuando te das cuenta, ya estás enganchado”. Así resume la problemática que se repite en cada pueblo de España y gran parte de Europa. Los alemanes tienen fama de bebedores, pero eso no los exime de un problema de alcoholismo, al igual que los franceses o ingleses. Los mexicanos, sin tanto aspaviento y con los tequilas, mezcales y otras bebidas tenemos nuestro propio problema. Estadísticas las hay, pero el asunto es enfrentar este problema tan serio.
Caer en las garras del alcohol es un infierno: hace veinte años, a Ferrol llegaban alcohólicos de entre 45 y 50 años; hoy en día, llegan de 30 a 40, lo que nos habla de que estamos bebiendo en edades más tempranas, y ello nos lleva a la problemática que hoy asumimos y debemos enfrentar.
¿Cuál es la estrategia de la autoridad? La orientación para que tengamos en cuenta los daños que ocasiona la bebida, y por otra parte, restricciones para la venta a menores y otras cosas, pero aún falta, pensamos, y debieran obligar a quienes comercializan con el alcohol para que hagan campañas sobre el consumo responsable con más severidad, o lo que es lo mismo: que inviertan en prevención y listo.
En ese sentido, deberíamos dar un vistazo a nuestros hijos y la manera en que se divierten. El alcohol no es necesario para estar bien, y eso lo sabemos todos, pero hay que hacer que nuestros hijos lo comprendan, para evitar tener alcohólicos jóvenes, ya que esto marca permanentemente su existencia.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!