Maremágnum/Mario Vargas Suárez *La ignorancia y el saber

El título de la presente columna obedece a dos temas muy relacionados, pero en sus esencias muy distantes, ya que por un lado hablamos del mundo que no conoce y por el otro, el mundo que está en el saber o por lo menos en ésa vía.
Lo importante de esto último es porque la evolución natural de la humanidad nos obliga a prepararnos más y la escuela es un excelente vínculo para adquirir el conocimiento.
En este mismo sentido la facultad de Derecho y Ciencias Sociales Victoria que dirige Carlos Hinojosa Cantú, informa de los cursos de inducción al doctorado en Administración Pública, avalado por CONACyT y que concluyeron hace unos días.
La inducción inició a los alumnos inscritos en la búsqueda de este grado académico y las clases regulares empezaron la semana pasada en las instalaciones de Derecho Victoria de la Autónoma de Tamaulipas, con la currícula avalada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.
Sin embargo no estaría mal que las autoridades electorales, modifiquen la la ley en la materia para exigir a los aspirantes a candidatos a diputados, presidentes municipales, regidores y síndicos a tomar cursos del cargo que buscan en la elección. Amén de que hagan bien el papel que buscan, sería una politización de la sociedad.
¿Porqué no aprobar un curso sobre legislación mínima? Sobre lo que tienen que hacer en el Congreso quienes ganen como legisladores y mire que posiblemente entonces haya mejores debates técnicos, además justifica el sueldo codiciado que ellos mismos se han autorizado.
Es el mismo caso para los presidentes municipales y demás compañeros del cabildo, porque muchas de las veces llegan “ciegos” ante las nuevas responsabilidades que el electorado les dio por medio de su sufragio.
Desde luego que no es cuestión de colores partidistas, la propuesta de capacitar a los aspirantes a un cargo de elección popular es para que tengan nociones mínimas de su chamba y brinden un servicio mejor para el cargo que se comprometieron a realizar.
La propuesta surge de la lectura de una nota del periodista Arturo Rosas Hernández cuando publica las declaraciones de dos diputados locales en relación a las cuotas escolares.
Los legisladores, uno del PRD y otro del PANAL, afirman que las cuotas se siguen cobrando en las escuelas desde la educación inicial hasta la universidad. Solo que el nombre va cambiando según el nivel.
Todas finalmente son contribución de los padres de familia y en la educación básica a través de su Mesa Directiva para financia algunos ¿todos? los gastos de las escuelas desde el mantenimiento del edificio hasta los de escritorio, sin faltar los de transporte en algunos casos, como el de los libros de texto gratuito.
“Las cuotas escolares que se están cobrando en las escuelas de educación preescolar, primaria y secundaria, deben pasar por un proceso de regulación y de fiscalización ordenada desde la propia Ley Estatal de Educación” dijo la diputada del PANAL y el del PRD coincide
Desde luego que las intenciones de los legisladores son buenas y creo que no están buscando solo los reflectores de la prensa, pero los asuntos escolares están señaladas en Reglamentos y Acuerdos que tienen su origen desde la década de los años 40, particularmente con el Presidente Manuel Ávila Camacho (1940-1946) y reformadas por el Presidente José López Portillo (1976-1982).
Dos buenos auxiliares para los involucrados en estos saberes son los textos “El Vademécum del Maestro de Escuela”, por José de Jesús Velázquez Sánchez de la Editorial Purrúa Hnos. y la “Antología de Administración y Legislación Escolar”, ésta última editada por la Secretaría de Educación Pública, para la Universidad Pedagógica Nacional.
Finalmente cierro mi comentario con una chamba que pudiera ofertar también la Facultad de Derecho de Carlos Hinojosa Cantú, o quizá la de Ciencias de la Educación de Pedro Espinosa Baca, ambas de la Autónoma del Estado.
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