Lamentable noticia, sin duda alguna, el fallecimiento del pintor tamaulipeco José Reyes Meza, en la ciudad de México, precisamente cuando el mes de octubre llega a su fin y se recuerda la noche del día de muertos.
Pareciera que el artista eligió la fecha de su partida: evocando a un grande como lo fue José Guadalupe Posada, hoy, su tocayo y colega se une a la larga lista de inmortales de la plástica tamaulipeca que nos dejan únicamente como herencia su vasta obra, su magnífico trabajo que queda ahí, en galerías e instalaciones.
Hablar de un personaje de la talla del maestro Reyes Meza no es fácil y podría uno caer en ofensas involuntarias o en omisiones graves, sin embargo, es justo mencionar algunas cosas que conforman hoy la historia del Tamaulipas artístico, del Tamaulipas que nos han dejado personajes como Cano Manilla, Pedro Banda o el maestro García Zurita, junto con quienes seguramente hoy estará Reyes Meza discutiendo en alguna parte qué tipo de pinceles emplear para dibujar en un inmenso mural lo que todos queremos ver en el futuro aquí, en el Tamaulipas que nos ha tocado vivir y que asume un sentimiento de profunda tristeza porque se ha ido el maestro, y en forma simultánea el hecho de formar parte de esa lista de inmortales de la plástica tamaulipeca.
Tuvo José Reyes Meza oportunidad de formar parte de ese grupo de muralistas entre los que se cuenta a David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera, José Clemente Orozco o Rufino Tamayo, y la vida nos ofreció la maravillosa oportunidad de conocerle durante el sexenio de Manuel Cavazos Lerma, cuando la cultura era coordinada por Guillermo Lavín Santos Del Prado.
Originario del puerto de Tampico (1924), el maestro partió a una muy temprana edad a la Academia de San Carlos, la escuela con mayor prestigio en materia de artes plásticas del país; contaba con 14 años cuando ingresó.
Consta en su biografía su participación como fundador del Teatro Estudiantil Autónomo del Instituto Nacional de Antropología e Historia; también consta que el maestro obtiene en el año de 1957 el premio de la Agrupación de Críticos como el mejor escenógrafo del año, por Bodas de Sangre, en la legendaria ciudad Universitaria.
Reyes Meza dejó constancia de su prolífica obra en diversos rincones que hoy se constituyen como el mejor testimonio de la existencia de un tamaulipeco ejemplar, virtuoso, artista.
Miembro fundador del Salón de la Plástica Mexicana, participa en infinidad de exposiciones, individuales y colectivas, y su obra forma parte de la plástica mexicana, en galerías y colecciones particulares.
Es un orgullo saber que el gobierno de su estado le reconoció su trayectoria en vida, cuando Reyes Meza era ya uno de los grandes, pero supo disfrutar y merecer ese reconocimiento, ese homenaje a su obra. La visión en aquel entonces de quienes decidieron hacer justicia a un gran artista quedó de manifiesto en acciones reales y concretas que el artista supo y pudo disfrutar.
El legado más cercano lo tenemos en los murales de la que fuera Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, y en el Centro Universitario Tampico de nuestra alma mater. También, en Cuernavaca, Morelos, allá tienen los frescos del Casino de la Selva.
Como parte de un estado progresista y que tiene deseos de seguir siendo importante en el contexto nacional, no nos queda más que reconocer el prolífico trabajo del maestro Reyes Meza, y tener la enorme satisfacción de haber cruzado palabras con él en más de una ocasión.
Hoy, cuando la celebración del Día de Muertos está latente en nuestro país, habrá que recomponer un altar, para que el maestro Reyes Meza pueda tener una buena partida, y que su regreso al mundo de los “vivos” se plasme en la escuela que seguramente ha dejado en algunos incipientes artistas que querrán emular su trayectoria.
Descanse en paz, el maestro José Reyes Meza.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!
Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Reyes Meza
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