Benny Cruz Zapata/EnLíneaDIRECTA
Victoria, Tamaulipas.- Convertidos en una romería y un punto de encuentro para la añoranza y la tristeza; este día como, cada dos de noviembre, los panteones de la localidad dan cuenta de que la muerte es una perdida que nunca termina de superarse: eso lo sabe bien quienes en este Día de Muertos han acudido al cementerio a rendir tributo a familias y amigos, para quienes no basta con saber que “todos vamos para allá” ya que la estela de pesar que dejan los que se han ido, es motivo para que en celebraciones como la de este día.
El sentir de la muerte hermana, es compartido por un colectivo que este día como ningún otro del año abarrota los panteones, los ramos de flores iluminan las tumbas, que lo mismo son el escenario para soltar la tristeza, la añoranza que los recuerdos por los que ya se fueron vengan a su encuentro.
De ello dan cuenta quienes como Doña Teresa Terán López, hoy se les renueva la tristeza, afirma que no hay nada más doloroso para una madre que enterrar a sus hijos, eso lo sabe bien porque las lágrimas no le alcanzan para mitigar el dolor de haber perdido a sus dos de sus cinco hijos, por eso como todos los días de hace 10 años eleva una oración al cielo, para que desde donde están sus muchachos, la vida les sea más ligera y disfruten del reino prometido que la Biblia asegura existe, después de la muerte:
-Ya son diez años en que mis hijos se accidentaron, perdieron la vida y a mí se me acabo parte de la mía, apenas tenían 20 y 24 años cuando chocaron en la carretera, recuerdo como si fuera ayer que me avisaron del accidente pero cuando llegue al hospital me comunicaron que en realidad lo que tenía que recoger eran sus cuerpos, solo porque Dios es bien grande no me volví loca, pero poco me falto.
Doña Lorena a sus 66 años de edad, afirma que no hay nada más doloroso en el mundo que la muerte de un hijo:
-Es algo que nunca se supera, una aprende a vivir con el dolor, pero no pasa un día sin que yo recuerde a mis muchachos, uno se acababa de recibir de maestro y el otro estaba en la Universidad, los dos tenían novia y no eran viciosos ni nada, el accidente que los mató lo provoco un trailer que invadió su carril.
Comparte que este dolor no se lo desea a nadie; por eso hoy dos de noviembre acude al panteón del Cero Morelos en esta capital:
-Siempre ha sido así, aunque vengo seguido como que si este día es especial porque vienen también sus hermanas y en mi mente ellos no se sienten aquí tan solitos.
Testimonios van…testimonios vienen, siempre coincidiendo en la añoranza:
-Yo vengo a ver a mi mamá, murió hace 11 años pero para mí es como si hubiera pasado ayer, siempre presente y es que digan lo que digan no podemos irnos del todo cuando la vida se acaba, siempre siento que mi mamá está cerca, vengo seguido aquí a platicar con ella, a hacerle compañía.
Quien tiene la palabra es Doña Ramona Flores Rodríguez, quien desde ayer se dedico a lustrar las tumbas de las dos mujeres que fueron muy importantes en su vida –su mamá y su suegra-:
-Es una manera de acompañarlas en donde quiera que estén., en el caso de mi madre, no pudo haber sido mejor mujer, porque ella sola, al ser abandonada por mi padre, me saco adelante junto con mis dos hermanos, mucho es lo que debemos de agradecerle, por eso está en mi pensamiento y Días como hoy, sirven para refrendarle el amor que le tenemos.
Igual piensa Doña Hilda Juárez Torres, quien como cada año acude al panteón del cero Morelos a estar con los que ya se fueron:
-Mi mamá, mi abuela y una tía, que en vida siempre estuvieron conmigo, por eso ahora que ya se fueron, este día es especial para la familia, han venido mis hijos de Monterrey para estar conmigo y con ellas, las recordamos y nos venimos al panteón desde bien temprano.
Para ellos este día es motivo de festejo:
-Es una tradición que cada dos de noviembre nos venimos al panteón, aquí comemos toda la familia, lo hacemos porque aunque mi abuela y mi tía ya no están en lo físico, en lo espiritual nos siguen acompañando venimos a limpiar la tumba, les traemos sus flores y las recordamos con todo el amor que se merecen.
Desde su punto de vista, festejar el Día de Muertos es una tradición que se debe de inculcar a las nuevas generaciones:
-Entendiendo que la vida es un suspiro y que la muerte es lo único que tenemos segura desde el momento en que llegamos a la vida, debemos honrar a quienes se nos adelantan en el camino, porque desde donde están sabrán que en su paso por el mundo, dejaron cariño y amor entre sus descendientes.
Por su parte, Don Tomás Cruz Ramírez , no se resigna haberse quedado solo, pues al morir Teresa Hernández Zapata, su mujer, siente que la vida se le acaba y que a sus 70 años, poco le falta para seguirla en el camino:
-Mi esposa se me murió hace diez meses, y yo siento que no voy a durar mucho, me dejo tan solo y lleno de recuerdos que pienso que lo que ella quiere es que le vaya a hacer compañía a la tumba.
Aunque tiene hijos y nietos, el haber perdido a la compañera de toda su vida lo ha dejado sumido en la tristeza:
-Después de 50 años de casado y haberme quedado sin ella, es un castigo muy grande, pues mis hijos ya tienen su vida y aunque están pendientes de mi, igual que mis nietos, ya estoy solo en la casa, en donde a veces escucho hasta la voz de Teresa, la sueña hasta despierto y es muy difícil, por eso desde ayer estoy limpiándole su tumba, porque ella era tan limpia que no soportaría que se le llenara de yerba, yo vengo seguido a verla, porque aunque mis hijos se enojen, porque vengo a platicarle, aunque ella ya no está en lo físico, me sigue acompañando en mis pesares y hasta cuando estoy contento.
Antecedentes de la tradición del Día de muertos
El Día de muertos es una celebración mexicana de origen prehispánico que honra a los difuntos el 2 de noviembre, comienza el 1 de noviembre, y coincide con las celebraciones católicas de Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos. Es una festividad mexicana y centroamericana, se celebra también en muchas comunidades de Estados Unidos, donde existe una gran población mexicana y centroamericana. La Unesco ha declarado esta festividad como Patrimonio de la Humanidad.
Los orígenes de la celebración del Día de Muertos en México son anteriores a la llegada de los españoles. Hay registro de celebraciones en las etnias Mexica, Maya, Purépecha, Náhuatl y totonaca. Los rituales que celebran la vida de los ancestros se realizan en estas civilizaciones por lo menos desde hace tres mil años. En la era prehispánica era común la práctica de conservar los cráneos como trofeos y mostrarlos durante los rituales que simbolizaban la muerte y el renacimiento.
El festival que se convirtió en el Día de Muertos era conmemorado el noveno mes del calendario solar mexica, cerca del inicio de agosto, y era celebrado durante un mes completo. Las festividades eran presididas por la diosa Mictecacíhuatl, conocida como la “Dama de la Muerte” (actualmente relacionada con “la Catrina”, personaje de José Guadalupe Posada) y esposa de Mictlantecuhtli, Señor de la tierra de los muertis, Las festividades eran dedicadas a la celebración de los niños y las vidas de parientes fallecidos.