Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Las virtudes no se heredan

Infinidad de hechos hemos leído a través de los años en los que el hijo de una celebridad política, de la farándula, del deporte o alguna actividad que tiene que ver con el estar al amparo de la opinión pública tienen problemas; casos muy lamentables como el hijo del inolvidable e inmortal Edson Arantes Do Nascimento “Pelé”, o de algunos actores muy famosos que han caído en la desgracia de la delincuencia, drogas u otro delito.

Claro que molesta y duele. Molesta, porque tan criminal es uno que mata sin ser conocido como uno que mata siendo famoso, o quien estrella su automóvil siendo conocido como el “anónimo” que sufre el percance.

A lo que va dirigido el comentario es que las virtudes y defectos no se heredan en su totalidad: cierto es que tenemos algo de los padres, y que tendemos a imitarlos cuando pequeños; en ocasiones lo logramos y hasta mejoramos sus expectativas y trayectoria, pero no es obligatorio que si el abuelo era médico, el padre tenga que serlo y el hijo también. No es fácil, no está además, bien visto por los que estamos fuera de esas circunstancias.

En el medio artístico hemos visto cada fraude, cada “bulto” hijo de famoso o famosa que apena más a los que lo ubicamos como el heredero de esa persona, e insistimos, hay casos brillantes, y para muestra, Enrique Iglesias o Alejandro Fernández, quienes han sabido construir una carrera en base a méritos propios.

Cierto, fueron apadrinados por sus padres –valga la frase- pero luego volaron solos y emprendieron un altísimo vuelo. Otro caso es el de Javier “Chicharito” Hernández, famoso mas que el padre ya, y que seguramente se convertirá en leyenda como Hugo Sánchez, quien tuvo la mala fortuna de que su hijo no resultara un “crack” como fue el “Manito” en España y donde nos deleitó con sus goles.

Y en la política, ahora hemos padecido de una “junioritis” tremenda: los hijos de ex gobernadores, de ex diputados o ex senadores, así como ex alcaldes o ex servidores públicos consideran que por llevar el apellido que llevan tienen los merecimientos para ser lo que pretenden, sin importar el que lleven el nombre de sus progenitores o antecesores por la calle de la amargura.

Los hay que, considerando que merecen ser más que nadie se encuentran con personajes para suplicar ese cargo que piensan que debieron heredar.

Entendamos: la política no es fácil cuando se debe manejar una serie de aspectos tales como sensibilidad humana y social, sencillez, honradez, talento, simpatía y otras habilidades que se deberán desarrollar como la de entender, expresarse y conducirse adecuadamente.

Qué bueno que los “juniors” quieran emular a sus padres, pero… de ahí a que sean las personas idóneas, diferimos de tal aseveración.

Ahora que se acercan las elecciones de 2012, algunos mexicanos estarán seguramente pensando en heredar la suerte política de sus antecesores, lo que, esperamos, no suceda en ninguno de los institutos políticos: esperamos que los dirigentes nacionales y estatales se “fajen los pantalones” y no sucumban ante los gritos suplicantes tanto de quienes fueron como de sus hijos, nietos o bisnietos.

No merecemos los mexicanos, y especialmente los tamaulipecos que nos dejen herederos que no cumplen con lo elemental para la política.

Sencillez, honorabilidad, compromiso social, don de gente, facilidad de palabra, capacidad para entender –algunas las repetimos- son virtudes que deben poseerse para siquiera aspirar a ser tomado en cuenta.

El PRI tiene muchos militantes de donde echar mano, y hay de todo: excelentes, muy buenos, buenos, regulares y… bueno, uno que otro que se ha perdido en la soberbia y cree merecer el cielo, la luna y las estrellas, que nunca falta.

El presidente del Comité Directivo Estatal en Tamaulipas, Lucino Cervantes Durán tendrá que hacer gala de la experiencia que le conocemos, de su talento e inteligencia para decir “no” a esos que no tienen forma, o al menos, características para llegar, porque de todos es sabido que el PRI va por todas, y para ello, necesita lo mejor de sus militantes.

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Atentamente: Dr. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!